jueves, 1 de diciembre de 2016

TRASPARENTE de ROSARIO TRONCOSO (por Paco González Fuentes)


UNA “POÉTICA” DE LA FRAGILIDAD HUMANA:
TRANSPARENTE de Rosario Troncoso



El 2 de julio de 1997 José Ángel Valente publica en la prensa española un artículo memorable en el que se pregunta: ¿Qué cosa es la poética?   Tras mencionar la precariedad, en nuestras latitudes, del pensamiento contemporáneo sobre lo literario se pronuncia “contra el furor de las taxonomías y el presunto rigor de las pretensiones definitorias” del hecho poético, de las que  -afirma-  hay que huir.

Mi acercamiento a la poesía de Rosario Troncoso elude también, por reduccionistas, planteamientos clasificatorios o cualquier tipo de categorización o filiación grupal.

El nuevo siglo, caracterizado por el avance desregulado de la globalización, por la intensidad creciente de los intercambios culturales es  -como dice Zygmunt Bauman-  “un mundo colmado de señales confusas, con tendencia a cambiar rápidamente y de maneras imprevisibles”; las catalogaciones, los compartimentos estancos, carecen del sentido que  -acaso- tuvieron en otros tiempos.
Mi análisis de Transparente es  -quiere ser- un encuentro de subjetividades, de fragilidades: la de la autora y la mía. Me importa  -como a Valente-  la honda palpitación, la “experiencia abisal” de la que la poesía surge, su conmovedora -personalísima- verdad. Me importan, como lector, cómo se alojan  -en mi interior- las palabras de Rosario Troncoso y que nueva realidad destilan, porque toda experiencia estética, toda maravilla, Transparente lo es, es germinal y su luz no se termina, transforma y ya no eres el hombre aquel que fuiste antes de que en tus ojos, de que en el fondo oscuro de tu ser fulgurase (1).

El argumento de Transparente es la finitud, la quiebra de señales que parecían inequívocas. “Envejecer, morir, es el único argumento de la obra”, escribía Jaime Gil de Biedma. Conversacional e intimista Transparente es una confesión, un tratado sobre nuestra vulnerabilidad.

Por la concurrencia de contrarios se ensamblan los seres, decía Heráclito. Un oxímoron, Eternidad provisional, da nombre al primer poema del libro y contiene los dos elementos cuya coexistencia  constituye, a mi entender, la esencia de esta obra: de una parte, la sensación de plenitud, de eternidad, que el amor nos regala  -este vicio del uno por el otro-  y, de otra –latente y potencial, el espectro del fin-  una indolencia sin señales todavía, pero que Rosario Troncoso nombra y que se cuela irremediable y definitivamente en el poema y en el libro.

Lo precario, lo provisional, su temblor, están presentes  en estos versos magistrales de Fugacidades:

Hoy me atraviesa
 una inquietud de peces. 
O el mar está más cerca, 
o tú, regresas ya.

La muerte como horizonte insoslayable, como “tiempo suspendido”  es afrontada en Duelo desde el desconcierto: …el abismo/  en mis manos perplejas, o desde la impotencia: las flores para nada.

Este poema, Duelo, acaba con tres versos de tono “unamuniano”. Clamaba Miguel de Unamuno en su Oración del ateo: Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,/ y en tu nada recoge estas mis quejas y escribe Rosario Troncoso que

el intenso frío de las cenizas,
no tendría que ser
para nosotros.

En “Buenas noches”, con palabras que estremecen, la ausencia se revela presencia:

Aunque tú ya no estás, no importa.
Seguiré dándote en voz alta
las buenas noches

Y es grito e interpelación a lo indeterminado:

cómo se atreve
el día a amanecer
sin ti.

