domingo, 26 de febrero de 2017

LITERATURA Y CINE: SON DE MAR (por Noelia Illán)


DEL PROFUNDO MAR EN CALMA


No es la primera vez que una novela de Manuel Vicent es llevada a la gran pantalla, como tampoco es la primera vez que Bigas Luna dirige una película basada en una novela.


La historia es, aparentemente, sencilla: Ulises llega a una pequeña ciudad levantina como el nuevo profesor de Literatura. Conoce en el hostal donde se aloja a la hija del dueño, Martina, de la que se enamora profundamente. Y lo mismo le ocurre a ella, y no es para menos, porque el tipo recita de memoria al mismísimo Virgilio. Se casan y tienen un hijo, pero Ulises desaparece una noche cuando sale de pesca. La barca aparece entre las rocas al día siguiente destrozada. Martina decide rehacer su vida y se casa con un constructor, Alberto, que la rondaba desde hacía tiempo. Pero sí: cuando todo está “bien”, aparece entonces Ulises unos años más tarde para recuperar el amor de Martina. Se retoma la historia de amor entre ambos, pero como bien imagináis no todo va a ser perfecto…

La película, rodada en Denia y estrenada en 2001, cuenta además con Rafael Azcona, guionista de una larga trayectoria y que recordamos por películas como El verdugo, La escopeta nacional o Belle Époque. Eso ya es una garantía. Tanto la novela como la película están llenas de referencias al mar y a la cultura mediterránea en general, desde los paisajes o el clima hasta los mínimos detalles, como la fruta o la ropa tendida al sol.

Quizá los dos protagonistas de esta historia de amor “triangular” (con muchas comillas) más que Martina y Ulises serían el mar (con todo lo que ello supone) y el fatum. Desde el inicio, cuando conocemos el nombre del amante, Ulises, nos llegan esas connotaciones referidas al mar y todo lo que implica el hecho de que se use ese nombre. Ya saben: omen, nomen. No es el Ulises de Homero, pero sí lo recuerda. Ni tampoco Martina es Penélope como aparece en La Odisea, pero sí que tiene muchos puntos en común. El mar se comporta como un personaje más, de la misma manera que lo hace en el relato de Homero: el mar separa y une a los protagonistas. Y aunque al final regrese a casa, no podemos desdeñar el hecho de que Ulises abandona a Martina en un momento dado de la historia para seguir las faldas de una mujer a la que conoce una noche de fiesta (de la misma manera que Ulises, en su periplo, se detiene a degustar a unas cuantas mujeres…). Y aunque Martina no espera a su amado veinte años para decidir a quién tomar como esposo, siempre en ella está ese deseo de que Ulises regrese: de esperarlo como la heroína homérica.

Martina se convierte así en una Penélope contemporánea hechizada por las historias que el nuevo profesor de Literatura trae de otras tierras. Y ahí es donde cae precisamente rendida: ante esos versos de La Eneida que Ulises repite una y otra vez:

Del profundo mar en calma, salen dos serpientes de inmensas espirales. Por encima de las olas levantan su cresta y su pecho, mientras el resto de su cuerpo se desarrolla a flor de agua. Una de ellas ahora me aprisiona en medio de dos vueltas y me oprime con el doble anillo de su amor. Y yo, intento romper su nudo…

Quizá, quitando la historia, podemos hablar de ciertos elementos que son mérito de Bigas y que se ven más en la película que en la novela: el punto erótico de la historia entre los amantes, o incluso yo diría casi tórrido, obsesivo, sólo alguien como Bigas Luna podría retratarlo de una manera tan exquisita. Si uno piensa en la relación entre Martina y Ulises lo primero que le viene a la cabeza es pasión. Y una pasión carnal que ni ellos mismos pueden reprimir desde que se conocen. Su relación, en cierto modo, no tiene nada que envidiarle a las tragedias helenas: pase lo que pase, la historia huele a final maldito. En todo momento uno sabe que algo malo pasa al final, que no puede quedarse ahí, en el retorno del amante a su tierra junto a su amada. El fatum siempre está detrás pisándoles los talones a los protagonistas y esto también se ve en la novela.

Se ha dicho que quizá el fondo narrativo de la novela sea más ese paroxismo de la pasión: la atracción, el sexo casi incontrolable de dos amantes que acaban por ser egoístas y dejarlo todo por ese fuego que les consume. Pero no es la relación vacía, viciosa o meramente carnal: hay una hondura en ese amor aparentemente tan visceral. Y esto lo hace muy bien Bigas Luna, que en esta película -según dijo- ha rodado "la erótica del mar". Y por supuesto que ayudan al resultado una jovencísima Leonor Walting y un estupendo Jordi Mollá.

Bigas Luna conoció a Manuel Vicent en los noventa por un artículo suyo que había leído en prensa sobre el aceite de oliva. Un amigo común los puso en contacto y la amistad perduró hasta el momento en que Bigas murió. Una década después, el productor Andrés Vicente Gómez adquirió los derechos para el cine de la novela de Vicent (pensando en Bigas y en lo maravillosamente que podía plasmar el director ese mundo de Ulises y Martina). En alguna ocasión el director dijo que “Azcona, Vicent y yo somos tres universos diferentes con puntos de conexión muy fuertes: el Mediterráneo, el ajo, la paella, el sol, el aceite de oliva y sobre todo la sensualidad. Nuestra colisión ha dado una novela, un guión y una película. Pero todo ha sido posible sólo por la relación humana y lúdica que se ha establecido entre los tres.

La novela había sido un éxito, habiendo vendido más de 100.000 ejemplares, y tanto Bigas como Vicent reconocieron que el mar es el auténtico protagonista: todo ocurre gracias a él y por su culpa. Ulises y Martina son y pertenecen al mar. Si hay gran diferencia entre la novela y la película es precisamente el final que no quiero destripar: en la novela el final se ve venir desde bien pronto, pero en el filme se dilata esa posibilidad de cierre hasta los últimos cinco minutos.
Lo que más le resultó interesante a Bigas de la novela fue precisamente el hecho de que Ulises y Martina viven un gran amor que les hace actuar mal, lo cual es una contradicción. Y hay un tercero, su marido Alberto, que puede parecer el malo, pero que es el bueno de la historia porque es el que tiene principios. No es un triángulo amoroso al uso. Ella es la materialización del pecado; Ulises el romántico que cuenta historias pero desaparece, y luego regresa para volver a seducir. Alberto es la realidad, la moral, la tierra firme. Martina evoluciona más drásticamente que cualquier personaje: se agarra al presente más que Ulises, consiguiendo no pensar en las consecuencias de sus actos. Ella se convierte en su dueña, hasta el punto de tenerlo encerrado, casi como un objeto.


Y como no quiero -repito- destripar el final, sólo diré que hay varias razones por las que echar mano tanto de la novela como de la película: de la novela, por la historia; de la película, por el cóctel que supone ver a Jordi y Leonor juntos en la gran pantalla. Y ya de paso si eso da ganas de leer La Eneida... ¡pues bienvenido sea! 


Noelia Illán




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