jueves, 14 de septiembre de 2017

AL- MAQHAA DE CAFÉ EN CAFÉ POR EL MEDITERRÁNEO MUSULMÁN, de PABLO CEREZAL (por Daniel J. Rodríguez)



Al-Maqhaa 
De café en café por el Mediterráneo musulmán

Pablo Cerezal
Madrid, 2017





Debe de ser difícil vivir siendo poesía. Difícil y hermoso. Y tal vez toda la existencia se argumente en el único basamento de un verso que ni siquiera llega a serlo –al menos en su concepción más ortodoxa–. Compleja tarea la de enfrentar lo cotidiano (niños, horarios, metros perdidos, facturas…) cuando la cabeza bulle, inevitablemente, palabras, frases y párrafos que por justicia debieran quedar reflejados en un blanco papel dispuesto a engrosar la lista de novedades de las librerías.


Los hay que viven así: son un compromiso franco con la palabra, son literatura. Y Pablo Cerezal, su vida, es el mayor de los experimentos vivos que conozco. Escribe una y otra vez sobre él, sobre sus recuerdos, porque son poesía, porque son palabra herida. Vida en prosa que tiende al verso.

Hace unos meses, el escritor madrileño entregó a la imprenta Breve historia del Circo (Ediciones Chamán, 2017), su tercer ‘diario’, que todavía descansa en la pila de pendientes esperando su momento. Semanas después, y con motivo de la celebración del evento madrileño Noches de Ramadán, el autor publica, de la mano del ilustrador Enrique Flores, Al-Maqhaa De café en café por el Mediterráneo musulmán, un libro de cariz periodístico, un largo reportaje sobre la historia del café y esos locales que tradicionalmente han albergado vida –literaria, cultural, artística, política e incluso contemplativa– a lo ancho y largo del Mediterráneo y a lo largo y ancho de la existencia.

El lector, en el inicio, podría pensar que el marcado carácter poético de la prosa de Cerezal no cabe en el repaso historiográfico que sirve como excusa del librito, pero ya se ha dicho: Pablo es un inevitable constructor de párrafos y aunque sí es cierto que en este pequeño experimento periodístico literario no se encuentra al Pablo Cerezal más egocéntrico –despojemos la palabra de la carga negativa de su acepción–, es inevitable que la genialidad del poeta/narrador/periodista se filtre, como el espeso café turco, por las hendiduras de las páginas.

Al-Maqhaa De café en café por el Mediterráneo musulmán es la historia del café y de los locales que lo han servido. Aséptica, objetiva –tanto como lo puede ser cualquier ejercicio periodístico–, pero sin que el autor deje de entrar y salir a escena: también él es cliente de los cafés, también se deja servir el humeante caldo, el negro trago amargo. En el libro, de apenas 70 páginas, se dan cita Jean Paul Sartre, Camus, Cheb Khaled, premios nobeles, flamencos de Granada y parte de la intelectualidad política y cultural que construyó Europa.

Conocemos, con Pablo, el origen de la bebida en la leyenda de un pastor que adquirió la dieta de sus cabras para descubrir por qué se sentían tan excitadas. Viajamos al ‘laboratorio’ de un hombre santo que, tras probar el amargo brebaje, lo tiró asqueado a las llamas, dando origen a la receta, que pasa por tostar el grano antes de molerlo. También nos sentamos junto a los existencialistas y escuchamos el cante jondo en la garganta de la Niña de los peines y comprendemos la necesidad del ritual del café musulmán: el local no es un espacio únicamente de ocio, sino que la reflexión; la charla relajada (que no tertulia) y la contemplación hacen que la vida merezca la pena.

Del parisino Le Procope al Hafa. De Trotsky al propio Pablo Cerezal. Pareciera que el mundo solo ha sido tal al borde porcelanoso de una taza de café.


“Ha de gustarte el sabor amargo y potente del café, su espesura de noche invertebrada, para degustar uno en su versión turca. La taza de ajada porcelana rebosa de espumarajos oxidados que parecieran huir de su vórtice, desde donde me contempla la negritud más absorbente. La estampa, con su premeditada ausencia de geometría –nada de corazones y florestas garabateados con crujiente espuma, como gustan actualmente las megafactorías del café adulterado–, ha ido depositándose hervor a hervor, en un proceso minucioso y certero”.


Pablo Cerezal



Daniel J. Rodríguez

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