jueves, 1 de junio de 2017

HOY FIRMAN: LOS LECTORES DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ


ÁLVAREZ: 
EL LATIGAZO IMPREVISIBLE DE LA BELLEZA





Inspiración. Modelo de coraje y libertad. Emoción. José María Álvarez y su obra  han sido y son para mí un importante hito en cuanto a los no demasiado numerosos autores que han ayudado a cambiarme la vida. Es uno de esos infrecuentes casos en que desde las primeras líneas que lees sientes una sintonía y una afinidad espiritual difícil de describir, sintiendo un afán de leer más, de devorar cualquier cosa que haya salido de su pluma. Obra que me ha entrado en el alma y que me acompañará hasta el final, haciendo mi vida mejor y más rica, más digna de ser vivida.


MIKEL ORMAECHE


El verano antes de cumplir diecisiete años un vecino acababa de regresar de Barcelona con un libro titulado El escudo de Aquiles. Quiso prestármelo como un objeto excelente y de gozoso descubrimiento. “Lo he comprado allí, pero el autor es de Cartagena”, dijo con curiosidad. Me fui a casa y, tras la cena, lo abrí, lo devoré y lo releí hasta bien entrada la madrugada. Nunca olvidaré esas horas primeras en las que noté, conforme iba desflorando páginas, que un escritor se hacía mi amigo. Por fin encontraba un autor vivo, encima paisano, cumpliendo todas las cualidades que un aprendiz le atribuía al perfil mitologizado de un poeta europeo.

En seguida investigué y supe de la importante antología de Castellet, del monumento que era Museo de cera, aún en construcción por los primeros años 90, y supe de mil anécdotas y leyendas que rodean al personaje de Álvarez, pero todas ellas, las ensalzadoras y las degradantes, se me antojan secundarias o terciarias, no les doy la más mínima importancia. Hoy quiero celebrar con Álvarez la herencia cultural que nos ha regalado: el latigazo imprevisible de la belleza, el oro de la visión humana.
Gracias.

JUAN DE DIOS GARCÍA


José María Álvarez nos ha enseñado a  disfrutar de otro modo, con  todos los sentidos,  ciudades como París, Roma, Venezia o Istambul, espacios donde el tiempo se detiene y que son el último refugio de un exiliado en el Arte. Y nos ha enseñado a perder el tiempo, esa maravillosa ociosidad que ahora está tan mal vista, por improductiva.  

La emoción que embarga a este diletante ante determinadas páginas de Montaigne o de Casanova o al escuchar un madrigal de Monteverdi o un aria de Mozart es, con seguridad, también deudora de la impronta alvareziana. Y es que la obra de José María Álvarez se ha ido estructurando para las posteriores generaciones en una suerte de educación sentimental y tengo el convencimiento pleno de haber aprendido de él muchas más cosas de las que ahora mismo soy consciente. 

JUAN LOZANO


José María Álvarez representa el cosmopolitismo, el carácter individualista, la coherencia entre el gusto por la belleza sin fronteras y el liberalismo político, la sensualidad, la gratitud por los prodigios cotidianos. Con todo ello construye su muro contra las vulgaridades que rechaza.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI


Hay una nómina reducida de poetas a los que uno llega antes o después. Cuando llegan, se quedan. Para bien o para mal. Si nos adentramos en ellos demasiado temprano puede ser perjudicial para la salud. Les pasa, por ejemplo, a muchos al tropezar con Bukowski o Leopoldo Mª Panero antes de los 18, que luego se jartan a porros y dicen que es para medir eneasílabos (como si un eneasílabo pudiera medirse – el eneasílabo te sale o no te sale).

Yo llegué a José María Álvarez justo a tiempo. Trapicheando por una biblioteca. Ni siquiera sabía quién era Castellet ni quiénes eran los novísimos. Me sorprendió que fuera de al lado de casa. Luego tuve la fortuna de conocerle y hablar con él de vez en cuando, siendo un pipiolo. Eso ayuda mucho. Te salva de caer en muchas tentaciones insalvables.
Solo recomendaré un libro suyo: “Museo de Cera” [en su última edición, a ser posible].

ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA



Al margen de festivales mainstream, de ferias de «alta costura» y de la repercusión mediática en manos de unos medios que ignoran lo que no es institucional, al margen de todo habita la poesía. El descubrimiento de la monumental obra de José María Álvarez supuso para nosotras, en estos tiempos en los que cualquier cosa es considerada alegremente poesía, una luz casi cegadora. Nos deslumbró comprobar lo pulido de cada uno de sus versos, lo brillante. Lo actual, también, a pesar de lo que pueda pensar la chiquillada que hoy publica páginas ingentes —e indigeribles—. Conocimos más tarde su voz y su persona, no con menos estupor, cuando le invitamos a leer su obra en Alicante, por primera vez en toda su carrera, en 2015. Aquel inolvidable 29 de abril nos encontramos en la librería que fuera nuestra segunda casa con un Álvarez más joven que nunca, que levantó la voz para ofrecernos en una sala pequeña pero entregada uno de sus recitales más completos. Para hacer de nuestra ciudad un lugar cultural y artísticamente más habitable. Para hacernos, como nos hizo, felices. Con esa juventud y amor a lo sublime nos hizo (y nos hace) mejores. El público nos agradeció que hubiéramos traído al novísimo y nosotras agradecemos todavía que aquello fuera posible. Después de ese encuentro se ha sucedido alguno más donde la huella dejada ha sido tanto o más profunda que en aquel primigenio, y al volver ahora a ellos nos damos cuenta de que esa huella permanece. Ojalá se nos brinde la oportunidad de organizar de nuevo una lectura como aquella.


CARMEN JUAN
SARA J. TRIGUEROS




José María Álvarez es consciente de la deuda que tenemos con el pasado y a ello dedica su escritura. Sus textos están cargados de dignidad, justicia y honor. Una reflexión desde su perspectiva sobre aquello que queda de digno en la humanidad. José María Álvarez es la defensa del arte y la belleza. Es un canto necesario a la contemplación. Sus líneas nos demuestran que todavía hay esperanza y que la vida merece la pena. Siempre lo he leído como una forma de reconciliarme con el mundo buscando las palabras que ordenan los pensamientos de mi cabeza, porque él consigue que el lenguaje alcance ese estatus trascendental que hace que la poesía sea poesía y no otra cosa.

SAMUEL JARA 





Ya nos lo decía Roy Batty: “Es duro vivir con miedo, ¿verdad? En eso consiste ser esclavo”, mientras sus momentos increíbles se perdían como lágrimas en la lluvia. Cuando uno se encuentra ante la obra de José María sabe que está antela obra de un elegido, un héroe, superviviente de las llamas de los soles que vio Ulises, testigo de otros mundos que, aunque perdidos para siempre, llegan evocados por su poesía y su presencia viva en salones, en terrazas, en murallas y carnes, en ciudades arrastradas por el fulgor de la Belleza y las brasas de imperios perdidos que nos llegan a través de él como de un pájaro herido por los sabios que le han alimentado toda su vida a lo largo de cincuenta años desde la publicación de su primer libro de poesía. Porque con él es tiempo de vivir, porque en él está la mirada desconfiada y vitalista de un espíritu libre que ha visto cosas que vosotros no creeríais, un ser único que se sale de este mundo para contemplar mejor que nadie su grandeza, su desilusión. 

En él habita, lector, un testimonio vivo y cuerdo de lo maravilloso que fue casi todo, y lo inolvidable que resulta en los versos de quien te invita a beber y recordar el pasado. Y no ser esclavos de nada ni de nadie, solo del recuerdo y el testimonio de una voz que, como la de Shakespeare, nos da consuelo con sus versos. ¿Eres tú uno de ellos?

JOAQUÍN BAÑOS RUBIO




Una vez, en París, alguien le dijo que lo había tenido muy fácil, que siempre se había mantenido ajeno a ciertas cosas de la vida cotidiana que son importantes, como dando por hecho que su ignorancia ante las cosas triviales le aseguraba la felicidad. Y él, con absoluta entereza y convencimiento, fijando su mirada penetrante y haciendo un ademán con la mano, le respondió: "Y para estar donde estoy he tenido que renunciar a otras muchas cosas". 



Creo que es un buen ejemplo de lo que José María representa. Siempre digo que hay dos cosas que vertebran mi existencia, y una es precisamente su forma de mirar el mundo, su estar aquí -sea donde sea-, su contemplación de la belleza, su actitud ante el absurdo. Imposible separar hombre y obra, se convierte -a poco que uno sepa mirar más allá- en un ejemplo de fidelidad a sí mismo, en la honestidad en su máximo grado. Más que un Maestro, más que un amigo, más que un poeta, siempre buscando el oro. 
Gracias por todo, José María.

NOELIA ILLÁN CONESA



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