martes, 21 de marzo de 2017

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA





Devórame, hija de la gran puta.
Mientras me corro sentir tus dientes de odio
y esos ojos obscuros como topacios fríos.
Chúpamela con esos labios
párpados de la Muerte.
Que sea lo último que vea.
Devórame así,
sin quitarte esa falda
viciosa, esa bisutería infernal.
Besar tus ojos, oler tu pelo,
esas axilas donde sombrea un vello mal rasurado,
morder ese vientre omnipotente,
esos muslos ambiciosos.
Así, como estás.
Entrar en tu coño
como debieron adentrarse
en la luz de Asia los caballos de Alejandro.
Y entonces te das cuenta:
No le hablas a nadie. Estás hablando
solo. Ella no te escucha.
No huele, no respira, su carne no se estremece.
Es una fotografía.
El cartel de una película.
Pero hay algo en esa fotografía...
Como una mano de hielo que te estrujara
las tripas. Una belleza nueva. La Belleza de este
siglo.
Brutal. Pero te excita.
Despreciable. Pero
la deseas. Y ahí está. Esperándote.
Para que te encanalles en la vulgaridad,
busques a ese que también eres tú
en el sabor de lo sucio, lo turbio, lo bestial.
Diosa de polígono
industrial, ninfa de hamburguesería, sirena
de botellón,
Dido de grandes superficies
y parkings monstruosos.
Tan brutalmente hembra de deseo.
Esa Nada de su mirada es hermosa,
sin futuro ni pasado.
Pero Helena de Troya cuando brillan
sus muslos
en la luz de un water de discoteca,
sobre el capó de un coche bajo la Luna.
Ah la Echegui en esa fotografía.
Su talento de actriz
+ el rugido de su cuerpo
+ mise en scène por Bigas Luna
+ eso que los arrastraba
más allá de ellos mismos; esa fuerza
letal
de la sexualidad nueva, ese insecto atrapado en ámbar.
Ah la Echegui en ese cartel.
Hija del photoshop que para siempre
así la entrega a nuestros sueños más lascivos.
Neón en vena.
Esa Diosa asesina.
Una fotografía ante la que soñar
con placeres feroces.
Y masturbarse, masturbarse, masturbarse.
Oh sagrado sightseeing.



Álvaro SEISDEDOS
Así comenzaba nuestro Número UNO de La Galla Ciencia, allá por Febrero de 2014. Su autor: José María Álvarez abría nuestra PANORÁMICA con ese poema dedicado a “la Echegui”, que más tarde se incluiría en COMO LA LUZ DE LA LUNA EN UN MARTINI (Renacimiento, 2014). Iniciábamos así nuestros números en papel, y tres años más tarde ya está aquí nuestro Número SIE7E, NI PENA NI MIEDO, un homenaje al poeta RAÚL ZURITA que en breve podréis encontrar en vuestras librerías.

Hoy, en el Día Mundial de la Poesía -que coincide con la llegada de la primavera- queremos compartir con vosotros algunos poemas publicados en cada uno de nuestros número es papel.

La decisión de proclamar el 21 de Marzo como Día Mundial de la Poesía fue aprobada por la UNESCO en París en 1999. El principal objetivo de este día -en términos de la UNESCO- es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética, además de promover su enseñanza de la poesía, fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos, apoyar a las pequeñas editoriales y crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte. Y en La Galla Ciencia estamos de acuerdo con todos esos propósitos.

¡Viva la Poesía!

 
Vanessa Castaño

NO SOY ESTA QUE VEIS PALIDECER
bajo el fémur tibio del fluorescente.
Tampoco la mujer que oye dar las tres
como el gong del martillo absolutorio o la bala de un fusil encasquillado.
Ni la que escribe frases sin amor
y firma igual que quien mata una mosca.
Ocupo mi silla antes de que el sol
me bendiga la frente con un beso
y salgo a la calle infiel y huérfana.
Toso el virus de la resignación
cuando el mar es un rumor clandestino
y los lirios burlas del carcelero.
Soy quien sueña llegar a la vejez
para dejarse adoptar por gallinas
 y vivir en la luz de las mañanas
que ahora abandono en la casa de empeños.


