jueves, 3 de noviembre de 2016

PARAÍSO BACUTA, de Mar Domínguez (por Rafael Núñez Rodríguez)






PARAÍSO BACUTA

MAR DOMÍNGUEZ


Versátiles, 2016








Mar Domínguez es una autora todavía por descubrir para la gran mayoría de lectores, aunque su trayectoria ya comienza a ser notable, su voz poética ha comenzado a levantar el vuelo poético. Tanto Dame mi alma y déjame en paz (Niebla, 2015) como Adan y Eva no se adaptan al frio (Vitrubio: 2016), presentaban una autora con una voz atormentada. El primer poemario estaba apegado al asfalto y el sufrimiento, el dolor y la rabia. Mientras que el segundo poemario reflexionaba sobre el tránsito entre edades. La vida adulta tiene sus riesgos y desgracias, aunque a veces estas se ceben con unos más que con otros.

Su voz lírica ya es una escultura exenta. Decimos esto porque los dos poemarios que había escrito con José Ángel Garrido, presentaban las huellas que el transcurso de la vida deja en nuestros más íntimos rincones. Sin embargo, una vez alejada de esa tonalidad, nos encontramos con una poeta que sube dos escalones. El primer escalón supone saltar sola a la imprenta. Ello requiere un cambio de registro, forma y contenido. El registro se ve obligado a cambiar por el tema. De la corte a la aldea, de la ciudad al paraíso, de la madurez a la infancia. Saltos infinitos cargados de finitud humana. Mar Domínguez decidió escoger un molde nuevo para este poemario. La prosa poética sirve para acercarnos a otra forma de entender la lírica, de una autora que sigue  avanzando. El contenido marca todo el libro. Lo urbano se pierde, comienza a quitarse la ropa de los años hasta que quedarse desnuda como una recién nacida.

Paraíso Bacuta es un nuevo comienzo y nos cuenta cómo se hizo la persona íntima de Mar.  Esa voz que nos habla describe una niñez privilegiada, una niñez sublimada por el recuerdo sin caer en una exagerada idealización. Recuerda que fue feliz y recuerda los misterios que la llevaban a la plenitud. El lector debe jugar con los símbolos que puede ir encontrándose a lo largo del relato. Mar, en una entrevista en La Arcadia Onubense, que en los próximos meses será emitida, confesaba que su poemario era puramente evocativo. No por ello, el lector puede dejar de jugar con una lectura simbólica. Bacuta es la belleza de la juventud perdida, todo aquello que tuvo y que le devuelve la serena satisfacción de lo vivido.

Don Francisco Ruano decía, en una reseña de este mismo poemario, que los niños son seres ilimitados. Efectivamente, el poemario habla de los límites de la vida. Al menos de uno de ellos. La infancia, la juventud y todo aquello que permanece incorruptible en nuestro recuerdo mientras vivimos. Luego se transforma, muta y se convierte en el recuerdo virgen de un paraíso vivido y cerrado por el paso de los años.



Este libro de Mar Domínguez es un delicado reloj suizo. Su mecánica solo responde ante ojos que sepan ver las finuras. Nos presenta un jardín del Edén perdido, a través de unos ojos vírgenes e inocentes. Aunque no podemos dejar de evidenciar que quizá un mayor cuidado y algo de tiempo habría dado un resultado mucho más brillante. Según creo, este poemario necesitaba un mayor tiempo de depuración y haber refinado aún más las formas. Pese a todo, lector curioso, es sólo una opinión y te corresponde a ti disfrutar la plenitud de Mar Domínguez. Buena lectura.



Rafael Núñez Rodríguez


Rafael Núñez Rodríguez trabaja y estudia en la Universidad de Oregon como estudiante graduado.

No hay comentarios: