lunes, 26 de junio de 2017

BREVIARIO DE LO INCIERTO, de ARTURO HERNÁNDEZ (por Enrique Amado Ruiz)



BREVIARIO DE LO INCIERTO:
POESÍA DE LA SABIDURÍA









Brevario de lo incierto

Arturo Hernández


Editorial Nueva Luz 21, 2017











Apenas un puñado de poemas del maestro Arturo Hernández se había publicado en revistas, leído en la radio y aparecido en pequeñas antologías dispersas por algunos países hispanoamericanos, cuando comenzaron a aparecer además ensayos y artículos de este poeta colombiano. Muchos de sus lectores dirigimos desde entonces nuestra mirada hacia ese nuevo momento de creación y creatividad. Arturo Hernández se volvió sinónimo de exactitud y de lirismo, al mismo tiempo que de erudición y de crítica. Desentrañaba por aquel entonces, las novedades literarias como la poesía del colombiano Horacio Benavidez o la del español Antonio Agudelo. Sus entregas también se sucedían para iluminar la obra de algún escritor como el “filósofo de Otraparte” Fernando González o para insuflar con solemnidad el recuerdo de un fallecido reciente, como el poeta Yves Bonnefoy. Siguieron,a esos escritos, algunos de sus cuentos y ensayos más celebrados y luego, se anunció que su poesía reunida aparecería finalmente en un libro titulado Breviario de lo Incierto.


Su Breviario, un libro de algo más de cincuenta poemas, ha sorprendido a la crítica por el uso brillante de las palabras y por la acomodación rítmica que construyen una música mística en torno a un estribillo de claridad y certeza. Es poco común que un poeta alcance una calidad estética tan alta desde sus primeras obras, pero esto resulta después de una considerable reflexión sobre la poesía que Hernández ha desarrollado en sus escritos desde hace una década.

El título de este poemario es explosivo y sobrio. Sus poemas poseen configuraciones métricas complejas y ritmos vanguardistas que demuestran la influencia de poetas como Cesar Vallejo y Juan Gelman. Pero lo más singular del libro, es el vínculo que reanima entre la poesía y la filosofía. El ánimo dialectico de los versos confunde por la versatilidad y la coherencia que Hernández imprime a las ideas. Sus pensamientos sobre la existencia le hablan a la persona que vive en él y ésta le responde con poesía. Equiparable a los grandes logros de Ángel González y José Ángel Valente, la poesía de Arturo Hernández es una mística posmoderna encarnada en la meditación de la filosofía.

No hay en el Breviario discusiones inútiles sobre “lo poético” de nuestro tiempo, como ocurre en muchos libros que pertenecen al “clima generalizado de conformismo y resignación de las letras actuales”, como advierte Jorge Fernández Gonzalo (2011). No es que el maestro Hernández escape a la vulgaridad de los temas que aparecen hoy en la mayoría de los libros de poesía, sino que es ajeno a la modulada simpleza que otros han querido insertar por la fuerza en la poesía.

El olvido es un tema central en este libro que desde siempre nos recuerda que el hombre es sensible y frágil y que nuestra existencia está al margen de lo infinito. Sacraliza por otra parte la relación que tenemos con la lectura en su primer poema, titulado ´Prólogo´ y nos abre las puertas de su universo literario, con versos tan logrados que no podemos más que considerarlo desde su primera lectura, como uno de los poetas más conscientes de su lírica y de su pensamiento que haya producido la época actual. Nos dice: “el corazón es líquido y el tiempo lo desgarra”, a la vez que exclama poderosamente: “comparto el destino de las crepitaciones”.

Arturo Hernández es el autor más hondo y más luminoso de nuestra lengua. Poetas como Hernández o como el maestro Antonio Gamoneda, cuyos versos interpretan la soledad y el olvido, pertenecen a esa extraña raza de poetas en los que siempre está presente la poesía y la filosofía, elemento que en otros destaca solo por su ausencia.

La sabiduría innegable de un poeta dueño de sí con tanta hondura como Hernández recae en que ha sabido encontrarse en la soledad y abrigar allí una consolación demoledora: “Ante la vasta consolación de mis palabras / un poco de silencio limpiará mis llagas”.


Enrique Amado Ruiz



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