domingo, 11 de junio de 2017

LITERATURA Y CINE: EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES


EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES


Jessica Lange, Jessica Lange… ¿Hay una mujer más hermosa? Quizá Bellucci, o Deneuve, o la Taylor… Pero las medias de Jessica Lange en El cartero… Ah, esas medias…

La primera vez que la vi yo era una cría, de esas veces que haciendo zapping la pillas por la tele y te quedas viéndola. Según entendí, ya había sucedido la famosa escena tórrida de la mesa, quizá lo único que yo sabía de aquella película, y años más tarde, ya viviendo sola, me la descargué para verla entera. Fue una época en la que me dio por ver este tipo de clásicos “subidos de tono” o que entraban en esa categoría de “erótico”, como “El último tango”, “Fuego en el cuerpo” o “Lunas de hiel”. Hace poco, en una tienda de segunda mano que suelo visitar, me topé con la novela de “El cartero” y por un par de euros me hice con ella. No la había leído y me despertó la curiosidad, pese a que la película no está entre mis favoritas.

La novela (“The postman always rings twice”) de James M. Cain se publicó en 1934, y desde ese momento se sucedieron varias adaptaciones: la primera fue la francesa "Le dernier tournant" en 1939; en 1943 llegaría la película italiana de Visconti, “Ossessione”, más una historia de amor que cine negro; en 1946, la famosa versión americana de Tay Garnett con Lana Turner titulada “El cartero siempre llama dos veces”; en 1981, la versión de Bob Rafelson con Jack Nicholson y Lange del mismo título; en 1982 una ópera de la que poca información he encontrado, salvo que es el mismo tema con música de Stephen Paulus; en 1998 la versión húngara, “Pasión”, de György Féher; finalmente, en 2004, desde Malasia tenemos Buai laju-laju”, dirigida por U-Wei Haji Saari (una película de bajo coste cuyas similitudes con las versiones norteamericanas parece ser que son pura casualidad). Me centraré en las versiones de Garnett (1946) y Rafelson (1981).

Vayamos a la historia: Frank, un buscavidas, entra a comer en un local en medio de la California rural en plena depresión económica americana. Aunque al principio rechaza el trabajo que le ofrecen, finalmente termina trabajando allí, dado que poco tiene que perder y la mujer del dueño del local es un argumento de peso para quedarse. El dueño del local, Nick, es un griego casado con Cora, una atractiva mujer (mucho más joven que su marido y asqueada del mundo que le rodea), que pronto se dejará seducir por Frank. Con la intención de mejorar su situación, planean la muerte de Nick. Tras un intento fallido, lo conseguirán, y Cora se queda el local como única propietaria. Descubierto el muerto, se suceden una serie de tácticas por parte del fiscal del caso para inculpar a ambos pero, aunque intenta enfrentarlos para que confiesen, la jugada le falla y Frank y Cora salen inocentes del juicio. Una vez calmada la situación (aunque la culpa, las sospecha y la falta de confianza siempre estarán presentes en su relación), deciden crear un futuro común, pero el destino les depara un duro golpe al final de la historia. Aquí no hago spoiler, pero más abajo sí.

La principal diferencia con la novela es que en la película del 81 sí es culpable Frank, pero la muerte de Nick fue un accidente y no debe cumplir condena, además de esa voz en off que sí hay en la novela y de la que más tarde hablaré. Además, el guión de David Mamet reforzó el contenido erótico, más flojo en la novela.

De la novela, que tuvo mucho éxito, se ha dicho que es una de las novelas negras más importantes del siglo XX. Esa mezcla de sexualidad y violencia contenidas fue la clave de ese éxito en los años que siguieron a su publicación. En algunas ciudades, como Boston, estuvo incluso prohibida su venta y distribución. A Mallahan Cain se lo ha catalogado dentro del tipo de “escritores duros” (“tough writers”) de la escuela norteamericana, como Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Y aunque se ha dicho que es casi una novela policíaca, la novedad aquí quizá radica en los personajes: se ven envueltos por pasiones violentas y desenfrenadas, y viven situaciones turbias y hasta brutales, siempre “atormentados” por ese pasado que les persigue.


