viernes, 15 de diciembre de 2017

HOY FIRMA: LA GALLA CIENCIA


NO TENÉIS NINGUNA POSIBILIDAD, PERO... 
CONTÁIS CON MI SIMPATÍA*


En Otoño aparece nuestro Número 8CH8 y esta vez salimos al encuentro de la poesía que no parece de este mundo, la que se mueve en universos extraños: esta octava entrega de LA GALLA CIENCIA se convierte así en EL OCTAVO PASAJERO, nuestro volumen más arriesgado para el que queremos contar contigo y que destinará sus páginas a la poesía que vive en las antípodas del discurso más frecuente. Intentamos concentrar en nuestras páginas lo mejor de la poesía que bebe del espíritu de la vanguardia, saltando los resortes bajo los que la poesía sigue envejeciendo y que ha evolucionado bebiendo en aguas turbias, incandescentes y reventando los clichés de la cordura.


ALIEN proviene del griego allós, que pasó al latín como alius (otro, extraño). De ahí que hagamos referencia con el término a “lo otro”, todo aquello que no nos es propio (alieno, conmutada en ajeno), todo lo que nos es extranjero, alóctono, foráneo… Damos espacio a nombres que para cualquier lector de poesía contemporánea resultan menos evidentes, obras que no disfrutan -en la mayoría de los casos- de la atención mediática y que se mueven en el patio trasero de la industria pero con un protagonismo cada vez mayor (…) Visitamos a poetas de una complexión más oscura, una poesía de densidades nuevas, propuestas para nuevos tiempos y nuevos lectores donde convive la herencia de las vanguardias y buenas dosis de humor, sin por ello dejar de explorar todos los grandes temas que nos hacen humanos.

Queremos traer con este número a nuestro solitario planeta a los poetas que viven fuera de la reserva galáctica, una lírica incómoda y malentendida, pero que merece nuestra atención y estudio. Queremos hacer saltar por los aires la paradoja de Fermi y demostrar que no estamos solos, que otra poesía es posible, que hay otros mundos, y están aquí…

Así empezó todo, ésta fue nuestra invitación a esa multitud de poetas actuales, legión multiforme y diversa: tras siete entregas, a cual más imprudente, tocaba morder más fuerte. Los caninos fijaron la diana en el cuello de una joven excelente, brillante como una estrella de cine mudo que sentada en la última fila de la sala excita los murmullos de la mayoría. La joven nos susurra Salgamos de aquí..., mientras los señores de las primeras filas nos ven desaparecer juntos. A pocos pasos nos tomó de la mano para entrar en una pastelería decorada con cortinas de cretona y mesas de hierro forjado. Eligió una al lado de la vitrina de pastelitos de nata, mazapán y hojaldres interminables; ya sentada, mientras sus ojos muestran una mirada perversa, suelta su pelo y nos dice:

He recibido vuestra invitación a participar y me siento halagada, pero no me considero un poeta marciano, porque mi poesía nace de mi propia cotidianeidad y no de escenarios aparentemente extraños. Ahora, si vosotros lo creéis oportuno, podéis coger cualquiera de mis poemas publicados, no voy yo a discutir vuestro criterio, bla, bla, bla…

Se transformó en un joven grasiento, oculto bajo los cristales de unas gafas que reflejaban nuestro rostro ensimismado. Mientras pronunciaba sus palabras, un halo de confusión disolvió la escena llevándonos a un sombrío desconcierto; volábamos entonces errantes, abandonando la dulce escena afrancesada de nuestros buñuelos de chocolate para estar ingrávidos rodeando los anillos de Saturno, expulsados quizá del Paraíso, vigilados por la mirada inquisitorial de la joven transmutada en poeta de gélido resplandor, que continuó diciendo:

Y no me considero poeta de un solo o pocos poemas, como me estáis pidiendo. Además, eso de las vanguardias, está bien como experiencia adolescente, porque el siglo XX nos ha enseñado muchas otras cosas, el balance ha dejado claro el valor simbólico de todos los ismos posibles.

Así que, damas y caballeros, permanezcan en sus asientos. Los mandos de la nave giran inesperadamente para abandonar la órbita, confundidos por aquéllos que adorábamos. ¿Qué lectura podemos hacer? ¿Nos habíamos equivocado, nos hemos perdido en algo que realmente no existe? ¿No existen esos poetas que, aferrados todavía a los valores de lo mágico, sueltan su imaginación como su pelo la joven que nos arrastró fuera del patio de butacas? ¿De verdad que no hay poetas capaces de expresar el olor de la luz, o de caminar por la misma calle en tiempos diferentes, transformando el mundo a su paso, hacedores de nuevas realidades a propósito? ¿Entendemos la libertad como algo diferente a alterar el poema en un nuevo modo de discurso en el que el verso pierde sus convenciones? ¿Nuestros poetas han abandonado la enseñanza del viejo Hölderlin cuando a la pregunta de “para qué poetas en tiempos de miseria” nos dijo: Son como los santos sacerdotes del dios de los viñedos / que de una tierra vagan a otra tierra en la noche sagrada?

