martes, 11 de abril de 2017

ARTESANO DE LA PALABRA (por Rodrigo De Sahagún)


ARTESANO DE LA PALABRA


No es fácil escribir sobre Guillóm, pues aún siento su partida muy cercana. Además de ser un entrañable amigo, fue mi maestro no sólo en la literatura si no en varios aspectos de la vida. Quiero contar no tanto de su obra, pues ese punto en particular lo podemos encontrar en sus más de 50 libros que nos dejó como un gran legado. Su conocimiento de varios temas, así como la adaptación de creación, pues manejó con gran maestría los principales géneros literarios: el ensayo, la poesía, la novela, la crónica y, por supuesto, el cuento, ello lo convierte en un escritor multifacético con una enorme sensibilidad hacia cualquier expresión artística. Aún recuerdo cuando trabajamos sobre una serie de textos que le habían encargado para una exposición de arte y cine en el que él tenía que dar su opinión y terminamos hasta el anochecer, pues la premura del encargo lo mereció. Yo me despedía de él, estaba cansado y sólo quería salir e irme a mi casa, apenas bajaba las escaleras cuando escucho que me llama, (era característico de Guillermo que siempre que terminaba la jornada laboral a él siempre se le ocurría enlistarte una serie de pendientes o platicar alguna anécdota que se alargaba algunos minutos) giré algo molesto, pero al percatarme que tenía lágrimas en los ojos, me contuve. Con una voz entrecortada me comentó: “Sabes, cuando me muera yo creo que lo que más voy a extrañar va a ser el arte, todo: la pintura, la música, la literatura, el cine. Creo que es lo que nos hace verdaderamente humanos”. Se limpió las lágrimas, se despidió de manera afectuosa y cerró la puerta. En ese momento me di cuenta de que Samperio no sólo era un buen escritor, era un artista que contemplaba la vida a flor de piel y entendí también el porqué, él mismo se autonombraba un artesano de la palabra.

            Quiero relatar, a grandes rasgos, cómo Guillermo gestaba sus textos, pues a lo largo de los casi 12 años que trabajé con él, me pude percatar que tenía varias técnicas para trabajar sus escritos. Lo cuento con la finalidad de que quizá alguna de ellas les pueda resultar funcionales y, además, conozcan esa parte del maestro. La primera técnica o método, como le quieran nombrar, que le conocí fue la libreta. Apuntaba en un cuaderno que cabía en el bolsillo de su camisa o pantalón, los temas que se le ocurrían, o bien, escribía una microficción sobre lo que estuviera viendo o sucediendo en aquel momento.

            Otro método era a través de los periódicos, a Guillermo le gustaba mucho los diarios con tinte amarillista que se venden en la ciudad de México, concretamente El Metro, pues también coleccionaba las chicas desnudas que ahí aparecen, aunque luego cambió a El Gráfico. En varias ocasiones, mientras leía estos diarios, Guillóm se desencajaba de risa, una carcajada ahogada y que contagiaba a cualquiera que la escuchase. Varios cuentos surgieron de los casos que ahí salían publicados, por ejemplo, el cuento de “Felipe, la boa” que aparece en el libro Al fondo se escucha el rumor del océano de Ediciones de Arte y Cultura, surgió de una nota donde narraban que a alguien se le escapó una boa conscriptor y ésta había matado al perro del vecino, pero en el cuento de Guillermo, la boa que además se llama Felipe, no sólo mata a un perro, sino que se come a un bebé, estrangula a una señora y crea tremendo caos en un pueblo.

            Y una de las técnicas que más utilizaba que a mi parecer era su favorita y de la que estoy convencido es la que lo posiciona como un gran maestro del cuento, era el de crear un texto a través de imágenes ya fueran fotografías o cuadros que adornaban su casa, principalmente en su recámara. Aunque también en su computadora guardó obras de sus pintores favoritos como van Gogh, Degas, Monet, Manet y Hopper, por mencionar unos cuantos. Sólo se sentaba frente al monitor y ahí permanecía mirando la imagen por varios minutos para después comenzar a escribir. Debo comentar que una gran cantidad de textos surgieron a través de esta técnica, recuerdo muy bien que el cuento titulado “La copa de aceitunas” que aparece en su libro Historia de un vestido negro, FCE, 2013, México, nació de un viejo folleto de la Plaza México pegado en una pared de su recámara.

            Debo comentar que los últimos años de Guillermo Samperio se fueron mermando debido a una condición neuronal que le fue disminuyendo su memoria. Es decir que olvidaba personas, nombres, o bien no recordaba lo que había hecho 5 minutos antes, aunque eso nunca le afectó sobre su capacidad de creación, pues hasta antes de su fallecimiento, él me dictó algunas anécdotas, microficciones y prosas poéticas. Pero en varias ocasiones le causó algunas desavenencias, pues personas que, al no saber de esta condición, creían que no los quería saludar o enfurecían cuando Guillóm les preguntaba su nombre 5 veces durante la plática. A pesar de eso, Samperio amenizaba la tensión con algún chascarrillo, pues su recalcitrante sentido del humor nunca lo perdió, al contrario, disfrutaba de hacer bromas cada vez más agudas y ocurrentes que siempre concluían en alguna anécdota chispeante.

            La mejor manera para homenajear a un escritor de la talla de Guillermo Samperio es leyendo sus obras y una vez que conozcamos parte de su vasta obra, recomendarla, difundirla para que las nuevas generaciones conozcan a un escritor que, en palabras del mismo Hernán Lara Zavala: “Era el equivalente a Cortázar y a Arreola en términos de la imaginación, del cuento fantástico, del cuento ultracorto”. Samperio es un autor esencial para la literatura mexicana del siglo XX y XXI, porque en sus cuentos encontraremos propuestas fantásticas y una narrativa con alma combativa y revolucionaria. Larga vida al querido Guillermo Samperio, maestro y artesano de la palabra.



Rodrigo De Sahagún



Rodrigo De Sahagún  nació en la Ciudad de México en 1978. Cursó la licenciatura de Letras Modernas Italianas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Ha sido colaborador de revistas como Postal 57 de Querétaro, Boulevard 121 y El Blasón Zamorano de Zamora, Michoacán. También ha publicado en Siempre! y alguna vez apareció un cuento suyo en la sección cultural del periódico El Financiero. Fue seleccionado por parte del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en México, auspiciada por Unesco y Unicef, para impartir Círculos de Expresión Literaria en escuelas públicas (Conalep y Cetis), como parte de un programa que tenia la difícil tarea de acercar a la juventud a la literatura y a la lectura, llamado “ImaginaT”.
Trabajó como corrector de estilo en la revista Onexpo, fue subdirector de la Fundación Cultural Samperio, A.C.; colaboró como redactor y corrector de estilo en Grupo Editorial Tomo y para la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM.


No hay comentarios: