jueves, 2 de marzo de 2017

LA FLOR DE LA VIDA de HEBERTO DE SYSMO (por Isabel Alamar)


Elogio de la geometría sagrada











LA FLOR DE LA VIDA 

HEBERTO DE SYSMO

LASTURA, 2016






Según la Wikipedia, “la Flor de la Vida es el nombre que se da a una figura geométrica compuesta de 19 círculos completos del mismo diámetro y 36 arcos circulares que forman un conjunto de forma hexagonal, el cual se incluye a su vez en un círculo mayor. Los 19 círculos completos pequeños de la figura se solapan creando patrones radiales simétricos similares a flores. Este motivo y muchos semejantes han sido empleados desde la antigüedad y en todo el mundo como patrón ornamental para decorar toda clase de superficies”. A continuación una imagen de lo dicho, recogida también en esta conocida enciclopedia libre. Y como veréis examinando tanto la portada como el título elegido por el autor y el tema y motivos que aparecen en todo el libro, esta es la piedra angular sobre la que se erige todo el poemario.


En mi opinión, esta obra constituye una propuesta muy original y arriesgada que nos habla de la belleza del universo, y de muchas de las teorías científicas que han tratado de dar cuenta de él. Pero, ya lo sabemos que, en muchos casos, solo encontraremos aún sugerencias, atisbos y es porque ni siquiera la Ciencia ha encontrado todavía todas las respuestas de por qué las cosas son como son, pero sí las suficientes para demostrarnos que el mundo goza de sentido, belleza y sensibilidad, lo cual no es poco. Y que  nosotros somos una parte indiscutible de ese todo formando parte de él.

Un libro que contribuirá a abrirnos los límites de nuestra mente y nos dejará un buen regusto en los labios a trascendente, a sagrado y a querer saber más acerca de la Vida, también aludirá a lo especial, a lo esencial, a lo mágico, a lo sorprendente… Y es que en uno de sus poemarios  anteriores escrito por este autor y su amigo, Gregorio Muelas, La soledad encendida (Ultramarina editorial, 2015) ya nos introducía Heberto en el reconocimiento de la importancia de las pequeñas cosas, en su intensidad, autenticidad, en su fuego, en su llama. De hecho en una de las entrevistas, publicada en el blog de Elga Reátegui  de Sysmo nos confesaba sobre los  haikus: “El haiku ha supuesto para mí una increíble síntesis de lo monumental, teniendo en cuenta que su foco de atención va dirigido a lo mínimo, y que ese mínimo es el fractal que representa al todo”. 

En esta ocasión, retoma en solitario, en la última parte de este poemario,, de nuevo esta forma poética, puesta ahora al servicio de la Ciencia, en general, y de la geometría, en particular, para decirnos, cosas como las siguientes: en cada ser / pervive el geograma / del universo (p. 101). O: Flor de la vida / otorga tu perfume / sin jeroglíficos (p. 102). O: hacer aquello / para lo que nacimos… / Geometría (p. 105). O ya para finalizar este otro haiku:  Separa el éxito/ del fracaso… / un logaritmo (p. 127).


Por otra parte, en este interesante y peculiar recorrido acompañarán al autor, David Acebes, que es el responsable de todas las anotaciones que figuran a pie de página y que nos ayudarán a entender mejor el libro y las teorías que en él se plantean, así como a interpretar el sentido de cada poema, y también la ilustradora Vanesa Torres, autora p. e. de la sugerente portada en forma de corazón imperfecto, que alude quizá a una galaxia imaginada o soñada, donde tenemos formas de esfera y espiral, que no sabemos por qué pero han estado siempre, y que remiten sin duda al mundo espiritual y a uno de los sentimientos más poderosos de todos los tiempos: el amor.


De hecho, el amor a la Ciencia y a la Poesía conforman este poemario y quedan patentes sin duda en cada uno de los versos de este poemario. Un libro complejo, con un lenguaje plagado de términos científicos en el que aparecen algunas de las teorías más interesantes de la geometría, las matemáticas, la física o la astronomía, pero a la vez sencillo porque simplemente ha querido dejarnos claro en todo momento su autor lo maravillosa que es la Vida.

Isabel Alamar



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