domingo, 5 de marzo de 2017

RECORDANDO A ANNA AJMÁTOVA



RECORDANDO A ANNA AJMÁTOVA


Hace 51 años que Anna Ajmátova (Анна Андреевна Ахматова) falleció de un infarto en un sanatorio en Moscú. La poeta, cuyo oficio fue rechazado ya en su infancia por su padre (hecho que la impulsó a tomar el apellido de su bisabuela), está actualmente considerada como una de las figuras destacadas del acmeísmo junto a su primer marido, Nikolái Gumiliov, promotor de este movimiento. Estuvo nominada al Premio Nobel de Literatura en 1962 y un planeta menor lleva su nombre.


Sin embargo, en vida Ajmátova experimentó la injusticia tanto en lo personal como en lo profesional. Fue acusada en numerosas ocasiones de traición por cuestiones políticas, arrancada del lado de sus compañeros sentimentales (Gumiliov murió fusilado, Punin en un campo de concentración), deportada, amenazada y torturada a través de las repetidas condenas a su hijo. Además, fue acallada durante años por el régimen soviético debido al estilo de su voz poética, esto es: inútil para la revolución que estaba teniendo lugar en su país. Sólo tras la muerte de Stalin la escritora fue rescatada del ostracismo.


Anna Ajmátova, como tantos otros, empleó contra la opresión la mejor de las armas: la poesía. Por suerte para nosotros, su voz tantas veces silenciada y que representa en gran medida a quienes no se salvaron, puede seguir escuchándose hoy.



También por suerte, grandes poetas han traducido sus versos al castellano para que podamos leerla. Aquí os dejamos con una versión de María Teresa León:

Para muchos
Soy vuestra voz, calor de vuestro aliento,
El reflejo de todos vuestros rostros,
Es inútil el batir del ala inútil:
Estaré con vosotros hasta el mismo final.
Y por eso me amáis ávidamente,
Con todos mis pecados y flaquezas,
Y por eso me entregasteis sin mirar
Al mejor de todos vuestros hijos,
Y por eso no me preguntasteis
Por ese hijo ni una sola vez,
Y llenasteis con el humo de alabanzas
Mi casa ya vacía para siempre.
Y dicen que más estrechamente ya no es posible unirse
Y que más irreversiblemente ya no se puede amar…
Como la sombra quiere separarse del cuerpo,
Como la carne quiere separarse del alma,
Así deseo yo que me olvidéis vosotros.


Jesús García Gabaldón publicó una traducción de Requiem de la que os traemos dos fragmentos:


5

Diecisiete meses hace que grito.
Te llamo a casa,
me arrojé a los pies del verdugo,
hijo mío, horror mío.
Todo se ha enturbiado para siempre
y no puedo distinguir
ahora quién es el animal, quién la persona,
cuánto tiempo queda para la ejecución.
Y sólo hay flores cubiertas de polvo
y el tintineo del incienso, y huellas
desde algún lugar a ninguna parte.
y me mira fijamente a los ojos
y me amenaza con una muerte cercana
una inmensa estrella.

8

A LA MUERTE

Si has de venir ¿por qué no ahora?
Te espero. Me siento muy mal.
He apagado la luz y te he abierto la puerta
a ti, tan sencilla y asombrosa.
Toma para esto cualquier forma,
irrumpe como granada arrojada,
o furtivamente, con una pesa, como un bandido experto.
O envenéname con el tufo del tifus.
O con un cuento inventado por ti,
conocido por todos hasta la náusea,
Para que yo vea la punta del gorro azul
y al portero, pálido de terror.
Todo me da igual ahora. Humea el Yenisei
y resplandece la estrella polar,
y el último horror vela
el brillo añil de los ojos amados.



Natalia Litvinova, poeta querida que, además, aparece en nuestro CU4TRO, también ha traducido a Ajmátova. A continuación podéis leer algunos poemas como muestra:

No sé si estás vivo o muerto,
te podría buscar en la tierra
o penar claramente por un difunto
en el pensamiento nocturno.

Para vos todo: la oración del día,
y el calor abatido del insomnio,
y la bandada blanca de mis versos,
y el incendio azul de mis ojos.

Para mí nadie fue tan misterioso,
nadie me atormentó así,
ni el que me traicionó hasta la tortura,
ni el que acarició y se olvidó de mí.


¿Para qué envenenaron el agua
y con la suciedad mezclaron mi pan?
¿Para qué transforman
la última libertad en guarida?
¿Es porque no me burlé
de la desgracia amarga
de los amigos?
¿Porque le soy fiel
a mi triste patria?
Que así sea.
Sin verdugo y sin cadalso
no existiría el poeta sobre la tierra.
Para nosotros, camisas de penitencia,
ir y aullar con una vela.


La mujer de Lot

«Pero la esposa de Lot, miró hacia atrás
y se convirtió en un pilar de sal». 
                                    (Génesis)


Y el hombre justo caminaba por la montaña negra
detrás del mensajero de Dios,
enorme y brillante.
Y una voz insistente le dijo a la mujer:
no es demasiado tarde, todavía podés mirar
hacia las torres rojas de tu Sodoma nativa,
la plaza donde cantabas, el patio donde hilabas,
las ventanas vacías de las amplias casas,
donde diste a luz a los hijos
para tu esposo querido.
Miró, y encadenados al dolor mortal
sus ojos no pudieron ver más;
su cuerpo se hizo de sal transparente
y sus piernas antes veloces se adhirieron a la tierra.

¿Quién será el llanto de esta mujer?
¿Qué tanto vale esta pérdida?
Sólo mi corazón nunca se olvidará
a la que dio su vida por una sola mirada.





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