jueves, 5 de octubre de 2017

TENSEGRIDAD de FEDERICO BAGGINI (por Yanina Giglio)


Besa los besos ajenos


“Tensegridad” es una reunión inefable: diez relatos breves -pero no por esto menos contundentes- fundidos en tensión poética constante, para invocar al mundo de los oprimidos, de los invisibles, de quienes ocupan los espacios que el opresor decide acallar. Porque no es posible que el muerto hable, no es posible que el hambriento explique, que el desaparecido vuelva.

Se trata de una construcción existencialista sobre el derrumbe. Quizás, porque esta sea la única forma posible para una constitución. Federico Baggini canaliza una voz que se desarma, a veces como un desnudarse, otras como un apagón silencioso e incluso, como un levantamiento masivo. Es a través del derrumbamiento del yo poético que nuestro autor logra una presión radical sobre el lenguaje, y la consecuente innovación semántica (el cuento “Abcdaño” será la mímesis más cabal).

El recurso de asignar predicados inadmisibles a los sujetos lógicos (la casa que tiene y expresa sentimientos en “Maderas de un árbol del sol”) se traduce en la descripción creativa y re-creadora de la complejidad relacional entre los distintos estratos sociales. La lucha desde el llano, el gesto político de esta obra será la denuncia de las convenciones y mandatos propios del capitalismo feroz, a la vez que cuestionará la tan conocida calma y autonomía aparentes en la era posmoderna.


Federico Baggini escribirá: “Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer.” Entonces, ¿no hay miedo a la muerte? No hay miedo al otro. ¿No hay miedo al mundo? Las preguntas ruedan en la espiral semiótica hasta encontrar un eje anárquico: la revolución -piedra fundamental y fundacional para la armonía social- del sentido producido y reproducido históricamente contra la im-perfección plausible del hombre por el hombre.

“Tensegridad” es un aluvión épico, político y preciso del desamparo. El resultado de una escritura desde la amnistía, y de una posible liberación transformadora de las fuerzas más vitales y sutiles. Como una puesta en marcha amorosa y frenética que viene a subvertir todo el orden heredado: para visibilizar lo injusto, para enumerar las leyes que subastan nuestras existencias.



Yanina Giglio



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