lunes, 11 de septiembre de 2017

RAZÓN DE LAS ISLAS de PEDRO SÁNCHEZ SANZ (por Manuel V. Rodríguez)










Razón de las islas
Pedro Sánchez Sanz
Anantes, 2017









Érase una vez, una lúgubre noche, 
en que reflexionaba, exánime y fatigado, 
sobre varios raros y curiosos volúmenes de sabiduría olvidada, 
y mientras cabeceaba, casi adormecido, 
de repente llegó a mí un repiqueteo, 
como si alguien discretamente llamara, a mi cámara llamara. 


Con estas palabras comienza uno de los poemas más famosos de Poe, donde la visita de ese cuervo hace más humanos nuestros lamentos; y así lo desgrana también Pedro Sánchez en su poemario Razón de las islas, donde la humanización de la naturaleza está en nosotros mismos a la vez que el vaivén de nuestro pensamiento da forma al significado de lo que vemos.


Razón de las islas es un poemario reflexivo, interior y a la vez exterior, aislado y comprometido, pero sobre todo es el retrato de una poesía que se ha desarrollado a sí misma, donde los pájaros, esos habitantes que comparten la isla con su autor, son también el propio predicado al que se somete Pedro Sánchez, acompañándolo de otros complementos que lo mantienen: la vista de pájaro, el horizonte, la luz, la mañana... Dividido en dos partes, «Reino» y «Razón de las islas», el poemario se cierra como se abre, de «Nudos» pasamos a «Huerto cerrado», sin olvidar que la propia isla representa un lugar clausurado, pero a la vez abierto al mar y al horizonte que lo protege: «Sólo a veces necesitó / de alguna caricia que recorriera / los nudos de su tronco, / que iluminara su corteza en sombras, / como la mano de un niño curioso que toca los nudillos de su padre / para aprender la acción del tiempo y descifrar / el misterio de su propio destino»; aunque «Es a veces paraíso confuso / que nos muestra su llave de cristal, / un hogar en el aire que destila / suave misterio enterrado en la bruma». Porque ese misterio es nuestro destino, y no siempre coincide con lo que vemos o hemos pronosticado para nosotros, más allá del carácter cíclico que la vida aporta a nuestro día, a nuestra isla en la que sobrevivimos viendo cómo la naturaleza avanza sin nosotros, a la vez que observamos cómo este mundo muere «inadvertido».

Si antes hablábamos de los pájaros como esos habitantes de la isla, no debemos olvidar el mapa que Pedro Sánchez traza sobre la orografía de lo que le rodea, su «Playa de invierno», los «Jardines de luz», la «Cala desierta» o el «Manantial»; espacios que comparten protagonismo con el poeta mientras espera, como podemos leer en unos de los versos más evocadores del poemario: 

El viento incita 
y el mar responde. 
Nadie, y un clamor de voces las olas. 
Nada, y una rebelión de líquida protesta. 

Esta esperanza está también rodeada de ilusión, sacrificio y realidad que se acaba imponiendo en nuestra vida, porque «La vida es esperar en un jardín / a que la rosa se abra y nos deslumbre».

En definitiva, Razón de las islas es un poemario dedicado al hombre y a su espacio, que comparte y custodia a la vez, donde su protagonista duda de todo lo que le rodea, tanto de lo que ve como de lo que oye, porque ahí, en la consideración de la duda está la verdadera realidad, el saber quiénes somos para descubrir hacia donde estamos yendo. En este sentido, Pedro Sánchez lo ha dejado claro, construyendo un poemario que nos aporta ilusión y esperanza, que nos hace ver en nosotros el motor de nuestros días. Lejos del mundo onírico de Poe que mencionábamos al principio, este poemario es realidad en cada palabra; exquisita palabra y exquisita realidad que se dan la mano, y donde su autor ha sabido hilar al hombre con su mundo y a las islas con su futuro:

Tras el impacto, todo 
seguirá tal cual, todo 
será ya diferente. 
Negro temblor, conmoción pasajera, 
el aire traerá 
el fin de la inocencia. 
Quizá brote una nueva flor 
que agite el corazón del mundo.


Manuel V. Rodríguez


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