viernes, 20 de enero de 2017

TREMA de YASMÍN C. MORENO (por Daniel J. Rodríguez)


Poemas que son un temblor





Trema

Yasmín C. Moreno

Amargord, 2016









El lector toma el libro en su mano y lee el título –Trema–. El lector no conoce la palabra. Duda sobre si es un neologismo. Piensa que tal vez exista. El lector acude al diccionario. Tremar: Temblar. El impulso que nace lleva al lector a mirar las solapas. Yasmín C. Moreno, autora del libro, nació en 1993. Es joven, pero ya tiembla. El lector duda. El lector lee de nuevo el título del poemario, que sigue siendo Trema. El lector abre el libro. El lector tiembla.

La editorial Amargord acoge en su colección candela Trema, el segundo poemario de la madrileña Yasmín C. Moreno. Una apuesta que evidencia que la poesía joven también alberga versos con la virtud de lo imborrable. Yasmín tiembla porque está herida. El poemario es el grito que demuestra la existencia de la herida. Y el lector no debe aguardar demasiado para comprender el tono y el tema del libro. La poeta, generosa, lo aclara en las primeras páginas: la certeza de la muerte, el olor pestilente de la enfermedad, un pesimismo insaciable, cautiverio y una extraña relación de nostalgia y rechazo a parte iguales con la maternidad estructuran un poemario de dos partes en la que la primera –trema–, por la heterogeneidad temática, destaca por encima de la segunda, mater, centrada en el vientre yermo.

Los poemas de Trema son los de una joven que utiliza la propia incomprensión de ella misma para contar la herida, una herida que condiciona al hombre, a la mujer, desde el inicio de su vida. Es, el dolor de Trema, ese que nace hasta en la dicha, que te recuerda que no todo es tan bello y que ni el mundo, ni la vida ni la inteligencia son suficientes para vivir en una paz incorruptible.




Tengo miedo de mí misma

igual

que el agua

tiene miedo de ahogarse.


Si algo logra la escritora madrileña en su segundo libro es transmitir inquietud. Logra ‘sacar’ al lector de su propio cuerpo, lo obliga a sentirlo como algo ajeno. Y no solo el cuerpo –aunque sea lo más descorazonador de todo-: los versos de Yasmín convierten también el mundo, la hábitat natural, en un espacio hostil. La enfermedad, la herida, el dolor… son el único espacio habitable.

Quién ha vivido en el hospital o en la cárcel
ya no encuentra su sitio
fuera

Pero volver es tan inevitable como curarse

Luego dejarse llevar
hasta qué fondo


Esa sensación de sentirse ajeno a uno mismo lo va desvelando a través de algunos versos que, con toda probabilidad, todo lo lectores de Trema van subrayando sin saber muy bien por qué. Algunos (Pero los cerezos no saben de la belleza de los cerezos) resultan claros y evidentes; otros, más sutiles (con heridas que no conozco), pero todos logran el objetivo: componer la anatomía de una enfermedad que solo encuentra amparo en la poesía.

Si el sabor general de Trema es de sorpresa satisfactoria ante una obra joven, es cierto que la segunda parte del poemario, Mater, quizá por estar centrado en el vientre de la mujer y en la maternidad, no termina de ser tan redonda como la primera. Será, sin duda, la limitación temática la que contribuya a ello. Sin embargo, lo versos siguen, en numerosas ocasiones, obligando a sacar punta al lápiz:

IV

He pensado tanto en él, en sus dolores su
capacidad de engendrar  y en lo caliente que se
pone y cómo borbotea    cuando tiene miedo
cuando tiene sexo, cuando tiene hambre.  El
vientre es el centro.


O aquí:

Ese lugar
umbilical al que se vuelve
porque se acumula
toda
la tristeza de los tiempos


El lector cierra el libro. El lector agradece el descubrimiento. El lector busca en Google ‘Yasmín C. Moreno’. Quiere saber más de la autora.


Bonus track

Hay, además, en Trema, dos versos por los que vale la pena la lectura.

Los médicos son asesinos que se contienen

en el último instante.



Daniel J. Rodríguez


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