viernes, 25 de noviembre de 2016

TU OSCURO NOMBRE de ALFREDO PIQUER GARZÓN (por Laura Gómez Recas)






Tu oscuro nombre
Alfredo Piquer Garzón

Editorial Cuadernos del Laberinto, 2016
Anaquel de Poesía, nº 53









Al abrir Tu oscuro nombre, una sola línea basta para tener la certeza de que todo peso de la literatura va a caer de golpe, como inmensa columna, y que la lectura, como un seísmo, alterará para siempre nuestra percepción del mundo. Leer un libro que abre la puerta a lo sísmico es nacer al conocimiento. Alfredo Piquer rebasa los límites siempre que escribe, es portador de un exquisito hacer literario que da origen a profundas inquietudes a través de la palabra.


El título es un presagio. El lector descubre que la oscuridad pretendida del nombre es más que una zona sin luz, es la gran metáfora de la historia de la humanidad y de la historia personal de cada individuo;  la oscuridad del nombre es, sin duda, el olvido y el pasado y el olvido en el presente, el tiempo y la inactividad que han inutilizado nuestros nombres, los de todos y  los de todas las cosas que nombramos. Una terrible sacudida de existencialismo se apodera de las páginas, mas no de existencialismo rancio y avezado en mil batallas, sino del que emana despacio, en el transcurrir profundo del pensamiento, que surge espontáneo desde la hondura del humanismo. 

Navego en naves negras
expuesto a la intemperie de un cielo

encapotado de nubes de tormenta.

derramo sangre oscura, como héroe antiguo
de un ancestral poema.


El autor decide evitar el prólogo y darse a sí mismo en una estructurada y, por ello, clarísima poética. En las primeras páginas aprendemos su por qué y aprehendemos su esencia. Un ejercicio, éste, que complace enormemente y delimita los terrenos que el verso invita a explorar. El libro se abre así con sus Propileos particulares y continua con un cuerpo compacto y único sin variaciones temáticas que, seguramente, es un recorrido elaborado a lo largo de un camino invisible que el mismo autor no ha sido consciente de transitar hasta abordar el trabajo de dar entidad de libro a los versos que lo componen. Esta poética, por llamarlo de algún modo, es una exploración del viaje propuesto al lector, pero también un testimonio de lo que Alfredo Piquer entiende es su literatura y su postura ante la vida intelectual que la hace emanar.

Este libro supone, como casi todo lo que me ha sucedido en la vida, una lenta y progresiva puesta en marcha, como un proceso de paulatina aceleración, una progresiva adquisición de sentido, de intensidad y también de identidad.

Lo principal a la hora de enfrentarse con un texto de Piquer es entenderlo como valor supremo. El autor nos dice:

Por descontado, contenido antes que forma. 
Pero forma necesariamente trasunto del fondo

Ahí, el fundamento, la argumentación del exquisito hacer de lo poético que hará disfrutar a cualquier lector que idolatre el lenguaje y la cohesión atávica de éste con el pensamiento. La escritura puesta al servicio del oficio de narrar lo sublime, en este caso, la oscuridad percibida como acontecimiento terrible. El lenguaje de Alfredo Piquer es extremo, no barroco, sino extremo en busca de la belleza

Y  de nuevo septiembre, 
este tiempo abrasado donde todo regresa 
puntual al insomnio. 

Él conoce los mimbres y los usa, los anuda, los retuerce, los acaricia con una osadía fruto de una inteligencia desatada a la hora de comunicar. Su lenguaje poético es desbordante por el uso ejemplar del adjetivo, al que defiende en sus Propileos: En cada verso un nudo, un significado, una imagen, un cromatismo. Adjetivo coherente, pensado, no arbitrario, no tópico, no lugar común. Es riqueza, es matiz, es sentido y utilidad del lenguaje; nunca hojarasca. Por el uso de una rica sintaxis poética repleta de encabalgamientos que protegen el lenguaje de la sinrazón del verso, mas lo elevan y transforman en poética profunda: 

con la cárdena noche que inmensamente augura 
la única gloria oscura e infinita 
del amor, su salvación absoluta y efímera

Por la profusión del verso alejandrino, como cascada de la idea. Y por su vocabulario, estimulante, lejano a cualquier dosificación, que convierte el mensaje en algo brutalmente abundante, rotundo, altivo, potente como el mismo mar en la rompiente de la página. Y esa salpicadura blanca deja en el lector, la llaga de una brasa vehemente. Las palabras son diosas en este libro, voces que están cerca de la oscuridad que acucia al título, que desatan la magia de la lectura: escintilar, inmarcesible, hierofanía, amura, cantiles… Palabras, sólo luz.

