viernes, 10 de febrero de 2017

PORQUE TE LLAMAS VIENTO de ANTONIO J. SÁNCHEZ (por Manuel Guerrero Cabrera)








Porque te llamas viento. 
Canto por la vida de Haizea Andrés Díaz
Antonio J. Sánchez
Poetas Zurdos, 2016.






Comentaba don Antonio Cruz Casado en unas palabras que tuvo para mi último libro que la temática de la preocupación por el hijo era una temática «persistente y profunda, no siempre bien considerada por la crítica al uso». Para ello citaba a poetas tan disímiles como Miguel Hernández, Gabriela Mistral, José María Pemán y Rubén Darío. Sin embargo, pese a que la relación de Antonio J. Sánchez (Sevilla, 1971) con la destinataria de Porque te llamas viento, Haizea, no es de padre e hija, bien podrían encuadrarse este conjunto de poemas en esta línea o corriente. 

En verdad, el poeta aporta dos elementos para que sea así: la apertura y cierre del poemario con fragmentos del conocidísimo Palabras para Julia de Goytisolo y, a modo de prólogo, la 'Carta abierta a Haizea, aún en el vientre de su madre', en el que el poeta trasluce un emotivo e inteligente homenaje a su padre (de él, no de Haizea) y su biblioteca (como él mismo ha dicho en más de una ocasión, tomando las palabras de Borges: «La biblioteca de mi padre ha sido el acontecimiento capital de mi vida»), para concluir que, entonces, las lecturas de su padre hallarían sentido en esta nueva vida llamada Haizea y, con ella, la de poeta; lo que, en definitiva, es amor e identificación.

Tras esta carta aparecen trece poemas y un juego sustitutivo, que pueden dividirse en dos grupos motivacionales: el de la propia Haizea (el canto a una nueva vida) y el de la inspiración. El primer grupo aporta esperanza e ilusión, no solamente desde el vientre de la madre («Un vientre hinchado es una promesa», dirá en 'Génesis'), sino sobre todo ya nacida:

Tú te debes al futuro
que has de construir,
a esa felicidad tuya
que será tu deber inexcusable. ('Cuerpos')

Aunque también se alude al dolor que implica la vida, dolor que el poeta aplaca, como si calmara el llanto del bebé:

Cada arañazo, cada elección, cada primera vez,
te acercará un poco más a ti. ('Cara')

Tu piel es territorio fértil para las heridas;
el destino es un mapa
dibujado con cicatrices.
Pero cree lo que digo:
[…] merece la pena cada paso. ('Calendario vacunal')

El grupo de poemas que tratan sobre la inspiración que ha resultado Haizea para el poeta ofrecen un interesante aporte acerca de la postura vital de Antonio J. Sánchez ante la poesía. Además de ser un soplo de viento fresco, también será agua, como transmite en este breve poema en el que carga de intensidad el último verso:

La sequía duraba ya demasiado:
las albercas estaban llenas de polvo,
de huesos rotos,
de escrituras notariales.
Y, entonces, Haizea. ('Como agua de mayo')

Y es que el poeta, sin disimulo, afirma que es su musa: «si no te miro / entonces no hay palabras».

Los poemas que conforman Porque te llamas viento basan su fuerza poética en el uso de las imágenes y en el cierre de los poemas. En los fragmentos anteriormente citados hay buenos ejemplos de las imágenes empleadas, pues este es un factor que Antonio Sánchez domina certeramente, tanto como el encaje final del poema. Recogemos aquí el del texto que da título al volumen, 'Porque te llamas viento', pues posee uno de los cierres más logrados y bellos:

Llegaste inesperada, invisible,
sin parte meteorológico que te anunciase,
y ya nada quedó igual tras tu presencia.

Por último, no se puede pasar por alto los ecos de otros autores que Antonio J. Sánchez refleja: José Agustín Goytisolo, Gabriel García Márquez o Federico García Lorca, entre otros.

Qué gozosas cinto de la mañana.
Eran las cinco en todos los relojes,
las cinco en luz de la mañana. ('Canto por la vida de Haizea Andrés Díaz')

Porque te llamas viento es un conjunto esperanzador y vitalista de poemas para y ante una nueva vida, pues, como diría José Martí, «los niños son la esperanza del mundo» y la poesía encuentra en la infancia, en la vida que empieza, su más meritorio anhelo; como en estos versos que cierran el poemario:

Oriente y occidente coincidían
en un fa o un si bemol.
Es lo que vi anoche
en una vieja taberna.
O quizás sea
el mundo que sueño para ti.



Manuel Guerrero Cabrera


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