viernes, 13 de enero de 2017

EL HUMO DE LOS VERSOS de RAMÓN BASCUÑANA (por Ignacio Ballester)







EL HUMO DE LOS VERSOS

Ramón Bascuñana


XXVI Premio Ernestina de Champourcín, 2016






Ramón Bascuñana (Orihuela, Alicante, 1963) acaba de publicar El humo de los versos (Diputación Foral de Álava, 2016), XXVI Premio Certamen de Poesía Ernestina de Champourcín 2015. El autor lo presentó en el Ravi Café de Alicante, junto a Alba Ceres, gracias a la labor de Letras de Contestania.

Además de por los reconocimientos (Premio Nacional Miguel Hernández, en 1997, o el Hispanoamericano Juan Ramón Jiménez, en 2002) que acompañan a los libros de Bascuñana (Quedan las palabras o Los días del tiempo), el autor de El humo de los versos destaca por transmitir lo máximo con lo mínimo. Sus poemas, breves, sugieren una imagen que nos envuelve y respiramos por la sonoridad de la palabra precisa. Lo intangible es el hilo conductor que reconocemos en la esencia poética, sin armaduras, ni ripios ni lugares comunes. El lenguaje de Bascuñana cuestiona lo que no perdura hasta lograr extraer la belleza de la tragedia que hay en la ceniza fría o en la nieve que quema. En este sentido, Alba Ceres incide en el respiro que la blancura ofrece en un poemario que destila el reducto que hay entre el placer y el sufrimiento de toda escritura. Normalmente quien escribe comparte a quien lee lo primero, el placer; sin embargo, Bascuñana también poetiza el dolor hasta hacerlo bello. «El dolor se aclimata/ a la profundidad de la mirada» (13), así termina el poema «Jarrón con flores secas». Los títulos, dice el autor, son fundamentales, pero por ellos ya no desatiende la importancia del texto, del poema que se anuncia y conecta más arriba. Los juegos de palabras conforman su serie de incisivos epitafios. Este es el final del primero: «cuando la vida se olvida de la vida/ se transforma en olvido» (19). Mediante la reiteración de símbolos de la naturaleza, la historia y la literatura advertimos el arte poética de quien escribe «En esa falsa orilla»:

No juzga el mar las playas donde llega,
las costas donde llega.
                                               Únicamente llega
para lamer heridas,
para pulir las piedras y los acantilados.

No juzga, sólo arroja
el porqué de las olas
contra la falsa orilla del recuerdo.

Y en esa falsa orilla,
el tiempo se diluye como un reloj de arena (36).

Los heptasílabos, solos o como hemistiquios de alejandrinos, y los endecasílabos dibujan una estampa que se hace y se borra. Lo efímero permanece con el arte. El fracaso es parte del éxito. Luis Bagué Quílez y Joaquín Juan Penalva destacan la narrativa de Bascuñana en el diario Información «En la poesía de Ramón Bascuñana hay una idea de la derrota no exenta de cierta grandeza épica. También eso aparece en buena parte de sus relatos». Y dice Bascuñana: «Ya se sabe: vivir es un estado/ de duda y de fracaso permanente» (48). Escribir y vivir se parecen y perecen. La primera fija a la segunda, y también al revés.




Conocí al autor de El humo de los versos por La Galla Ciencia, cuyo número seis presenta la cuestión del suicidio en el poema de Bascuñana «Paradise Now». Manuel García Pérez en Mundiario reseña el último libro del oriolano tal que «una reflexión sobre el dolor de la nostalgia como una forma inútil de escapar del destino». El mérito de su poesía es perpetuar la belleza del despojo que es la muerte, la tristeza, la pérdida, el final. Cada matiz completa el hueco. Enfrenta y sopesa dicotomías y variables que la palabra purifica.


Ignacio Ballester


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