lunes, 19 de diciembre de 2016

NOTAS SOBRE LA POESÍA DE SANTIAGO MONTOBBIO (por GAETANO CHIAPPINI)


NOTAS SOBRE LA POESÍA DE SANTIAGO MONTOBBIO

(por GAETANO CHIAPPINI)




Florencia, 18 de abril de 2011

Querido amigo:

He pasado un buen tiempo leyendo y releyendo sus versos. Le agradezco mucho el magnífico volumen de pintura sobe el concierto blanco, las traducciones francesas y portuguesas, los poemas nuevos añadidos... Una cantidad enorme de poesía. 
Mucha parte de mi jornada está dedicada a ésta que creo un poco la única esperanza. Ya enseguida, cuando empecé a leer, me di cuenta de la fuerza grande de sus versos como de una alertada llamada, de ansias y de miedos, casi un grito de un poeta-niño que quería exigía la atención de los mayores, de los dueños de la seguridad... Un aviso a estar listos para denunciar este mundo de ruinas, muertes, fracasos, enfermedades, pérdidas, olvidos... 
Así he leído para comprender cómo una persona buena como lo es este poeta podía enfrentarse con un mundo sin fuerzas para oponerse a esa ruina. Seguramente me he equivocado, pero no estoy tan seguro, y una poesía tan seriamente fundada sobre una traza duramente simbólico-alegórica (más a. que s.) no desmiente mis impresiones. La cosa me inquieta un tanto como una verdad repentinamente desvelada por una conciencia que aparece pura y límpida. Un niño-poeta limpio tiene muchas capacidades y mucha sensibilidad casi de premonición... y un idealista como yo coge esa sustancia tan grave con cierto miedo... lo que más me llama la atención además es esa fuerza suya poética tan generosa que da más sentido a la denuncia. No sé... Serán nuestros malos tiempos. 
No quiero exagerar pero no puedo no notar -repito- esa fuerza con que el poeta-niño EXIGE que se le lea aunque no espere convencer a todos los lectores. Bajo ese tono mío de elevación del texto se esconde simplemente el deseo de aprovechar hasta el fondo una poesía fuerte y sabia, diría en italiano “accorata” preocupada en el corazón. Usted dirá que me he equivocado. Y yo no exijo nada más allá de la amistad del valioso poeta.



Florencia, 28 de marzo de 2012

Querido amigo:

He querido, como siempre, leer muchas veces para adueñarme de sus palabras y de sus suspiros, de lo que se coge en los intersticios de las palabras abundantes, ese barroquismo suyo que tal vez le venga de las piedras ricas de Gaudí.

Así me aprendo su habla, leo entre los renglones, abro imágenes..., y después creo percibir en sus versos, en su diario abierto y caliente, una especie de movimiento sísmico, ondulatorio y susultorio (ondulatorio hacia la emoción del pasado y su relación con el presente; y susultorio hacia la emoción del presente que siempre se conecta con la del pasado), que hace vibrar de (su) humanidad en sus mínimos sentidos su escritura de pasión y de memoria, con la mirada y el corazón que se fijan en las cosas, la figuras y espacios y los espacios del vivir. Así su escritura recibe la carga de esa pasión que le lleva hacia una poesía total, muy acompañada y surcada de pathos, el pathos del estar en el tiempo. 
Así como el placer de gozar hasta el fondo ese vivir. Que es su arraigado estar del tiempo y en el tiempo hasta cuando se haga casi un suspiro de carne para que de ella y sus huellas nada se pierda o se gaste en vano. Y también mucho (todo) se pierde. A pesar de su esfuerzo para conseguir por lo menos que se haga poesía la memoria tupida de sentimientos, imágenes, ansias, deseos, rostros y lugares del alma y de la costumbre, esperanzas. Pero, y es su pena secreta y gritada,  precisamente se pierde lo que no pudo ser, y que se pierde antes de ser sabido (y gozado) como en el caso de los niños, que dejaron de serlo antes de haberlo sido. Y lo mismo del amor que se reveló no ser amor antes de haber amado, como de la vida, que fue muerte antes de haber vivido. Puede que se apague el sol antes del alba y la noche antes de ser día. Y es la prisa de vivir que se pierde movimiento por movimiento –como dice Foscolo– . Y cada día se acerca más la muerte con su fuerza laboriosa que cansa y apaga, sin prisa pero sin cesar y  regularmente, todo fuego. De ahí y de esta pena y alegría le viene a usted su afán, esa continua construcción de cosas y de pérdidas, de muertes alejadas y de vidas tomadas de carrera, esperando que no se agote el espíritu así como los ojos abiertos que poseen lo visto, antes que salga la noche.

En este crepúsculo siempre amenazador también me encuentra a mí, uno de sus lectores, desde siempre invadido de atardeceres sin campanas.


Florencia, 24 de junio de 2013

Querido amigo: recibo sus versos perdidos pero no olvidados en su gran cosecha enamorada. Es el amor verdadero el sitio en que se madura su vocación y donde se reconquista en cada instante su palabra. Felicito su siempre elegante argumentación en forma de verso, paso entre lo visible y lo invisible de sus ansias, ese deseo o afán que usted tiene de estar continuamente en un estado de espera. Así le veo yo a usted, cazador siempre al acecho del sonido y del ritmo que acompañan su pensamiento de flaneur de poemas. 
Me anima mucho pensar en usted, que vive su historia en espera del encuentro. Poesía como espera del encuentro con el todo, caras y caminos. Así le agradezco no haber perdido mis lecturas como siempre alerta para conseguir la palabra necesaria. 
Le abraza con entusiasmo.


 GAETANO CHIAPPINI


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