Madrid y septiembre es la historia de una cita fallida:

Madrid recién vestido
de lluvia y de septiembre
 … mi huida desde el mar
…pero en Méndez Álvaro no estabas tú 
Tu nombre fue fugaz.
Como dedo en el vaho
que deja en el cristal
corazones y pájaros

El cansancio -si pudiera, para vivir de nuevo, elegiría una nueva carcasa-, la necesidad de descanso  -permaneceré oculta largo tiempo./ Callada-, el deseo de ser incluso “otra” -Permitiré que arraiguen en los ojos/ las plantas invasoras-  tienen en el poema Cualquier otro mundo cierto a sabor a derrota, a claudicación.
Humus, el último poema de Derribos controlados, título general de la primera parte del libro, es un poema esencial. Decía María Zambrano que “pensar es descifrar lo que se siente” y Humus es eso, una hermenéutica de lo vivido, un saber nacido de la experiencia  -Todos los que me hirieron./ Todos los que se alejan/ …ahora son fantasmas-  y la clave, la respuesta, ha aprendido la autora, está en algo primigenio, constituyente –materia fértil- que  nos  conforma:  la afectividad y el afán   -Impulso en las raíces,/ el humus nutritivo/ y las alas y el aire- .

Tras Derribos controlados, donde lo amoroso es el tema fundamental- la mirada de Rosario Troncoso se dirige en Ya no son infalibles las rutas conocidas, la segunda parte del libro, a otros ámbitos.
En el poema Deuterofobia aborda lo que el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han considera la enfermedad emblemática de nuestra época, el denominado síndrome de desgaste ocupacional, el colapso del yo que genera una sociedad presidida por el paradigma de la presión del rendimiento  -Tras el viernes la dosis de anestesia/ que diluye el dolor de la semana- .
En Desahucio, la trágica experiencia de la pérdida del hogar: -No hay que fiarse nunca de las paredes-.

Algunos de los poemas de esta segunda parte  profundizan en el sentido de las palabras ya no son infalibles las rutas conocidas.
Desamparo pone el acento en la precariedad  del conocimiento humano, en sus límites  -Ocurre en cada parpadeo./ Confundimos las sombras con los pájaros-.

El contenido de Apatía, Nada o Ríos subterráneos conecta el  pensamiento de la autora con la filosofía de Judith Butler, Joan Carles Mélich o el ya citado  Zygmunt Bauman. Habla éste de una modernidad líquida, de una época  -la nuestra-  en la que los sólidos se derriten, de una era cuyo atributo más característico es la inestabilidad.
Aunque en la línea de Bauman la palabra poética de Rosario Troncoso no es abstracta, conceptual:

Nadie nos dio recursos
 para aguantar el frío
Quizás nada ya importe demasiado,
cuando no hay asideros,
ni veo ninguna luz en esta orilla
Se me ha desordenado la ciudad.
Ya no son infalibles
las rutas conocidas.

Transparente es una honda y bella reflexión sobre la fragilidad humana. Hace 2500 años, Píndaro  -el gran poeta de la Grecia clásica-  escribía que la excelencia humana crece como la vid, nutrida del fresco rocío y alzada al húmedo cielo entre los hombres…
Este delicado y pequeño árbol depende de una meteorología benévola y de las atenciones recibidas; del mismo modo, nosotros  -viene a decir Píndaro-  frágiles también, dependemos de la suerte y de los cuidados.
Rosario Troncoso, heredera de Píndaro, sabe muy bien que, como la vid, somos hijos de la lluvia, del azar, de la afectividad, del esfuerzo, de la esperanza.



Paco González Fuentes



(1) Poema de Eloy Sánchez Rosillo “Luz que nunca se extingue” 
de su libro “La certeza”, Editorial Tusquets.



BIBLIOGRAFÍA
Bauman, Zygmunt. “Modernidad líquida”. México: FCE, 2002.
Buyng-Chul, Han. “La sociedad del cansancio”.  Barcelona: Herder, 2012.
Laercio, Diógenes. “Vidas y opiniones de los filósofos ilustres”. Madrid: Alianza Editorial, 2013.
Valente, José Ángel. “La experiencia abisal”. Artículo “A propósito de la poética”. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2004.
Zambrano, María. “Unamuno”. Barcelona: Debolsillo, 2015.





Paco González Fuentes nace en Sabadell (Barcelona) y reside actualmente en El Puerto de Santa María (Cádiz). Es licenciado en Derecho por la Universidad de Cádiz y Máster en Filosofía por la UNED. Actualmente es doctorando de esta Universidad; en su tesis doctoral analiza las relaciones entre Filosofía y Literatura y las raíces poéticas del pensamiento de María Zambrano.



No hay comentarios: