lunes, 13 de febrero de 2017

HIEROFANÍAS de ALFREDO RODRÍGUEZ (por Juan Lozano)


ALFREDO RODRIGUEZ 
EN EL PANORAMA POÉTICO ACTUAL:
LA RESPIRACION CONSCIENTE.






Hierofanías
Alfredo Rodríguez
Chamán Ediciones, 2017












Digámoslo ya claro, ex abrupto y desde el principio. El navarro Alfredo Rodríguez es uno de los poetas auténticos actuales cuya trayectoria merece seguirse muy de cerca, y resalto lo de “auténtico” como condición y hasta como exigencia en este ámbito, el poético, donde navegamos constantemente entre las procelosas aguas de la divergencia, la confusión y el desconcierto. 

El penúltimo capítulo ha sido la polémica aparición de la poesía twittera, más por mimetismo que por generación espontánea, y cuyo debate en los medios le ha dado un protagonismo que ciertamente no merece. No vendrá por ahí la renovación de la poesía y mal futuro nos espera si es ese el camino. Distinta suerte mediática correrá el poemario que nos ocupa, aunque también sabemos que esto no quiere decir nada en una sociedad en que priman la novedad, la dictadura del espacio y las servidumbres.

Dicho esto, nos ofrece Alfredo Rodríguez sus “Hierofanías”, bellamente editadas por la albaceteña Chamán, una de las propuestas editoriales más interesantes y sugestivas de los últimos tiempos y que ya anuncia, para muy pronto, una edición aumentada y corregida de “La corona de arena”, las memorias apócrifas de sir Lawrence de Arabia escritas por José María Álvarez; autor que tiene mucho que ver con la poética fundacional de Alfredo Rodríguez.

Cronológicamente, Alfredo Rodríguez irrumpe en el ámbito poético mediada la primera década de este siglo, con una generación poética que propone una diversidad estética y que viene a quebrar la hegemonía de la llamada “poesía de la experiencia”, dominante hasta el cambio de milenio. El navarro saltó a la palestra como finalista del Premio Adonais en su edición de 2005 con “Salvar la vida con Álvarez” que, junto a “La vida equivocada”, forma un díptico seminal con fuerte presencia culturalista. Entre 2008 y 2012 dará forma a su trilogía del combate con “Regreso a Alba Longa”, “Ritual de combatir desnudo” y “De oro y de fuego”, con la que alcanza su madurez poética y una voz hecha. Dando un giro, quizás no del todo inesperado y al que no serán ajenas ciertas lecturas de Mircea Eliade, las conversaciones con el maestro Colinas y los veranos pasados bajo el cielo estrellado de Ibiza, en 2014 publica en Renacimiento “Alquimia ha de ser”, primera parte de una trilogía de raíz mística y del que este “Hierofanías” sería su segunda entrega. Entre su primer poemario y la aparición de este último, sus tres libros de conversaciones con el poeta José María Álvarez, el último de los cuáles aún permanece inédito, se convierten, además de deliciosa lectura, en referencia ineludible para cualquier estudio o análisis sobre la obra del novísimo.

Ya de lleno en “Hierofanías” detengámonos unos momentos para reflexionar acerca del título del poemario. Los títulos elegidos por Alfredo Rodríguez siempre dan una idea bastante cabal de lo que nos ofrece y la primera clave para entender su lectura. “Hierofanías” hace referencia al acto de manifestación de lo sagrado, el hierofante es el encargado de instruir a los iniciados en los misterios. Si, al decir de Fernando García Lara, “todo auténtico poema es siempre la invitación a una experiencia”, en el caso de nuestro poeta la invitación no lo es tanto a la experiencia mistérica como a los misterios del hecho poético en sí mismo. En la esclarecedora adenda final nos dirá el poeta que pretende “reivindicar el carácter sagrado de la poesía y su significado más alto: el de estar cerca de lo absoluto y definitivo”. La génesis del poema como experiencia radical, como acto de conocimiento y acercamiento a lo sagrado, en un sentido que lo emparenta a la poética del irlandés Seamus Heaney.

Las citas que sirven de pórtico al conjunto dan el tono; una, de los cantos védicos, otra del poeta renacentista toscano Cecco Angiolieri y una tercera de nuestro contemporáneo Antonio Moreno. El prólogo de Javier Asiáin es, así mismo, un texto introductorio que no podemos obviar a la hora de enfrentar la lectura.  La citada adenda final del propio autor constituye al mismo tiempo un texto inseparable del cuerpo poético y muy de agradecer para los que no estamos familiarizados (como en mi caso) con el misticismo oriental. Es por ello que mi método de acercamiento a este poemario, más intuitivo que razonado, pueda resultar acaso insuficiente. 

Hay en “Hierofanías” también una preocupación y una búsqueda de la Harmonía, canalizada y fluyendo, como respirando, a través del ritmo, la cadencia y la unidad de las fuerzas interiores del poema, cristalizando en versos plenos, de vibrante belleza, cuajados de llama sapiente y erotismo. Leyendo aquí y allá, he encontrado en este poemario algunos de los versos amorosos más bellos concebidos por su autor. “Poemas equilibrados con un núcleo de energía dentro” nos dice acertadamente Asiáin en el prólogo. En esa exploración interior, a la que no es ajena la experiencia tántrica casi como danza eurítmica, en busca de la unidad y la harmonía (prefiero utilizar la forma arcaica), cuenta mucho un elemento como la respiración; “un arte”, como bien dice el poeta en el breve poema XXIV. La respiración es – nos dice el maestro Colinas– «la unificación y la totalización ideal de la conciencia, de la experiencia física y de la aspiración hacia lo sublime (…) Y el que respira musicalmente con el verso respira infinito, funde los extremos. Callamos, respiramos, oímos la música inaudible». En la auténtica poesía, el ritmo de la respiración está imbricado en el verso, que fluye por medio del metro de forma natural y verdadera.


Sentado lo anterior, también digo que “Hierofanías” no es un poemario para todos los paladares. No es el de Alfredo Rodríguez un libro de cómoda ni fácil lectura. En un tiempo donde se le exige a la poesía que sea legible y se acomode a alguno de los modelos imperantes, el poeta navarro es plenamente consciente de haberse situado en un territorio difícilmente abordable, pero es su territorio. Entre el fuego cruzado de las distintas direcciones poéticas y las luchas por aparecer en las antologías y entrar a formar parte del canon, demos pues la bienvenida a estas “Hierafonías” de Alfredo Rodríguez, que nos dejan frente a puertas arcanas y que aportan harmonía, equilibrio y belleza en estos tiempos de convulsiones poéticas.


JUAN C. LOZANO FELICES

Febrero de 2017