lunes, 5 de diciembre de 2016

VIRGINIA BRINDIS DE SALAS: PIONERA AFROURUGUAYA


VIRGINIA BRINDIS DE SALAS: 
PIONERA AFROURUGUAYA




Solo servían para mucamas. Prejuicio que, pese a conquistas indudables, pervive en el imaginario popular. Por eso tardaron tanto en ser aceptadas y reconocidas como poetas. No importa que fueran memoria viva a través de historias, cantos y proverbios en las nuevas lenguas; mantenedoras del vínculo con los antepasados en un difícil ejercicio de sincretismo religioso; protagonistas de la emancipación. La cultura oficial las ninguneaba. Eran invisibles. No hace tantos años. Aunque en esto también hay algunas diferencias entre el norte y el sur del continente americano.

Curiosamente, el primer libro de una poeta afroamericana se publicó en Londres en 1773, antes de la independencia de las Trece Colonias: Poems on Various Subjects, Religious and Moral, obra de la poeta de origen senegalés Phillis Wheatley. Hubieron de pasar varias décadas hasta que publicaron sus poemarios Frances Harper (Forest Leaves, 1845; Poems on Miscellaneous Subjects, 1854, The Martyr of Alabama and Other Poems, 1894) y Lucy Terry (Bars Fight, 1855). Anne Spencer vio sus poemas publicados en antologías en los años veinte del siglo XX.           

En cambio, en el área del Caribe, América Central y del Sur habrá que esperar a mediados del siglo XX para que las poetas afrodescendientes comiencen a publicar. Tal el caso de la cubana Georgina Herrera (GH, 1962), aun cuando la poesía de la colombiana Teresa Martínez de Varela  y la brasileña Carolina de Jesús permaneció inédita muchos años, pese a haber visto ambas publicadas sus obras en prosa: la novela Guerra y amor (1947) y el inclasificable Quarto de despejo (1960), respectivamente. 

Fue la uruguaya Virginia Brindis de Salas quien tuvo la fortuna de publicar el primer poemario escrito por una poeta afrodescendiente: Pregón de Marimorena (1946, reeditado en 1952), al que siguió Cien cárceles de amor  (1949).

Virginia Brindis de Salas (pseudónimo de Iris Virginia Salas, Montevideo, 1908 - Buenos Aires, 1958) fue miembro activo del Círculo de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores Negros de Uruguay (CIAPEN) y de la redacción del periódico “Nuestra Raza” entre 1939 y 1948. Los versos de Brindis de Salas son un cántico al amor entreverado con la denuncia del racismo que sufren los negros de Uruguay. 

Los dos tangos que siguen pertenecen a Pregón de Marimorena. Toda una síntesis de los orígenes negros de este baile/canto donde confluyen instrumentos, ritmos y letras de diversas procedencias.  



TANGO NÚMERO UNO

Turbación de cuerpos adheridos,
el cadáver de una noche.

Ayer tambor,
hoy danza;
tenue langor,
alabanza.

Tambora
agitada en el solar,
sonora
tambora chás, chás.

El puñal del violín
se clava en el alma del piano.

Rueda de gallo,
tribu en el ostracismo.

Ay don Rafel de Sobremonte
¿quién los junta,
quién vio tantos negros juntos
alrededor de un tambor?
Ay don Rafael de Sobremonte!

Tangó,
Tangó, tangó, tangó.

¿Quién junta,
quién los junta
quién junta la música y el danzón,
al hombre y la mujer
pies y pecho? 

Ídolo bandoneón.


TANGO NÚMERO DOS

Qué ojeras 
tiene la  noche
en las caderas del tango.


Tambor
que gime en el piano
y es canto 
en el bandoneón.

(Danza
que bailaron esclavos,
parche y ritmo
en su elemental rueda de gallo)

Yimbamba – yimbamba
yimbamba – yambambé;
son de tus caderas
y tus pies.

Ahééé,
canta el chico
ahóóó,
canta el “piano”.

Yumba que yumba 
yumba que yumba 
yumba que yumba 
yumba que yumba,
chás, chás!

Qué ojeras tiene la noche
que se va descaderando
con un tango dormilón.







Mario Grande


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