viernes, 7 de abril de 2017

GABRIELA MISTRAL: ESA LOCA MUJER



En Chile su figura es recordada, siempre y como elemento más importante, por su labor pedagógica. Hoy, desde aquí, estamos para recordar, cuando no reivindicar, su figura como poeta. Como la poeta por antonomasia que nos viene a la cabeza al pensar en el postmodernismo.


Lucila de María Godoy Alcayaga, más conocida como Gabriela Mistral gracias a su particular manera de homenajear a Gabriele D'Annunzio y Frédéric Mistral, nació hace hoy 128 años, tiempo suficiente para que su legado poético haya calado hondo en las sucesivas generaciones.

Realizó un trabajo innegable como educadora en su país que le valió convertirse en personaje abanderado -no siempre sin intereses políticos- de Chile. Igualmente innegable es su trabajo como escritora, no en vano es la autora del poema más bello dedicado a su patria, a la que amaba sobre todas las cosas: Poema de Chile. A pesar de ello, ejerció de cónsul en distintos puntos de Europa y América. Se hizo universal en 1945, cuando recibió el Premio Nobel. De los últimos años de su intimidad, definitivamente instalada en EEUU con Doris Dana, da testimonio el documental Locas mujeres.



Como sea, pensamos que lo que ha de perdurar y perdura es su obra. Por eso os dejamos con una pequeña muestra: siete poemas que no le hacen justicia y que deben servir sólo como invitación para profundizar en su escritura.




EL VASO

    Yo sueño con un vaso humilde y simple arcilla,
que guarde tus cenizas cerca de mis miradas;
y la pared del vaso te será mi mejilla,
y quedarán mi alma y tu alma apaciguadas.
    No quiero espolvorearlas en vaso de oro ardiente,
ni en la ánfora pagana que carnal línea ensaya:
sólo un vaso de arcilla te ciña simplemente,
humildemente, como un pliegue de mi saya.
    En una tarde de éstas recogeré la arcilla
por el río, y lo haré con pulso tembloroso.
Pasarán las mujeres cargadas de gavillas,
y no sabrán que amaso el lecho de un esposo.
    El puñado de polvo, que cabe entre mis manos,
se verterá sin ruido, como una hebra de llanto.
Yo sellaré este vaso con beso sobrehumano,
y mi mirada inmensa será tu único manto!
 
LA COPA

Yo he llevado una copa 
de una isla a otra isla sin despertar el agua. 
Si la vertía, una sed traicionaba; 
por una gota, el don era caduco; 
perdida toda, el dueño lloraría.
No saludé las ciudades; 
no dije elogio a su vuelo de torres, 
no abrí los brazos en la gran Pirámide 
ni fundé casa con corro de hijos.
Pero entregando la copa, yo dije 
con el sol nuevo sobre mi garganta: 
-"Mis brazos ya son libres como nubes sin dueño 
y mi cuello se mece en la colina, 
de la invitación de los valles."
Mentira fue mi aleluya: miradme. 
Yo tengo la vista caída a mis palmas; 
camino lenta, sin diamante de agua; 
callada voy, y no llevo tesoro, 
¡y me tumba en el pecho y los pulsos 
la sangre batida de angustia y de miedo!



YO NO TENGO SOLEDAD

Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!
Es el cielo desamparo
si la luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!
Es el mundo desamparo
y la carne triste va
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!



LA QUE AGUARDA
Antes del umbral y antes de la ruta,
aguardo, aguardo al que camina recto
y avanza recto mejor que agua y fuego.
Viene a causa de mí, viene por mí,
no por albergue ni por pan y vino,
a causa de que yo soy su alimento
y soy el vaso que él alza y apura.
Del bosque que lo envuelve en leño y trinos,
y sombras temblorosas que lo trepan,
se arranca, y viene, y llega sin soslayo,
porque lo trae mi rasgado grito.
Va pasando las torres que lo atajan
con sus filos de témpanos agudos
y llega, sin salmueras, de dos mares,
indemne como en forro y vaina de honda.
¡Y ahora ya la mano que lo alcanza
afirma su cintura en la carrera!
Y saben, sí, saben mi cuerpo y mi alma
que viene caminando por la raya
amoratada de mi propio grito,
sin enredarse en el fresno glorioso
ni relajarse en las densas arenas.
¡Cómo no ha de llegar si me lo traen
los elementos a los que fui dada!
El agua me lo alumbra en los hondones,
me lo apresura el fuego del poniente
y el viento loco lo aguija y apura.
Vilano o pizca ebria parecía;
apenas era y ya no voltijea,
nonadas de la niebla lo sorbían
desbaratando su juego de mástiles
y sus saltos de ciervo despeñado.
Del bosque que lo envuelve en sus rumores
se suelta y ya se viene sin soslayo.
Viene más puro que disco lanzado;
más recto vuela que albatros sediento
porque lo trae mi rasgado grito
y el grito mío no se le relaja
ciego y exacto como el alma llega.
Abre ya, parte, el matorral intruso
y todavía mi voz enlazada
con sus cabellos el paso le aviva.
Y al acercarse ya suelta su espalda;
libre lo deja y se apaga en su rostro.
Pero mi grito sólo sube recto,
su mano ya cae a mi puerta.

HALLAZGO DEL PALMAR

    Me hallé la mancha de palmeras.
Reina tan dulce no me sabía.
A la Minerva del pagano
o a la Virgen se parecían.
Les dieron el mayor cielo
-de verlas tan dignas sería-
Les regalaron los veranos
y ramos de Epifanía;
y les dijeron que alimentasen
al Oriente y la raza mía.
Yo les gozaba, les gozaba
los cogollos de su alegría.
-Denme el agua fina, les dije
y la miel de mi regalía
y la cuerda que dicen recia
y la cera que llaman pía,
(el agua de otro bautismo,
la miel para amargo día,
la cuerda de atar las fieras,
las ceras de mi agonía,
que me puedo morir de noche
y el alto cirio llega al día ... ).
    Yo les hablaba como a madres
y el corazón se me fundía.
Yo me abrazaba a las cuelludas
y las cuelludas me cubrían.
Las palmeras en el calor
eran géiseres de agua viva;
se mecían sobre mi cuerpo
y con mi alma se mecían.


LUZ DE CHILE

¿Qué tendrán las piedras pardas
y los pedriscos y el légamo
que al más cascado lo llevan
alácrito de ardimiento?
Es como que el Valle hace
de camino y de viajero
y nos lleva liberados
de jornada y de aceceo.
La luz viva travesea
a donaire y devaneo
y da mirada de amante
rica de descubrimientos.
Prendidos a lo que amamos
vistas ni aromas perdemos
y por la luz que tuvimos
de muertos seguimos viendo.
Hermana loca la Ruta,
Madre Luz y Padre el Viento,
y tu Norte aventurero
no me faltéis que voy sola
con un huemul y un pergenio.
Lleva un lindo trotecito
el ciervo en Abel contento
y el Valle se nos anima
de sus locos corcoveos.
Por fin la sonrisa sube
al indio en corto chispeo
y a los tres ya no les pesa
el mundo que recibieron.
La luz del Valle Central
es la que nos da ardimiento,
hace ver el maizal
en muchachada que danza
y las melgas de frijoles
son un baile de muchachas.
Ella muda el nisperal
en cargazón de luceros;
de la higuera hace matrona
inmóvil por regadora;
de cada piedra hace otra
que es Reina y camina...



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