lunes, 6 de marzo de 2017

LA LUCIDEZ DE ESQUIZO, de GRACIELA ZÁRATE CARRIÓ (Por Eduardo Velpu)







La lucidez de Esquizo
Graciela Zárate

Lastura, 2016










Una cita de Nietzsche abre La lucidez de Esquizo (Lastura, 2016), de Graciela Zarate:

Aquellos que eran vistos bailando eran considerados
Locos por quienes no podían oír la música.

Con ello, la poeta argentina desvela el quid, el tema principal que desarrollará a lo largo de 34 poemas que componen un libro que es una invitación a romper con lo que otros nos han hecho considerar normal. Porque La lucidez de Esquizo es el canto a una independencia bien entendida; no a una independencia solitaria y egoísta, alejada del sentimiento social, sino más bien a esa otra que ve en estar más allá del ‘rebaño social’ una oportunidad de ser auténtico, libre. Dese esa cita inicial queda claro: Zárate quiere empujarnos a pensar que tal vez los locos somos los que nos dejamos llevar por una vida que otros han inventado para nosotros. 

Lo dice así muchas veces su Esquizo, que ‘protagoniza’ y es voz de los versos:

Ahórrate el suplicio de ahogarte entre relojes
ahora que no sabes lo que ocultan
y no cuentes mentiras
escupe las verdades
aún tu corazón es flor, solsticio,
y se hace innecesario el ornamento.

La cordura, entendida como la capitulación ante lo que impone el mundo actual, es aquello a lo que se enfrenta la poeta: la cordura es un hecho pobre, lamentable. Vivamos pues en la locura, aunque ello nos condene a vivir en el plano de la incomprensión de los demás, parece decir en cada página.


A menudo los versos se tornan arenga para invitar constantemente al lector a despojarse de ataduras, a vivir como ese cuerdo-loco que todos hemos deseado ser alguna vez. Y se frustra al comprender que el miedo, que como seres sociales sentimos, gana a menudo la batalla: “Temes a cada trazo incomprensible/a cualquier tono nuevo en mi paleta/ a aquello que no puedes rotular ni apropiarte/porque no lo comprendes y no nombras;/porque no bautizaste/a nadie más allá de tu ‘cordura’,/de tu cordura escuálida,/de tu pobre cordura/de capital hazaña/que volar te prohíbe”. Por otro lado está la sensación de que, pese a los intentos, uno nunca deja de ser, en parte, ese monstruo social. Todos los esfuerzos son tiempo escamoteado: “No quiero ser el sordo que conceda/la omisión de palabras. Lengua sorda./Me niego a perdonar a los silentes,/colgaré sus orejas de pie en un campanario./No hay lección: se habla”

La lucidez de Esquizo es un poemario equilibrado que ha de leerse como un organismo complejo. Cada poema es una extremidad del mensaje, de la invitación, del impulso. Sin embargo, algunos de ellos destacan y se convierten en argumentos con entidad propia. Ocurre ya casi al principio, en el poema número 4:

Había test y señoras:
-¿Qué te gustaría ser si no fueses humano?
Los niños respondían: ser ave, ser avión o ser el viento.
Yo respondía ‘masa’
por intentar la suerte de sentir algún roce.

Mas si hubiera sabido de mi historia,
de mi triple futuro lamentado,
de mi piel cuyo tacto perdería,
hubiera dicho ‘fiera’.


La obra de Graciela convive, en esta edición de Lastura, con las ilustraciones de Paola Isabel Santos Sánchez, joven ilustradora melillense que aporta una obra centrada en el cuerpo, en su interior, en los conductos de la sangre. Tal vez el único lugar de donde puede surgir la fuerza para dejarse vencer por la locura.



Eduardo Velpu

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