sábado, 4 de marzo de 2017

EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ARTAUD


ANTONIN ARTAUD


Cada una de mis obras, cada plano de mí mismo, cada florecimiento glaciar de mi alma interior echa su baba sobre mí.


El poeta Antoine Marie Joseph Artaud (Marsella, 1986 - París, 1948) fue conocido como Antonin Artaud. En su vasta obra exploró diversos géneros, no sólo la poesía, sino también el teatro, el ensayo y la novela. 

Sus primeros poemarios, “L'ombilic des limbes” y “Le Pèse-Nerfs”, anunciaban ya esa búsqueda de un “total” del arte absoluto. Se le considera, además, el padre del teatro moderno por toda la influencia posterior que desencadenó. Vivió en París desde 1920, donde marcha para dedicarse a la escritura, después de varias crisis depresivas y nerviosas. Escribió guiones de películas y se dedicó a montar espectáculos teatrales durante varios años, pero sus fracasos lo llevaron a sentar las bases de lo que él llamó el “teatro de la crueldad” (intentaba afectar al espectador lo máximo posible). También a Artaud le interesaron otras artes y disciplinas, como la astrología, el tarot o la numerología. Además de viajar varias veces a lo largo de su vida, pasó en total nueve años ingresado en manicomios, terminando por hundirse físicamente.


A lo largo de su obra vemos sin censuras todos los aspectos de su personalidad, desde sus períodos de locura hasta sus manías religiosas de juventud, desde el ateísmo a la devoción. Se le ha incluido dentro del llamado “malditismo francés”, y de sus poemas y obras de teatro se ha dicho incluso que son crueles y violentos. Quiso llegar a la esencia de la existencia humana y creía no sólo en el subconsciente y su verdad pura, sino también en los sueños y en la mentira de la razón.


Hoy, en el aniversario de su muerte, lo recordamos en LGC con varios poemas y dos canciones que lo tienen como protagonista: el tema que la banda inglesa Bauhaus incluyó en su álbum “Burning from the inside” (1983), así como la canción “Antonin Artaud” del grupo Zapato 3.







El ombligo de los limbos

Una sensación de quemadura ácida en los miembros, músculos retorcidos e incendiados, el sentimiento de ser un vidrio frágil, un miedo, una retracción ante el movimiento y el ruido. Un inconsciente desarreglo al andar, en los gestos, en los movimientos. Una voluntad tendida en perpetuidad para los más simples gestos, la renuncia al gesto simple, una fatiga sorprendente y central, una suerte de fatiga aspirante. Los movimientos a rehacer, una suerte de fatiga mortal, de fatiga espiritual en la más simple tensión muscular, el gesto de tomar, de prenderse inconscientemente a cualquier cosa, sostenida por una voluntad aplicada. Una fatiga de principio del mundo, la sensación de estar cargando el cuerpo, un sentimiento de increíble fragilidad, que se transforma en rompiente dolor (...)



Poeta negro

Poeta negro, un seno de doncella
te obsesiona
poeta amargo, la vida bulle
y la ciudad arde,
y el cielo se resuelve en lluvia,
y tu pluma araña el corazón de la vida.

Selva, selva, hormiguean ojos
en los pináculos multiplicados;
cabellera de tormenta, los poetas
montan sobre caballos, perros.

Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
el cielo afluye a las narices
como azul leche nutricia;
estoy pendiente de vuestras bocas
mujeres, duros corazones de vinagre.




Noche

Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
en la avenida una ventana
nos revela una mujer desnuda.

En los odres de las sábanas hinchadas 
en los que respira la noche entera
el poeta siente que sus cabellos
crecen y se multiplican.

El rostro obtuso de los techos
contempla los cuerpos extendidos.
Entre el suelo y los pavimentos
la vida es una pitanza profunda.

Poeta, lo que te preocupa
nada tiene que ver con la luna;
la lluvia es fresca, 
el vientre está bien.

Mira como se llenan los vasos
en los mostradores de la tierra
la vida está vacía, 
la cabeza está lejos.

En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande,
el mundo está atestado.

En cada aposento
el mundo tiembla,
la vida engendra algo
que asciende hacia los techos.

Un mazo de cartas flota en el aire
alrededor de los vasos;
humo de vinos, humo de vasos
y de las pipas de la tarde.

En el ángulo oblicuo de los techos
de todos los aposentos que tiemblan
se acumulan los humos marinos 
de los sueños mal construidos.

Porque aquí se cuestiona la Vida
y el vientre del pensamiento;
las botellas chocan los cráneos
de la asamblea aérea.

El Verbo brota del sueño
como una flor o como un vaso
lleno de formas y de humos.

El vaso y el vientre chocan:
la vida es clara
en los cráneos vitrificados.

El areópago ardiente de los poetas
se congrega alrededor del tapete verde,
el vacío gira.

La vida pasa por el pensamiento 
del poeta melenudo.