La novela es corta, sencilla, con un estilo bastante directo y numerosos diálogos. La historia está contada por Frank en primera persona: al final del libro se ve que mediante un flash back Frank va contando desde la cárcel su historia, como una manera de expiar sus pecados. Esto, por ejemplo, no sucede en la película del 81, pero sí se ve en la de 1946, donde Frank se confiesa a un sacerdote y le cuenta la historia, además de pedirle que interceda por él para que algún día Cora y él vuelvan a estar juntos. Este capítulo final se omite en la versión del 81. En cierto modo, quizá la adaptación del 46 es más fiel a la novela, sobre todo en cuanto al tratamiento del tiempo y al personajes de Cora (mucho más fría y calculadora que en la versión del 81, donde es más sumisa y dependiente de Frank), pero el contexto de la novela está mucho mejor reflejado en la versión de Rafelson.

En la novela se advierte que los personajes están atrapados en el esa crisis económica del momento y están predestinados al fracaso. Todo lo que hacen viene movido por un instinto de supervivencia, aunque ello les conduzca a veces a la mezquindad y la maldad. Cora es el prototipo de la mujer fatal que produce una atracción irresistible en Frank, que se deja llevar por ella e incluso es capaz de cometer un asesinato. Además, son dos personajes totalmente distintos: ella busca un lugar fijo; él quiere seguir visitando Estados Unidos y hacer dinero fácil. Pero pese a esas aparentes diferencias, al final la conclusión es que se necesitan, se complementan y de alguna manera se equilibra. En ambas películas los personajes están muy logrados y son fieles al original.

Turner en 1946
Lange en 1981
















En la película de Rafelson, para empezar, nos encontramos con que ya hay color en la imagen, además de que hay más violencia y sexo que en la del 46, donde la censura era mucho mayor. Los espacios, el ambiente y el contexto es mucho más explícito, por lo que creo que esta última versión es más fiel a la novela en cuanto a intención se refiere: por lo explícito de la película, la relativa crudeza de las escenas, se parece más a la novela, cosa que también ocurre con otras historias, como en el caso de la “Lolita” de Nabokov llevada al cine por Lyne. Pensemos no sólo en las capacidades técnicas del momento en que se ruedan, sino en la censura y las “modas” de cada década: la primera es más dramática, más cercana al género negro por antonomasia; en cambio la segunda se trata de algo más cercano al thriller propiamente y su contenido sexual es más elevado, algo típico en las películas de los ochenta. 

Podríamos hablar largo rato sobre otras muchas diferencias entre ambas versiones cinematográficas (los rasgos físicos e incluso el nombre del marido; la ropa blanca de Cora en la primera versión; los intentos fallidos de asesinato; la evolución de la relación amorosa, etc), pero he creído más conveniente hablar de las diferencias básicas y sobre todo lo que les acerca o distancia de la novela.

He encontrado investigando en la web varias curiosidades:

-La novela está inspirada en “La bestia humana” (1890) de Émile Zola, pero la novela de Cain traslada el mundo de maldad, crimen y fatalismo de la obra de Zola al ambiente de la Gran Depresión americana.

-El director de cine ya había contado con Nicholson para varias de sus películas, y en otras ocasiones llevó al cine novelas y relatos, como “Poodle Springs” (de Raymond Chandler) o “Sin motivo aparente” (de Dashiell Hammett).

-Se dice que durante el rodaje de la versión del 81 hubo sexo real entre Lange y Nicholson, pero esto siempre se ha desmentido por parte de los implicados. Los rumores hablaban de cintas en las que se podía comprobar que la cosa había llegado a mucho más. 

-La promoción de la película se sirvió del slogan “Si existiese un undécimo mandamiento, también lo habría incumplido”.

-Hay una pequeña colaboración en la película del 81 de Anjelica Houston, que por entonces era la compañera sentimental de Nicholson.

-La película de Garnett recurre a otros elementos para rozar esa sensualidad de la novela: el cartel del inicio de la película, donde pone “Se busca hombre”; la carne haciéndose en las brasas cuando Frank ve a Cora; la masa cruda de la mesa de la cocina…

Como conclusión, diré que ambas versiones son bastante fieles a la novela, aunque la primera sea más recatada que la segunda. Quizá los personajes son mucho más extremos en la del 81 y por tanto es más difícil identificarnos con ellos, pero el ambiente está más cuidado y refleja mejor esa depresión económica gracias a la fotografía del filme. La voz en off es el elemento diferenciador más notable de ambas películas, así como el capítulo final de Frank en la cárcel tras la muerte de Cora. ¿Con cuál me quedaría? Posiblemente quede fatal diciendo que con el remake de Rafelson, pero ¿cuándo una mesa de cocina ha dado para tanto?

Noelia Illán



No hay comentarios: