miércoles, 15 de febrero de 2017

DOS POETAS PORTUGUESES: DANIEL FARIA Y LUÍS MIGUEL NAVA (por Pedro S.Sanz)


NAVA Y FARIA, UN POCO MÁS CERCA


Es a partir de la entrada en el siglo XXI que se hace palpable en España el interés por la producción poética de autores portugueses nacidos en la segunda mitad del siglo XX. Precisamente a las puertas del nuevo siglo, en 1997, nace la revista Hablar/Falar de Poesía, publicación en edición bilingüe donde se alternaban los textos en portugués y español, y que se leía con la naturalidad de la ausencia de fronteras culturales y de barreras lingüísticas.

Entre los poetas emergentes en Portugal en el último cuarto del siglo XX, es cuanto menos llamativo que dos poetas que murieron jóvenes, con 27 y 38 años, y con una producción de 3 y 6 libros cada uno, se hayan convertido en autores de referencia en la poesía portuguesa en la última década. Se llamaban Daniel Faria y Luís Miguel Nava.


Luís Miguel Nava (1957-1995) fue considerado una de las revelaciones más importantes en la poesía portuguesa en los años ochenta. Con 18 años conoció a Eugenio de Andrade y este encuentro le hizo reconsiderar sus escritos y su visión de la poesía. En 1978, recibió el Premio Revelación de la Asociación Portuguesa de Escritores (APE) con la obra Películas, editada en 1979. Un año después se licenció en la Universidad Clásica de Lisboa y tras pasar tres años en Oxford, se trasladó a Bruselas como traductor de la Comunidad Económica Europea. Entre 1981 y 1994 publicó los libros de poemas Inércia da Deserção, Como Alguém Disse, O Céu sob as Entranhas, Rebentação y Vulcão, todos ellos recogidos en Poesía Completa 1979-1994, editada en 2002 en Lisboa.  Moriría brutalmente asesinado en su apartamento de Bruselas en 1995.

Cuatro años más tarde moría también el joven poeta Daniel Faria, en un triste accidente doméstico en el monasterio de Sindeverga, a donde le había llevado su vocación sacerdotal. Nació en 1971 y  estudió Teología y Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Oporto. Le unía con Luis Miguel Nava su admiración por la obra de Eugenio de Andrade, a quien consiguió llevar al seminario para una lectura. En su corta vida tuvo tiempo de ver publicados dos libros de poemas, Explicación de los árboles y de otros animales y Hombres que son como lugares mal situados, editados en 1998. De los líquidos, su tercer libro, ya póstumo, apareció dos años más tarde. En 2002 apareció su Poesía reunida, que incluía los tres libros y tres poemarios de juventud.

Sendas fundaciones se encargan de preservar y dar a conocer las figuras de Nava y Faria: la Fundación Luis Miguel Nava, en Lisboa, que convoca un premio de poesía que lleva su nombre y edita la revista de poesía Relâmpago, y la Fundación Manuel Leão, en Oporto, que se ocupa de la obra de Daniel Faria.

En España, gracias a la labor del poeta y traductor Luis María Marina se pueden leer los tres libros de poemas de Faria en español, editados con mimo y en versión bilingüe por Ediciones Sígueme entre 2014 y 2016. En el caso de Luis Miguel Nava, una selección de su poesía será editada en breve por la editorial Versátiles con traducción al español de éste que escribe. Ahora sí, la poesía de Nava y Faria nos queda un poco más cerca.

  
Pedro S. Sanz


  



Hombres que son como lugares mal situados
Hombres que son como casas saqueadas
Que son como sitios fuera de los mapas
Como piedras salidas del suelo
Como niños huérfanos
Hombres sin huso horario
Hombres agitados sin brújula donde asentarse

Hombres que son como fronteras invadidas
Que son como caminos con barricadas
Hombres que quieren atravesar atajos asfixiados
Hombres sulfatados por todos los destinos
Desempleados de sus propias vidas

Hombres que son como la negación de las estrategias
Que son como escondrijos de contrabandistas
Hombres encarcelados abriéndose con navajas

Hombres que son como daños irreparables
Hombres que son supervivientes vivos
Hombres que son como sitios desviados
de su lugar

DANIEL FARIA
(Traducción de Pedro S. Sanz)



EL TÍMPANO Y LA PUPILA

En uno de los platillos el mar, en el otro un río, ahora
que el tiempo se deshuesa,
que las piedras
que piso se me entierran en la memoria y los caminos


se me estrechan en el alma como láminas, el pan
mojado en las heridas,
el pan
él mismo ya también una herida, ahora


que el tiempo, que tantas veces
compararan a un río, pero
no es más que una leve exudación en los muros,

en las manos, ahora

que el cielo se encrespa y que pedazos
de mundo arrojados
con toda la fuerza a los ojos dan vueltas
en las tinieblas antes de extinguirse, 


mas delgado que la nieve
camino, el alma abierta como herida,
a lo largo de la memoria, donde se funden
el tímpano y la pupila.



LUIS MIGUEL NAVA
 (Traducción de Pedro S. Sanz)





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