lunes, 19 de junio de 2017

PERROS LADRANDO EN LA NIEVE de KENNETH KOCH (por José María Romero Barea)


Kenneth Koch: este momento minuto/ Extraordinario



“Ladrad, perros, y llenad los valles/ De blanco con vuestros horribles lamentos”. En la composición que da título a la colección, el poeta se aprovecha de lo circunstancial para ofrecernos un canto apasionado a lo meticuloso, un improvisado homenaje a la supervivencia de lo efímero. Dejarse llevar por el instante parece crucial a su poética (“En completo silencio montañoso/ No hay modo de llegar ahí arriba, ni forma de quedarse”; “Montaña”); impulsa “cierto tipo de entusiasmo” (“A la pintura abstracta”), una inspiración que hace que el estilo fluctúe y se adapte a las distintas fases de lo sentimental.

Podría decirse que el poeta y escritor estadounidense Kenneth Koch (Cincinnati, Ohio, 1925 – Nueva York, 2002) es, literalmente, un escritor ocasional, ya que lo que escribe responde a los acontecimientos y las personas de su alrededor de forma inmediata (de hecho, muchos de los poemas de la antología Perros ladrando en la nieve (Kriller71ediciones, 2016; prólogo de Jordi Doce) han sido escritos para su amplio círculo de amigos). Diríase que, en su mejor poesía, Koch privilegia la naturaleza precisa de lo espontáneo, “memoria que, si detenida, puede ser renovada” (“Al conducir”).

Grafomanía que se deleita en el divertimento, la del norteamericano, al igual que la del resto de integrantes de la Escuela de Nueva York a la que pertenece,  es una obra aparentemente caótica (“¿No hay nada nuevo que sea sagrado?”; “El sacramento…”), sin duda energética (“Siéntete bien/ Luego vete”; “Estética…”); podría tildarse de dadaísta si no fuera, en realidad, expresionista abstracta (“Puede ser importante/ Haber esperado al menos un momento para ver lo que ya estaba allí”; “Un tren”); canción embriagada y embriagadora (“¿no podría yo/ Puedo encontrar este momento minuto/ Extraordinario?”; “Destino”), con una despreocupación violenta, que blande lo vulgar para abrirse paso a través de una dicción sin restricción.

Se atenúa lo surrealista y emerge una voz íntima distintiva (“cuanto antes encuentres tu propio estilo, mucho mejor”; “El Arte…”); composiciones fragmentadas, que podrían haber firmado sus coetáneos Frank O'Hara (1926-1966) o John Ashbery (1927- ), giran alrededor de frases coloquiales y detalles a medio vislumbrar, antes de implosionar en plena página (“He estado ya en tantos barcos y trenes/ Buscando sin cesar las cumbres de mi vida”; “Surcamos…”). Ricas texturas se alternan con desafiantes enfoques en estos poemas escogidos y vertidos al castellano, por primera vez, por Sílvia Galup y Aníbal Crístobo.

Para Koch, el acto poético parece ser actuación, declaración momentánea, en lugar de una muestra de artesanía o autocontrol (“Te amo como un sheriff busca una nuez/ Que resolverá un asesinato que lleva años sin resolverse”; “A ti”). Sus versos se miran en Whitman, en Maiakovski, en Benjamin Péret, mientras expresan una extravagante indiferencia hacia las resonancias construidas por le mot juste; se acogen a una extraordinaria inmediatez mientras desdeñan las santidades tradicionales de la versificación. Se acercan a la idea de lo salvaje para acceder a lo sublime. Con independencia del énfasis, su potencial es ilimitado, su emoción desbordada, su inquietud incontenible.


José de María Romero Barea

Sevilla 2017

No hay comentarios: