lunes, 20 de noviembre de 2017

REANUDACIÓN DE LAS HOSTILIDADES, de NACHO VEGAS (por Daniel J. Rodríguez)






Reanudación de las hostilidades


Nacho Vegas

EspasaesPoesía, 2017






Reanudación de las hostilidades no es, desde una perspectiva ‘canónica’, un libro de poemas. Sin embargo, merece invertir un rato –solo dura un rato– en su lectura. Lo es, conveniente, digo, porque lo firma Nacho Vegas, y un libro escrito por uno de los mejores letristas del país debe tener algo. Y así es: Reanudación de las hostilidades (EspasaEsPoesía, 2017) es el testamento de la silueta de un hombre derrotado, una crónica con sabor a Hunter S. Thompson y a alcantarilla, con restos de ‘picos’ y el rastro pegajoso de una botella ya vacía. Ácido lisérgico, hecatombe y el ruido continuo de alguna maquinaria en el segundo título del intérprete asturiano. Lo dicho: no es, tal vez, poesía en su acepción más pura, ¿pero acaso debe serlo?

“La vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicción”. Estas palabras, escritas por Unamuno en uno de sus ensayos, habrían servido a Vegas como base argumental del libro: la vida es tragedia, y nada más. Ni la guerra, a la que alude el 'poemario' en el título y en sus tres capítulos, ha de tener un sentido. Todo es polvo, y no polvo enamorado. El autor se empeña en demostrar continuamente que sus pensamientos, expuestos en estructura versal o a través de ficciones con la forma del relato, encuentran el calor del hogar en el cine quinqui de Eloy de la Iglesia, en el cowboy oscuro de Bunbury, en los lugares comunes de su propio cancionero y en el sucio realismo de Bukowsky, Carver o Wolfe. Observen: “Debí de tener una infancia bonita porque apenas la / recuerdo”, imprime en los dos primeros versos de libro. He ahí la declaración de intenciones. Lo apacible no entra en los planes creativos del artista, como ya en su música viene demostrando desde principios de la pasada década. En síntesis, la vida que Nacho dibuja en sus creaciones es, como él mismo se encarga de aclarar, “un dolor impreciso”.

Tres capítulos, con una obertura cada uno en forma de ilustración de Víctor Coyote, nos invitan a vivir las distintas fases de una contienda. En primer lugar, LOS TÉRMINOS DEL CONFLICTO. Aquí, Vegas se sirve de la estructura versal para plasmar una postal oscura sobre la realidad. Añoranza por una niñez que es incapaz de evocar, deseos de soledad y exilio, sentimientos de rechazo hacia lo cotidiano…, un espejo de una sociedad de la que desea escapar, pues no le ofrece nada atractivo. Pesa, sobre todo, ese dolor por una infancia aparentemente feliz, a la que el artista siempre alude con una plegaria: un niño no debe sufrir (“No deberían estar permitidas las decepciones / antes del primer afeitado”). De esta primera parte podría ser otro verso, esta vez de una de sus canciones: “La vida es parte buscar placer y parte hallar dolor”.

INDOLENCIA
Cinco años de indolencia es mucho tiempo para
salir  indemne.
Cinco años de indolencia es mucho tiempo.
Cinco años es mucho tiempo.
Cinco años es tiempo.
Cinco años.
Cinco
años
y
hoy
al
fin
duele.

En la segunda parte, Vegas se mete de lleno en LA CONTIENDA. Seis textos más cercanos al relato que a la prosa poética componen esta sección, en la que el lenguaje y los temas se recrudecen. Violencia. Violencia y excesos. Violencia, excesos y muerte. El uso de la primera persona y el tono confesional de los cuentos hacen pensar que se trata de retazos de la vida del cantante más o menos ficcionales. Huele, LA CONTIENDA, a día a día en Xixón, a un calendario de decepciones y a honestidad brutal. El ritmo de los textos es vertiginoso y el catálogo de frustraciones -del que conviene destacar los textos UNA TONTERÍA y DOS MUERTES HABRÍA SIDO DEMASIADO- desemboca en CAPITULACIÓN, la tercera y última parte de Reanudación de las hostilidades, una breve sección en la que se atisba algo de luz (“Y el desastre continuó / Pero entonces ya bailábamos”).

Nacho no repara los errores, no sana de los males que han colonizado el libro, pero aprende a convivir con ellos, observa un fulgor de calma, de nuevo, en lo cotidiano, que parece ser origen y solución de todo. Desde la amable tendera hasta la creación de un poema, todo sirve en la paz y la retirada. Hay atisbos de ironía en esta CAPITULACIÓN, pero el leve optimismo gana la partida. Todavía, Nacho, hay esperanza:


Hemos sido derrotados
pero no del todo.
Sin embargo, hay que reconocer
que hemos perdido, señor.
Así que agachamos la cabeza,
aceptamos la derrota
y capitulamos.
Pero no se relaje, señor,
porque esto no ha acabado aún.
Volveremos a levantar la cabeza
y llegará un día, señor,
en el que saldremos victoriosos.
Entonces habremos ganado.


Pero no del todo.



Daniel J. Rodríguez




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