Ana Pérez Cañamares
(Número UNO, PANORÁMICA)


Daniel Bilac


UNA MÚSICA VERDE

De que se ha ido la lluvia,
cuando al anochecer
se van los pájaros de Delhi,
el cielo se torna
de un verde nunca visto
(acaso sea un pálido esmeralda)
y desde las raíces
del árbol centenario
va ascendiendo
la música y el canto del sufí.
Como sangre embriagada,
como un fuego muy verde,
asciende en busca del verde del cielo
y, al fundirse,
dan lugar a la noche.
En la sombra, las sombras
de dos mujeres
escuchan.
Tan sólo por sus ojos
que centellean
sabemos que son jóvenes,
pues envueltas están
en unos velos negros
muy leves.
Sólo abajo,
como de nieve,
se ven arder sus pies
descalzos, una leve
libertad
misteriosa
que relumbra
en sus uñas de plata.
Y sin embargo,
sumido en este gozo de la música,
yo pienso que hay
en otra parte, una realidad
suprema.
No está en nuestra cabeza,
ni en nuestro corazón,
Está en el alma de esta noche india
que nos parece nuestra.
¿O no lo es?
O lo será el día
en que regrese el rayo
del éxtasis
para no irse jamás,
para no irse jamás.

Antonio Colinas
(Número DOS, MINORÍA VIRGILIANA I)

 
María Simó

(ODISEA V 2.0)

Odiseo no volvió a Ítaca, como es bien sabido
por algunos. Se tardó muchos años más de lo que
nos dijeron. Tantos, que hasta los dioses se cansaron de
observarlo y perseguirlo, quedándose dormidos
finalmente, volviéndose piedras, ruinas, piezas de museo.
Cuando regresó, ya no parecía el mismo. No tenía señas
que lo identificaran, no vestía cicatrices que dieran
cuenta de su historia. Tampoco llevaba pasaporte o
cédula de identidad. Más bien parecía un muchacho turco
o un flaco chipriota con apenas algunas canas,
la piel tostada de tanto andar bajo el sol.
Alcanzó la playa luego de que su barco naufragara.
Iba disfrazado de sí mismo, como siempre supo que lo haría.
Pero no halló su palacio, ni pretendientes, ni penélopes hacendosas
y oscuras, ni telémacos barbicortos. Solamente un pueblo
de pocas calles, oprimido por el sol del Mediterráneo.
Nadie lo reconoció, ni él reconoció a nadie. Los perros ladraban
a su paso, le regalaban la lengua descoyuntada de la historia.
Así que decidió navegar hasta el continente. Allí
lo metieron preso por no llevar documentos
y por expresarse en un lenguaje que nadie comprendía, que
sonaba a viejos huesos que se quiebran. Trató de explicar
a los oficiales de policía que viajar
es perder lenguas, no ganarlas, pero fue en vano.
Lo llevaron a un campo para refugiados en Corinto.
No pudo contarle su historia a nadie, no pudo narrar a los otros
presos las historias de sus hazañas: por primera vez estaba desnudo.
Con su conocida maña, logró escapar a los pocos meses, esta vez sin tener que cegar a nadie. Tras muchas aventuras sin dioses, terminó en Atenas, donde se dedicó a vivir de limosnas y pequeños robos. El hambre lo había quebrado, alucinaba ángeles desnudos como el vidrio o como el agua, ciegos como relojes.

No alcanzó la vejez. Dicen que murió sin decir palabra, pero no se sabe bien cómo. Algunos creen que fue la falta de alimento. Otros, que fue asesinado en una disputa entre mendigos.
E incluso hay quienes aseguran que murió, como tantos otros extranjeros, en los recientes disturbios populares.


Adalber Salas Hernández
(Número TRES, LA NACIÓN GENEROSA:
111 RUTAS AL OTRO LADO DEL MAR)


