viernes, 30 de junio de 2017

PRESBICIA de JORGE ORTIZ ROBLA (por Samuel Jara)


La vista cansada de Jorge Ortiz Robla



Mi relación con Jorge Ortiz Robla comenzó hace dos años, después de la publicación de  su libro en Lastura La simetría de los insectos. Ya entonces hablamos de su poesía y me mostró su interés por participar en algún número de la revista La Galla Ciencia. Su escritura tenía una gran carga de significado y madurez, pero no pudimos incluirlo en aquel momento entre nuestras páginas, ya que el número TRES se dedicó a la poesía hispanoamericana y el número CUATRO fue para los poetas menores de 25 y con obra inédita junto con 40 traducciones. Cuando llegó el CINCO hablé con Jorge sobre la temática de nuestro próximo número y nuestra intención de incluir a autores canarios menores de 25 años. Él es canario de origen, pero no cumplía con la edad. El momento llegó con el número SEIS, nuestra segunda Minoría Virgiliana II. El poema que publicó, La grieta, es una composición que comienza con imágenes muy concretas y termina con tres afirmaciones universales:

Somos el nombre y la pregunta.
Somos la letra y el habla. 
Somos la grieta que se extiende de vano a vano
en la pared.

Creo que hay pocos poemas más idóneos para una antología que tiene como referente la inmortalidad de Virgilio. Una grieta profunda que es una pregunta.

Llego a PRESBICIA intrigado por el título que permite varias interpretaciones. La presbicia consiste en la rigidez del cristalino del ojo que entorpece la visión. Esa dificultad para ver no es una enfermedad exclusiva de la vejez, sino que asalta al hombre en su día a día. La realidad se nos muestra distorsionada y hay cierta frustración ante la imposibilidad de captar un instante de manera fiel. No en vano la portada del libro es un fotograma con una pupila difusa.
La primera parte del libro titulada La tierra es circular anuncia ya una concepción cíclica del poemario. Me gustaría llamar la atención sobre los dos primeros versos del poemario:

Debías haber venido antes,
El mar ya está distinto

El uso de la segunda persona que le habla directamente al lector, esa evocación del mar y ese antes y ese ya son una intención de buscar el momento exacto, la obsesión por el paso del tiempo, la constante metamorfosis que representa el mar. En estos dos versos ya hay una declaración de intenciones. Es ya un lamento iniciático en este libro redondo.

El libro es la contemplación del paisaje, la búsqueda de la luz que habita en el fondo del pozo. Y es que la luz es fundamental. Es el filtro de las escenas que recrean los poemas. En ocasiones es una luz artificial  en un atestado centro comercial, creando la falsa ilusión de que controlamos no solo la luz, sino todo lo que nos rodea.

Dentro del ojo las palabras se nublan/ se vuelven pequeñas. También puede entrar la nieve de la infancia o la que dejó ciego a Borges. El nervio óptico que asiste impotente al paso del tiempo. Los poemas son contemplativos, pero a su vez también parece que el espectador no puede hacer nada por cambiar los hechos que ve. Hay un lamento por el paso del tiempo, la cercanía de la muerte. Poemas como Viajeros en el tiempo o Punto próximo son grandes construcciones en esta línea, un tempus fugit visto de manera precisa. Lo que más me admira de sus poemas es la capacidad con la que tratan un sentimiento complejo que forma parte de los tópicos de la poesía y con muy pocas palabras consigue deslumbrar al lector como en Punto próximo.

Otra de las obsesiones del libro es el agua. El mar es un fuerte símbolo para el poemario. Acompaña muchas veces la idea de cambio. Las olas vuelven inexorables en un ciclo constante. El océano es una fuerza que se expande y que desborda al observador. Estos versos sacados del poema De Monegros a Aljeciras son la mejor demostración de lo que simboliza el mar.

Salí del secarral de los Monegros,
busqué el océano y sólo encontré agua salada,
un mar menor que me impregnó los pies de barro.

La escritura de Jorge Ortiz Robla es concisa. No necesita muchas palabras para hacernos sentir. Hay poemas demoledores de 5 versos. Con cada lectura hay nuevas interpretaciones, los poemas se comunican entre ellos, hay destellos deslumbrantes, una búsqueda de la verdad con una mirada turbada, un ejemplo de la vida misma.

Se trata, en fin, de un libro universal que consigue hacer que el lector conecte con ese sentir común. Pero, para comprobar lo que digo, lo mejor es leer a Jorge Ortiz Robla. No se arrepentirán.


Samuel Jara 




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