lunes, 6 de noviembre de 2017

AÚN TU NOMBRE de RAMÓN CAMPOS BARREDA (por Jorge Ortiz Robla)

En la memoria
del aire que fue mío, me detengo
a recordar
Andrés García Cerdán


Vista la muerte, visto el mundo, visto el dolor la vida avanza. Así para mi este libro, donde Ramón Campos se nos descubre como un poeta cirujano que disecciona las palabras, que cubre con negras gasas las heridas, que juega a tachar los versos, y nos deja ver sus dobles intenciones, sus significados «recóndita luz / imperfecta completud / que arma con ternura / mis otros animales», Ramón, el poeta de la palabra desprendida en sílabas que admiten el empuje de la gravedad;

                        «tu cuerpo en mi cuerpo
            contra la mirada descompuesta
                        de tu luz
            contra las sombras estallantes
cayendo
            cayendo
                           c a  y   e  
                                             n  
                                                   d
                                                         o»

Con una poética personal y un lenguaje pulido hasta la brillantez, la ópera prima de Campos mantiene el vilo del poema, mostrándonos piezas en las que hace suyos recursos poéticos que actúan directamente sobre los versos, pongamos por ejemplo la utilización del Blackout poetry, también denominado poesía oscura o destrucción del poema, donde el autor, a través de la ocultación de palabras reordena los versos, consiguiendo así un significado diferente. Este juego entre significado y significante es respaldado por el uso del tabulador, el cual aporta oxígeno a los versos y nos muestra una forma de leer el poema y sus silencios, esos silencios que como ventanas abiertas iluminan el poema, con esa luz constantemente nombrada es sus estrofas de verso libre «y esa luz / que nos hace ser / que nos autoriza estar / se nos escapa por el vano / de la vida         a medio cumplir»

El que incide decide y Ramón ha decidido (d)escribirnos la luz y su ausencia, el vuelo electo de las aves, los huesos donde se enraíza el frío, la importancia del ser para estar; «nos quedó tu afuera/todo lo que ahora eres». La ausencia del ser crea un presente que proyecta el recuerdo, delimitando el cuerpo con palabras, reconociendo el color de la ceniza «¿quiénoqué / se presenta ante mi memoria / en fragilidad de residuo? / ¿quiénoquéno / añora el antes de la ceniza?» Ramón el poeta pero también el amigo que siente cómo la vida, al igual que la arena caliente, se escapa entre los dedos hiriendo con su rastro.

En Aún tu nombre Ramón campos se des(a)nuda y desmiga su memoria poniéndola en bandeja, como el hombre que ansía alimentar a los pájaros.

Jorge Ortiz Robla


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