Nan Vaz


LOS DÍAS ROJOS

Así comenzaron los nuevos tiempos. Fue primero
el recuerdo y mucho, mucho tiempo después el vuelo
de las nuevas ciudades surcando el cielo. Cuando las
vieron brillar igual que estrellas, Héctor Gessel, el de
los hielos, dijo: parece que danzaran en las alturas.
Cuanto sucedió sucedió y cuanto pasó pasó. Partió
así: los glaciares empezaron a retroceder y los ríos a
secarse. Los muchachos de Nueva esperaron el nuevo
deshielo, pero al elevarse y ver a Nueva Nueva York
y las otras represas principales semi enterradas bajo
los arenales, presintieron un paisaje distinto. Después,
cuando estallaron las grandes tormentas del desierto,
las nubes de arena, huracanadas por el viento,
dibujaron por un segundo sus antiguos rostros
borroneados. Mirándome mirar, el primer Ibáñez,
Aladín, me preguntó mi época y nombre, mientras
arriba infinidades de cauces ascendían convergiendo
hacia el centro del cielo. Son como las venas de un
corazón, dijo, los verás en Nueva. Eran los ríos rojos.


Raúl Zurita
(Número TRES, LA NACIÓN GENEROSA:
111 RUTAS AL OTRO LADO DEL MAR)


Daniel Bilac


LOS PRISIONEROS

Estarán bajo el cielo.
Verán arder el sol allá en lo alto.
Y cerrarán los ojos.
Vivirán en la noche de sus almas.
Las calles que recorran serán negras.


María M. Bautista
(Número CU4TRO, PANÓPTICA PRIMERA)



SÍNTOMAS DEL AMOR

El amor es migraña universal,
brillante mácula en la vista
que pone un borrón en la razón.
Síntomas de verdadero amor
son la extrema delgadez, los celos,
amaneceres que arrastran los pies;
augurios, pesadillas...;
esperar llamadas a la puerta,
esperar una señal,
las yemas de sus dedos
buscándote en la oscuridad
o ese interrogante en su mirada.
¡Ármate, amante, de valor!
¿Soportarías tormento semejante
a otras manos que las suyas?


Robert Graves
(Número CU4TRO, LIMPIOS DE CARCAÚBA,
traducción de Roger Wolfe)

 
María Simó


VIENTO FUERTE - POESÍA

Hoy me falta el verso
Como falta pan y harina
En la mesa de mi hermano.
Mi estómago poético ronca
Forma nudo la tripa de la inspiración
Unos con tanto y otros sin saber cómo.
Voy a gritar al viejo Trindade
Quiero alguna imaginación para beber
Algo que aplaque esa desgracia…
Poético sí… ¿por qué no?
Él siempre tuvo
En cada caracol de su cabello crespo
Un verso, una ilusión esparcida:
Por las barbas, en los pelos del sobaco…
Incluso en los alambres púbicos.
Sí… incluso allí había versos colgados
¡Ayúdame, Viejo!
Ahora y en la hora de cualquier papel en blanco
Y después, ve a ser poeta también en la casa de Osanlá.


Lepê Correia
(Número CINCO, MAKUINIARI)


EL BESO DE KLIMT

A renacer en el filo de una boca
y saltar por el abismo
que supone sentirse
en otra lengua
lo llaman besar.
Yo no sé cuándo es el beso
ni cuándo se besa
y lo confundo
con la rabia,
la pasión,
con el sexo
y la desesperación
y nunca sé si es a eso
lo que llaman amar.

María Helena del Pino
(Número CINCO, MACARONESIA)

 
Antonio Martínez Mengual

CICATRIZ

Beso la cicatriz de tu dolor
sin saber lo que encierra. De algún modo
beso así la maniática, obsesiva
sangre que la besó dentro de ti.
Beso la forma de tu angustia lenta,
su dibujo en tu cuerpo, hecho temblor.
Beso una mordedura que se calla,
labios borrados por un gran silencio,
la erosión más abstracta de tu piel.
Beso la cicatriz de tu dolor.
El rastro de una historia
que por más que lo intente
jamás sabré contar
ni contará conmigo.
Y he aquí mi cicatriz
sobre la tuya:
¿Cómo en lo que se funde
puede haber tal distancia?


Lorenzo Oliván
(Número SEIS, MINORÍA VIRGILIANA II)


Laura Fernández

MILF

Unas manos dentro del vestido, otras manos arrancando las costuras.
Puertas que se abren, cuerpo, manos, cuerpo, puertas que se cierran.
Hebillas en las corvas, el silbo de una fusta,
apenas su sonido, un poco más, no pares.
Después se ducha, se viste y se peina.
Niños,
catequesis.

Pablo García Casado
(Número SEIS, MINORÍA VIRGILIANA II)














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