miércoles, 15 de marzo de 2017

CIUDAD CELESTE: una antología homenaje a Valente

CIUDAD CELESTE
Antología homenaje a Valente





Ciudad celeste
AA.VV  
Instituto de Estudios Almerienses (Almería, 2016)   










Visitar la casa de Valente es uno de los mayores placeres que puede encontrar un poeta que viva en Almería. Dejarse aromar por los recuerdos que la imaginación redime en las estancias no se puede describir. La luz de Almería, lo dijo el poeta hasta la saciedad, lo atrapó, y no de forma transitoria, sino hasta su muerte. También el desierto, y yo añadiría el silencio que, curiosamente, casi no aparece en su obra pero está en él, en la casa y el Cabo.


A esa luz se ha referido el poeta en multitud de ocasiones, como en esta: «No sabríamos decir cuánto debemos ya a esa luz, que puede ser alta y terrible como un dios o declinar como animal de fuego hacia el crepúsculo, arrastrando con ella todo el cielo hacia la línea donde no acaba ciertamente el mar». En el prólogo del libro, escrito por Ismael Diadé, hallamos el calor de la palabra también, la iluminada voz, el verbo preciso, el reconocimiento a la obra de Valente, a su vida y a su muerte: «Con el tiempo, la muerte acaba poniendo a cada uno en su sitio.

Ni esa muerte, último inconveniente de haber nacido, ni el nacer común a todos bajo el sol hacen una notoria diferencia entre los hombres. La diferencia les viene del camino entre el nacimiento y la muerte. En ese caminar entre la cuna y la tumba, Almería fue un hito decisivo, casi el último que Valente vivió. Almería es su ciudad celeste de tenue y nítida luz. Aquí,  José Ángel Valente encontró en sus últimos años el jardín de sus delicias y la claridad que precisaba. Aquí, dio con su lugar 4respondiento a la vocación íntima del desierto que llama y llena a sus allegados entre el silencio y la nada anidada entre sus versos y su diálogo con Ibn al-Arif, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, y todos aquellos místicos que vivieron entre la materia y la memoria iluminada, el abismal sentir de lo divino».

“Ciudad celeste” no es sino el resultado de una antigua deuda de Almería y sus poetas con Valente; una antología con el canto de 45 poetas: Faun Ataya, Julio Béjar, Alfonso Berlanga, Antonio Bocero, Aureliano Cañadas, Antonio Carbonell, Concha Castro, Juan José Ceba, Pepe Criado, José María de Benito, Guillermo de Jorge, Alonso de Molina, Julio Alfredo Egea, Virginia Fernández Collado, Aníbal García, Antonio García Vargas, Juan José Guerrero, Germán Guirado, Perfecto Herrera, Toño Jérez, Rafael Jiménez, María Ángeles Lonardi, José Luis López Bretones, Carmen López, Estefanía Martín, José Luis Martínez Clares, Estefanía Montero, Domingo Nicolás, Juan Pardo Vidal, Álvaro Perals, Emilio Picón, Raúl Quinto, Pilar Quirosa-Cheyrouze, Diego Reche, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Ana María Romero Yebra, Andrés Rubia, José Antonio Sáez, Francisca Sánchez, José Antonio Santano, Mario Sanz, Pedro Soler, José Tuvilla, Francisco Vargas y Graciela Zárate.

La palabra poética para quien tanto hizo por ella, para quien se desnudó ante sí y el mundo, en una suerte de mística ineludible para el lector que desee conocer una de las páginas de la poesía  universal más destacadas del siglo XX y comienzos del XXI: la poesía de José Ángel Valente. En esta tierra almeriense, en este sur tan olvidadizo, y del que dijo el poeta: «El sur como una larga / lenta demolición.», la luz de la palabra vuelve para ascender a la negrura de la noche y adentrarse en su silencio y soledad –que tanto frecuentó Valente- y luego de escuchar sus sonidos, sentir el escalofrío de la poesía, de la palabra. Por ser una empresa imposible citar fragmentos de todos los poetas contenidos en este libro, haré referencia sólo a los más representativos respecto a la obra de Valente y  aun a pesar del riesgo que pudiera derivar de esta circunstancia.

Ya en las primeras páginas hallamos “Poema en azul”, de Alfonso Berlanga, que alude a ese color tan cercano al Valente mediterráneo:

Si alborada de azul tiñera tu ventana,
encendido carbón en azul tus sentidos,
tu almohada de azul,
azul tu sueño,
cuánto de azul sintieras
si el azul te dejara… te dejara.

Frente a la veteranía de un poeta, la juventud de otro, Juan Pardo Vidal, en la palabra trascendida, que se adentra en la nada, a la que tantas veces acudiera también Valente:

Amo el cántaro, tiene la suprema
realidad de la forma, hueco inánime,
bello y servil el cántaro y el canto,
se desmorona el aire desde el aire,
que disuelve la piedra en polvo al fin… .


“Ciudad celeste” respira por cada poro de sus páginas a través de los poetas  participantes, pues muchas son las voces y muchos los registros, y en todos, la luz de la poesía en el recuerdo al gran poeta José Ángel Valente. 


José Antonio Santano