Palabras aladas y letales de irresistible cántico


como el eco de una lira caída al pie de los cantiles

de una isla lejana, o complejas y oscuras

como un laberinto.


El lenguaje de Alfredo Piquer experimenta con sus lugares amados, donde la perforación de su pensamiento es auténtica y veraz. La evolución artístico-plástica del autor y su presencia poética aseguran una continuidad lógica. El naufragio, el mar, la cultura clásica son referentes donde se apoyan y sobre los que caminan los poemas. El mar como refugio y consuelo, el mar como guardián celoso de nuestros naufragios, como sujeto; el agua como lugar de encuentro, como luz: Oh mar, marea, alto mar, oleaje!, o como cuna, ante el mar esencia, el mar como una cuna, / el mar como una patria, el mar Egeo.

Este libro es la guía del descubrimiento de la identidad frágil y efímera de nuestro ser, la oscuridad es el tiempo que todo lo borra, que nos hace invisibles, desaparecidos en la gran caverna de la historia. La poesía es el vehículo perfecto para expresar la inquietud que depara este pensamiento, tan real y evidente por otra parte, pero increíblemente doloroso. Qué somos, sino memoria, parte consistente de ésta, huella, rastro. Pero cualquier acercamiento a esta razón nos conduce al concepto terrible del olvido, la oscuridad.

(…) allí donde tu olvido habita, impronunciable


y late entre lo oscuro de tu nombre.



La pronunciación, la solvencia de lo real, de la existencia, tendida a expensas de la palabra. El abandono del mar como grieta de lo oscuro para abonar la tierra y fundar la primavera:

(…) abandonan el mar donde subyacen


y vuelven a la tierra cuando gira el planeta

como violetas y azules amapolas.


En un deslumbramiento tardío, cuando la muerte o el olvido, el tiempo, han obrado, llega la luz para deslumbrar. Y, al mismo tiempo, la denuncia de la oscuridad regresada, la social, que retorna como una maldad repetida históricamente, la oscuridad de los nombres del daño, de aquello que existió y existe y nos conforma en oscuridad.

Otra vez el recuerdo 


de los oscuros nombres vuelve a nuestra memoria

como el presagio, la silente advertencia

de un nuevo crimen.
(…) volverán las prisiones


aherrojando la aurora, la espada de los bárbaros

a segar nuestros cuellos.


Tu oscuro nombre contiene el peso de la sabiduría, el poso de una cultura adquirida con pasión por el autor y la racionalidad del que mira hacia atrás y rastrea entre las grietas del tiempo, sobre la piedra extraída de la tierra, para conjugar la historia más allá de minuto y de la luz. El poso del que se sabe sabedor de la oscuridad, por tantos ignorada y que silencia los nombres de todo aquello que conocemos, incluso de nuestros propios nombres. Nos enfrentamos a la acción imperceptible de la historia abordada desde una soledad trascendente, impotente ante la veleidad de lo inevitable, ante las grandes coordenadas sobre las que transita la humanidad y lo más sublime que ésta posee.

Laura Gómez Recas




Alfredo Piquer Garzón, Madrid 1951, es Licenciado en Filosofía y Letras ( Especialidad de Historia Antigua), Universidad Complutense;  Graduado en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos (Especialidad de Litografía); Doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid donde ejerce en la actualidad su actividad docente.
Es Premio de Poesía del Círculo de Bellas Artes, 2002 y finalista del Premio de Poesía Ciudad de Mérida, 2010.  Desde 2004, es Coordinador del Grupo de Poesía del Aula de Encuentros en el Círculo De Bellas Artes, dirige el ciclo de poesía Odisea desde 2011, y es miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.