viernes, 9 de diciembre de 2016

LA NADA QUE PARPADEA de YAIZA MARTÍNEZ (por Gregorio Muelas)







La nada que parpadea
Yaiza Martínez

Ediciones La Palma, 2016














Ediciones La Palma publica en su colección eme, escritura de Mujeres en español, dirigida por Nuria Ruiz de Viñaspre, el sexto poemario de Yaiza Martínez, con el sugerente título La nada que parpadea.


El libro se abre con un excelente prólogo de Ángel García Galiano, donde el profesor de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) transfigura el mito de Teseo y traslada el protagonismo a Ariadna porque “el hilo es el laberinto”. Un prólogo que anticipa el tono de un poemario que (des)construye la lógica del discurso tradicional para guiar al lector por su intricada estructura y alcanzar su centro-ojo.

Lo primero que reclama la atención del lector es precisamente la complejidad de su estructura, que podríamos definir laberíntica pues se divide en once partes cuyos títulos se erigen en verdaderos poemas introductorios, y un epílogo, “Jenabe”, que a su vez se subdivide en once partes con su propio epílogo, homónimo al que le sirve de referencia. Dentro de esta estructura-laberinto la palabra se convierte en el hilo al que debe asirse el lector para hallar el sentido último, Yaiza-Ariadna nos lo tiende a modo de discurso iniciático para conducirnos por este apasionante libro-laberinto.
Entrando en el poemario, podemos constatar su gran riqueza léxica, donde las palabras se hilvanan a medida que avanzan por su sinuoso discurso. La autora emplea términos como hidrargiriofontanelasfimbriahatomicromeriabitaspajullo, etc, para cohesionar el lenguaje que le sirve de hilo, “que amarra la materia a la boca”, y afrontar las dificultades del camino.

El libro es el laberinto y Yaiza Martínez nos ofrece pistas para alcanzar su centro, desde donde el ojo, la nada del título, emite su parpadeo incisivo. Así la autora adopta una tipografía específica para ayudar al lector a encontrar su destino: negrita, cursiva, normal o entre corchetes, su uso se puede interpretar de acuerdo con el mito que inspira el discurso, donde a menudo se superponen e imbrican para multiplicar su sentido. Podemos entender el poemario como un relato mitológico, introducido por diversos capítulos donde se inicia un camino, vía, giro, y en cada recodo de su recorrido se expresa una voz interior que aconseja o recuerda para marcar sus hitos.

Yaiza Martínez teje su discurso de modo simbólico, en él están presentes el monstruo y el laberinto concéntrico, pero sus versos también se pueblan de referencias actuales donde se observa un mensaje crítico con la realidad del momento, veamos un ejemplo:

Quien no pise primero, resultará aplastado en el len-
guaje de las hienas que hizo ruta para la industria
y todos
sus negocios
verticales

Simbólico, crítico y en ocasiones críptico, el discurso que hilvana la autora nos conduce, sin duda, al centro, donde “Siempre que parpadea/ la nada talla un escorzo”. La autora no duda en alterar o distorsionar los signos de puntuación, incluso la lógica del discurso, para alcanzar su objetivo. Pocas veces el fondo y la forma encuentran una correspondencia tan perfecta en la geometría de un libro, que finalmente reclama “Independencia y vitalidad”.


Gregorio Muelas Bermúdez




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