jueves, 9 de febrero de 2017

PRECIOSO RASTRO DE DESTRUCCIÓN, de Víctor Pérez (por Rafael Núñez Rodríguez)






PRECIOSO RASTRO DE DESTRUCCIÓN

VÍCTOR PÉREZ

VERSÁTILES EDITORIAL, 2016






En ocasiones la poesía es un río desbordado que lo inunda todo. La conciencia expulsa de sus abismos todo aquello silenciado y comienza a nutrir a la página de palabras. La poesía de Víctor Pérez es una enorme precipitación del caos hacia el papel. La primera vez que lo escuché recitar quedé en trance. Una voz tan antigua como la de un ciego que narra la furia de un soldado olvidado.

El profesor Joaquín Roses tuvo a bien invitar a Víctor Pérez y Manuel Marcos a la Cátedra Góngora. Ambos poetas hicieron un diálogo poético profundo. Sus poemas se comunicaban como los cantos gregorianos. Las voces que allí se dieron a conocer eran las voces de dos experimentados novatos. Dos autores que llevan años dominando el verso y han pasado por la jungla poética sin mover una sola hoja hasta que la justicia de la lírica los puso donde merecían.

La editorial Versátiles ha publicado a Víctor Pérez. Su primer poemario lleva como título: Precioso rastro de destrucción (Versátiles: 2016). Una vez publicado, Víctor Pérez ha sabido crear una voz poética potente. Para este autor: “solo el poema destructivo vale”. Recuerda este verso a una condensación de aquellos otros de Guillermo Carnero: “Sin violencia ni gloria se acercan a morir / las líneas sucesivas que forman el poema”. El poema que se precipita y se impone para ser escrito es aquel que merece ser escrito. Un poema destructivo que es capaz de arrollar a su creador y a su lector.

La lectura de Víctor Pérez no te deja indiferente por su acumulación y las connotaciones que adquieren sus palabras. El poema se convierte en un agujero negro donde la materia lingüística comienza a relacionarse sin orden lógico. El lector tiene en sus manos un reto y es no perderse ante semejante flujo verbal. El poema es una bomba de relojería a punto de estallar. La lengua poética para Pérez parece convertirse en un lenguaje profético en donde las llamas convierten al poeta en “avanzadilla de una tribu de punto final / y busco poetas / no meditadores”.

Precisamente, el hallazgo de Víctor Pérez es una palabra nueva, aunque a veces por pulir. Una palabra que necesita precisión, pero que busca la bastedad. En esta línea el poeta sostiene: “la orgullosa costumbre de escribir poemas / Hasta que reviente todo/ es el camino del amor verdadero / Cuando sólo te queda la intemperie del ano”. Si prestamos atención, la poesía para Pérez es una forma de dinamita y rompe las conexiones denotativas de la lengua. Este poeta tiene una tendencia al irracionalismo, busca un nuevo mundo semántico en el que sólo el lenguaje tiene importancia.

Aparte parece ocultar un discurso metapoético, el cual se puede leer en otros poemas en los que Víctor Pérez dice: “cada poema era un acto, cada poema una decisión/ Una contundencia de palabras evocativas”. El poema es un fin en sí mismo, las palabras conectan en el poema y recrean el mundo sin mayor intención que esa, puesto que “el arte es el camino / Más fácil” para producir que el lenguaje y la poesía recobren el camino de lo inefable. El misterio del significado y de la primera palabra jamás dicha.



No obstante, la poesía de Víctor Pérez nos desalienta tras varias lecturas. El poeta es un pozo sin fondo de recurrentes imágenes, giros y un ingenio poco visto. Se trata de un poeta culto. Sin embargo, el abuso de la sorpresa hace que el lector curioso pueda, en muchos casos, adelantarse al verso. Adelantarse al puyazo de la sorpresa. El estilo de Pérez demuestra que todavía quedan cosas que decir, formas que reventar y postulados nuevos. Todavía no está todo dicho. No obstante, esa furia expresiva puede convertirse en algo previsible si no guarda y esconde sus recursos en búsqueda de una mayor eficacia sorpresiva. 


Rafael Núñez Rodríguez


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