jueves, 4 de mayo de 2017

HIJO de RAÚL QUINTO (por José Daniel Espejo)


HIJO, DE RAÚL QUINTO: 
LA COSTA DEL PAÍS DE LA IRONÍA





Hijo 
Raúl Quinto
La Bella Varsovia, 2017












Con Hijo, Raúl Quinto vuelve a poner en marcha un mecanismo literario tan inclasificable como propio, una incursión por una tierra de nadie entre la poesía, la prosa, los estudios culturales y la filosofía que empezamos a asociar con su nombre, tras Idioteca (El Gaviero, 2010) y Yosotros (Caballo de Troya, 2015). El característico fraseo de Quinto pespuntea con agudeza materiales heterogéneos, entre la sociología y el sueño, para armar artefactos de apabullantes complejidad y virtuosismo. Una vez más, la caótica (pero tremendamente sugestiva) forma del autor de habitar la cultura, llenándola de túneles insospechados para conectar puntos luminosos, sirve de motor para un viaje literario de gran envergadura.

Quinto es uno de esos raros autores de nuestro panorama que parte de una probada solvencia literaria para afinar la mirada hacia la sociedad que lo rodea, y no al revés. En este sentido, Hijo es un paso plenamente coherente con los anteriores de su proyecto: si Idioteca comenzaba introduciendo al lector en una sala a oscuras para emprender una reflexión crítica sobre el solipsismo amniótico de la cultura occidental, Yosotros proponía repensar las posibilidades de lo colectivo, siempre con el respeto hacia la heterogeneidad en mente, siempre aceptando la tensión entre las identidades individual y comunitaria, pero partiendo de aquello que T.S. Eliot llamaba correlato objetivo, y que no es otra cosa que el pacto entre la literatura y la sociedad en que ésta se manifiesta.


Hijo, y en esto emparenta con otros títulos recientes que también se inspiran en la impugnación política y social que viene marcando nuestra década para aventurar un replanteamiento de lo personal (que, recordemos, sigue siendo político), lleva ese malestar en la cultura postmoderna a un límite: la paternidad. La perplejidad (sin duda una palabra clave del libro) ante el hijo, ante el hiato abierto entre la sangre, por un lado, y el lenguaje, las herramientas de análisis, el bagaje cultural, por otro. Todo debe reordenarse para hacerse transmisible, para hacerse traducible, para hacerse trascendente. El temblor de esta operación a vida o muerte convierte Hijo en un libro insólito en nuestras coordenadas y lo dota de un lenguaje que busca las esencias a pesar de sí mismo, de su (nos advertía Zagajewski) casi incurable ironía. Mientras existan estas apuestas, no nos resignaremos a nada menos. Y estoy hablando, aunque no lo parezca, estrictamente de literatura.


José Daniel Espejo



*Pincha aquí para leer la entrevista a Raúl Quinto.






No hay comentarios: