domingo, 29 de enero de 2017

LITERATURA Y CINE: "UNA NOVELITA LUMPEN" (por Sara J. Trigueros)

TRES APROXIMACIONES A LA LECTURA FÍLMICA DE 
UNA NOVELITA LUMPEN 
DE ROBERTO BOLAÑO



Como una confirmación subvertida de que nadie es profeta en su tierra, Chile hubo de esperar cerca de una década después de la muerte Roberto Bolaño para ver la primera adaptación al cine de una de sus obras. Por supuesto, la primera ha sido una afirmación tramposa, pues el chileno gozó de un relativo éxito en los últimos años de su vida; lo que sí es cierto es que aquél le llegó tarde y ésta se le fue pronto.

Puede parecer que roza el oportunismo venir aquí cinco años después del estreno a hablarles de la traducción al formato audiovisual de una obra menor de un autor del que cada quince días tenemos nuestra dosis de Sálvame Bolaño. Oportunista o no, desde luego, no parece haber mejor ocasión que ésta para devolver a la obra de Roberto Bolaño a la oscuridad abisal por la que el narrador campaba a sus anchas, no sin antes hacer acopio de un buen fajo de cerillas que nos alumbren por los callejones del lumpen, para que sepamos volver cuando nos cansemos de acompañar a Bianca y su hermano, los perdidos letraheridos de Una novelita lumpen. Il futuro, tercer filme de la chilena Alicia Scherson, apareció también en el momento idóneo, precisamente cuando Bolaño ya era un ente cercano al mito, aunque los derechos estaban adquiridos desde 2006, gracias a la, en palabras de Scherson, «suerte de que aún no hubiera estallado “la fiebre”».

La traducción operada en el paso de la obra literaria al dispositivo audiovisual puede entenderse desde una doble vía. En una primera instancia, Una novelita lumpen es una obra donde el componente visual (en una tesis doctoral Valeria Vanessa Murgas López dirá pictórico) funciona como un personaje más. Pero en Maciste opera desde dos vertientes, la pictórica por negación (es ciego) y la audiovisual por genealogía (fue un actor de películas de espadas y sandalias). Esto, en Il futuro, cobrará doble importancia al jugar como elemento metaficcional en una suerte de matrioska televisiva.

Un interesante y estudiado nivel de lectura es el del espacio y, más concretamente, el espacio urbano. Una novelita lumpen, publicada originalmente en 2002 dentro del sello editorial Mondadori, pertenecía a una colección donde a cada título se correspondía una ciudad. El centro de la novelita bolañiana es Roma. Al menos allí se ambienta y de allí venía la gloria de la vieja leyenda de Maciste. Sobre este aire italiano hablaban hace algunos años José María Pozuelo Yvancos o Patricia Espinosa, quienes vieron, con acierto, los subtextos fílmicos que hay en la obra literaria, a saber: Cabiria (Giovanni Pastrone, 1914) y Las noches de Cabiria (Federico Fellini, 1957). Si la primera es indudablemente la fuente de inspiración para Maciste, la última lo será para el personaje de Bianca, la joven que busca el ascenso económico en negocios turbios.

En medio de este atolladero de personajes, intereses encontrados y metáforas ecfrásticas no es difícil vislumbrar otro de los grandes temas que cruzan transversalmente la obra de Roberto Bolaño: el mal. A lo largo de la bibliografía del chileno encontramos estas páginas construidas a partir del cine que fue popular en las antesalas del fascismo, pero también la apócrifa literatura nazi y las torturas en los sótanos del Chile de los setenta, por nombrar sólo unos ejemplos y no extenderme indefinidamente. Sin embargo, el mal literaturizado no es necesariamente objeto de denuncia. Podría discutirse si lo es en las obras más claramente chilenas o mexicanas, pero desde luego no lo es en ésta, sino que aparece como una atmósfera densa y al mismo tiempo naïf que, gracias a la presencia del componente visual del que hablaba al comienzo, tan bien supo filmar Alicia Scherson.


Al otro lado queda el argumento, que, como siempre, es lo de menos.

Sara J. Trigueros


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