domingo, 9 de abril de 2017

EL CUARTO DOBLE Y EL MAL VIDRIERO DE BAUDELAIRE


EL CUARTO DOBLE Y EL MAL VIDRIERO
DE BAUDELAIRE



Charles Baudelaire es conocido sobre todo por sus poemas, pero hoy queremos hablar de esas composiciones en prosa que han venido llamándose El esplín de París. El libro, compuesto de cincuenta textos, fue publicado póstumamente en 1869, aunque algunos relatos habían aparecido publicados en revistas de la época. Se la considera una obra precursora del Simbolismo, que influyó en autores como Mallarmé, Tristan Corbière o Rimbaud.


El título se debe a que cuatro de estos textos se publicaron con tal nombre en el diario Le Figaro. Originalmente se llamaron Pequeños poemas en prosa, y aunque todos tienen independencia en cuanto al resto (es decir, no hay una continuidad como en Las Flores del Mal), hoy vamos a hablar de dos de esos textos para recordar a Baudelaire en el aniversario de su nacimiento: El cuarto doble y El mal vidriero.


La primera persona que vi en la calle fue un vidriero, cuyo pregón, penetrante, discordante, subió hacia mí a través de la densa y sucia atmósfera parisiense. Imposible me sería, por lo demás, decir por qué me acometió, para con aquel pobre hombre, un odio tan súbito como despótico.

El mal vidriero

“Un cuarto que parece un desvarío, un cuarto verdaderamente espiritual, donde la atmósfera estancada está ligeramente teñida de rosa y de azul. El alma allí toma un baño de pereza, aromatizado por el remordimiento y el deseo. Hay algo de crepuscular, de azulado y de rosado, un delirio de deleite durante un eclipse.”

El cuarto doble


Elisa Alaya hacía referencia a estos dos poemas en prosa en un artículo de nuestra sección HOY FIRMA que hoy queremos recordar en LGC, titulado precisamente como estos dos textos de Baudelaire.



Cuando iba de visita a casa de mis abuelos siempre terminaba por instalarme en una de las habitaciones, transformándola en un refugio donde pasar las tardes interminables de mi infancia. No sé muy bien a partir de qué momento, uno de los juegos de sábanas de mi abuela se convirtió en mi gran obsesión arquitectónica para llenar el espacio sin tiempo de la hora de la siesta (…) Al leer a Baudelaire, El cuarto doble me recuerda a esos días, al olor a polvo y detergente, a algodón, a pana y a lino; a la obsesión por construir un mundo a mi medida dentro de otro que me atrae y me decepciona al mismo tiempo.



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