jueves, 20 de abril de 2017

PEQUEÑA RETROSPECTIVA DE LA PUESTA EN ESCENA de JOÃO RASTEIRO (por Jesús Cárdenas)


ACTORES EN LA ESCENA COTIDIANA






PEQUEÑA RETROSPECTIVA DE LA PUESTA EN ESCENA

JOÃO RASTEIRO

Lastura, 2014







Con Pequeña retrospectiva de la puesta en escena, edición bilingüe español-portugués, publicada en 2014 por la editorial manchega Lastura, consigue una de las principales voces de la poesía portuguesa contemporánea acercarnos a su discurso poético con poemas espigados de sus diferentes entregas líricas.


Desde el propio título del libro el poeta, João Rasteiro (Coimbra, 1965), se presenta como actor de las escenas cotidianas de la vida que pululan en un tiempo pasado, como se indica en la cubierta “(2001-2014)”. Esos lapsos temporales quedaron, de alguna manera, retenidos en la memoria hasta ser filtrados y depurados en distintos poemas. En ellos trata el autor de indagar en la existencia del ser entre la palabra y el hueso, dualidad que podría alcanzar a la flor y la roca, al cuerpo y al espíritu.

El discurso poético de Rasteiro, gran conocedor de la poesía, pretende un lector que se inmiscuya para ahondar donde el poeta se muestra transmutador, alquimista y sacerdote de la palabra, incansable hasta conseguir la esencia, una vez sometida a los rigores de la condensación y precisión («He de recorrer todos los jardines sagrados»). Cada poema es una particular estancia dedicada a un poeta concreto donde el tiempo se muestra implacablemente vertiginoso, expresado con un tono reflexivo, con tensión narrativa, una dosis de ironía y un léxico altamente destilado («Vosotros, pardos pájaros urbanos /escrupulosamente decretados inútiles / del oráculo de los días»). Así, consigue el poeta atraparnos. Cito, como ejemplo de lo dicho, estos dos poemas porque son eje testimonial de la obra del poeta portugués: «El amor es un perro del demonio» y «Los astros de K.».

El sujeto poético admite su frustración: imposible sostener la lucha contra el tiempo («nos hace falta urdir sutilmente el tiempo»). De este modo, el ser humano, temporal y finito, «después de una desnuda travesía», nada puede hacer salvo emplear la palabra, hallar la «luz», «el idioma donde se coagula el agua»; y en otra ocasión, la palabra tiene una función genésica: ser el origen de todo, el Verbo primero: «vive el arca que llegues a alcanzar construir / y una sola palabra, en la distancia de tu horizonte». Así, de metáfora en metáfora, hasta la metonimia «No soy sino la mano que escribe». Y, junto a la palabra, el amor, frente al fluir temporal, donde tan solo queda seguir el consejo dado por el poeta: «Ama, tan solo ama, si el futuro te angustia». No sólo el amor, sino el deseo o el sexo combatirán, aliados, contra la rueda del tiempo. Esas serán las armas por las que el verso de Rasteiro logra trascender sin renunciar a lo íntimo frente al desasosiego y al materialismo. Así, dice Rasteriro en el poema “Iniciación”: «En agonía se precipitaron sobre las casas / y se cosieron con cal / por el corazón irreconocible de la piedra».

Su poesía contiene multitud de guiños al lector en lo que se considera intertextos, por lo que muestra el gusto del autor hacia determinados autores o la asimilación de lecturas que sirven de complemento a sus poemas. No en vano, Rasteiro es un gran lector de poesía portuguesa, española y brasileña, entre otras. Por los poemas se dejan caer versos de Bukowski, Dante, Herberto Helder, Saramago… En realidad, son otras máscaras que Rasteiro emplea. En esa urdimbre se encuentra su voz autónoma sin resquebrajarse. Así la primera estrofa que conforma el poema “Lengua de la poesía”: «Ahora que eres rechazo y cicatriz de sal y llanto / es el momento en que las tristes arias de los dioses / se confinan a la cadencia que se interioriza antorcha». Con objeto de que el poema sea más ágil, el poeta de Coimbra emplea cuatro versos encabalgados y algunas estructuras paralelísticas, como puede observarse en el poema «Testamento apócrifo de los líquidos».

Según los poemas representados en Pequeña retrospectiva de la puesta en escena, vemos que la trayectoria poética, a pesar de utilizar motivos similares, la poesía se ha ido depurando desde los versos narrativos hasta el uso de un verso más breve y cortante. Lo mismo podría decirse del ritmo, que, cada vez, se va marcando más. Destacaría, sin embargo, el ritmo entrecortado del poema de una cincuentena de versos, «El baile de las madres», muestra de emoción y dolor contenido.

En definitiva, en este magnífico libro, Rasteiro demuestra que la poesía no depende la norma prosódica sino de la capacidad para desnudar la realidad y convertirla en una combinación de palabras y conceptos que, por sí solas, eran acantilados separados. 


Jesús Cárdenas

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