lunes, 28 de noviembre de 2016

MEMORIAL SHADOW de PILAR QUIROSA-CHEYROUZE (por José Luis Martínez Clares)


Memorial shadow


Aunque desde el principio supe lo que contenía, no abrí el paquete postal hasta la mañana siguiente. Por eso, cuando Memorial shadow (Editorial Nazarí, 2016) -el último y flamante libro de Pilar Quirosa Cheyrouze- emergió de entre los cartones, ya llegaban a través de la prensa digital los primeros rumores que anunciaban la muerte de Leonard Cohen. Cerré la web de elpais.com y abrí, como siempre hago antes de comenzar un libro, unas páginas al azar. Allí, en un verso premonitorio, estaba la respuesta a ese desangelado amanecer: la vida en un epitafio.



Quirosa Cheyrouze sabe que no somos más que el tiempo que nos queda y, tal vez por eso, pese a que su obstinada memoria de poeta aún se pregunte a diario dónde está la niña que se asustaba de las monjas en un colegio de Tetuán, haya escrito un libro de memorias desde el presente y sólo para el presente; un libro que, gracias a el poder de la palabra, a el fin de la razón, le ha servido para vencer a la enfermedad, al desamor y a la muerte. Para ello, el hada de las letras almerienses ha velado sus armas durante tres años hasta pulir su estilo y su escritura, llegando a la conclusión de que, si los verbos son acciones en el tiempo, su ausencia, por tanto, regalaría a la narración la plena atemporalidad, la vigencia más absoluta: matar el verbo para detener el tiempo. Cuánta lucidez.

Deben saber ustedes que Memorial shadow no es un libro de poemas ni un libro de prosa. Memorial shadow es, ante todo, un brindis a la luna, una luz crepuscular que parte de la enfermedad para regresar a las lecturas recurrentes, a las músicas compartidas, a los nombres de las hijas que no tuvimos, a la pasión por las estrellas, a todos los territorios amados del pasado, lugares que no habremos de volver a pisar aunque sigamos anhelándolos entre preguntas, rabia y nostalgia. ¿Por qué ha de ser tan triste la memoria de los recuerdos felices?

En cualquier diario que se precie, se alternan con total naturalidad los versos más emotivos y las acciones más habituales, porque la vida quizás sea lo que sigue sucediéndonos mientras se escribe y poco más. De este modo, en Memorial shadow, Facebook o Google forman parte de la épica de lo cotidiano y cada una de las acciones que van solicitando a la poeta se insertan en la narración justo en el momento exacto en que debieron acaecer. De ahí que Pilar -si me permites el tuteo, amiga- le pase el antivirus a un archivo infectado con el mismo estoicismo con que se administra un Espidifen a sí misma, en un proceso curativo que conjuga la escritura con los remedios informáticos o los médicos, dando forma a sus rutinas de cada día en las que conviven, admirablemente, las emociones de cada verso con las secuelas de la radioterapia y los troyanos. Uno, que es de esos hipocondríacos que nunca ha estado enfermo de verdad, no puede siquiera imaginarse lo que debe ser quedarse a solas con la mala salud, pero los informes de Biopatología Molecular -literales- que Quirosa Cheyrouze inserta durante la narración nos hielan la sangre, como si de versos conmovedores se tratase.

Memorial shadow es, en definitiva, una crónica que se alimenta de sí misma, un diario que se agiganta a medida que se va leyendo, un libro en el que germina la angustia por la enfermedad y lo efímero de la vida. Y, a todo ello, los lectores acabaremos por sumar un desamor inoportuno; un desamor que llega cuando ya nadie lo espera, cuando nadie lo invoca; un desamor que, al final, sin querer lo explica todo porque, siguiendo el ejemplo de mi amiga Pilar, mientras leo, voy incrustando entre sus turbaciones la vida que sucede a mi alrededor, la que a mí me turba, como la confirmación definitiva de la muerte de Cohen. Y, entonces, regreso a la web de elpais.com y leo a Leonard Cohen en uno de esos artículos prodigiosos que nacen tan deprisa como la actualidad requiere, un artículo en el que Cohen declara, para tranquilidad de Pilar Quirosa Cheyrouze, que el amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males.



José Luis Martínez Clares


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