El poeta excluyente se montó en un artefacto eléctrico para formar parte de una caravana de motonieves donde estaban otros muchos que, surcando esa noche invernal, circulaban a nuestros alrededor. Uno de ellos nos dijo: “Para conocer a los poetas están las antologías, y no las revistas, que rezuman un viejo academicismo por el público al que se dirigen”, y escondió su calva refractaria bajo la palma de un oso que le abrazaba de acompañante en su máquina. Otra soltó, con un estrépito inesperado: “Y un solo poema, insisto, no me parece una buena opción”, rascándose al mismo tiempo el cuello escamado de placas de oro. Un tercero, abandonando aquel aquelarre espacial y aproximando su rostro al nuestro con benevolencia, suelta un “Y las revistas, con su escasa o nula gratificación a cambio, dejaron de serme útiles hace mucho tiempo”. Acto seguido todos desaparecen dejando una estela de hielo; después llegó el silencio. La Galla notó el frío inhóspito de la ingravidez al tiempo que la respiración nublaba el cristal de la escafandra y su cabeza, a punto de estallar. El filo de un cuchillo recorrió su cresta cuando la joven, en plena mutación, volvió bajo la forma de una oronda poeta finisecular para decir:

No puedo participar en ninguna antología o grupo que lleve por nombre algo como marciano, alien, o términos similares. Para mí es totalmente natural o costumbrista lo que escribo y dónde y desde dónde lo escribo, en tanto es mi cotidianeidad. No me he sentido ofendido, pero no puedo participar en una conceptualización de mí mismo que no me veo; sería una impostura.

Y tan fugaz como llegó, saltó al interior del espacio trazando una curva extraña alrededor de sí misma, o mismo, porque desde lo lejos volvió un rostro, ahora barbado y pecoso, gritando “¡Buena suerte!”.

El vértigo desazona a la Galla. De repente y hasta donde su vista alcanza se encuentra sola, más que nunca, y arrojada a una oscuridad que parece eterna. Saturno se acerca, quisiera disolverse en sus anillos, en los gases que Galileo confundió con las orejas del planeta u otros planetas escondidos, anhela la muerte y ya no recuerda el sabor del café que -aunque amargo- con aquella joven voluptuosa parecía abrirle las venas a la belleza anárquica de los poetas auténticamente libres, aquéllos que nos enseñaron, en palabras de William S. Burroughs, que:

Language is a virus from outer space
El lenguaje es un virus del espacio exterior

La Galla soñaba con que en el centenario de la Revolución Rusa otros palacios de invierno pudiesen ser conquistados; soñaba con que en el año que celebramos el aniversario de acuñación del término Surrealismo por Apollinaire conquistásemos la Atlántida. Las palabras de Adam Zagajewski en la entrega de los premios Princesa de Asturias rebotaban asfixiantes en su cerebro por su verdad fatídica:

No es difícil percibir que nos encontramos en un momento que es poco propicio para la poesía. La poesía no está de moda, las novelas policíacas, las biografías de los tiranos, las películas americanas y las series de televisión británicas están de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las relaciones están de moda, la sustancia no está de moda. (…) no está de moda detenerse en medio de un prado primaveral ni la reflexión. La falta de movimiento es nociva para la salud, nos dicen los médicos. Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo.

Descubrimos la dualidad del mundo, por una parte, la imaginación; por otra, la obstinada realidad de una mañana de noviembre cuando ya han caído las hojas de los árboles. Durante mucho tiempo, no sabía qué era más importante, lo que existe o lo que no existe. Y necesité muchos años para entender que hay que tener en consideración ambas caras de este dualismo desigual, puesto que vivimos en una ambivalencia eterna, no podemos olvidarnos del sufrimiento de la gente y de los animales, del mal, que es mucho más tenaz y astuto que los sueños que perseguimos.

No podemos olvidarnos del mal, de la injusticia que continuamente cambia de forma, de las cosas que perecen, pero tampoco de la felicidad, de las experiencias extáticas que los gruesos manuales de teoría política o de sociología no han llegado a prever.

Los poetas, en su propia cotidianeidad, han abandonado los puntos críticos para refugiarse en el tópico de la muerte de las vanguardias como una etiqueta más, la esclerosis conceptual de los que ignoran que las vanguardias históricas siguen ejerciendo su potencia crítica sobre la poesía que se escribe ahora mismo. Los verdaderos habitan al pie del Vesubio, en la incertidumbre de la erupción volcánica o un vasto incendio del bosque secular, un terremoto grado nueve, y en una constante refundación. Y lo aceptan, sin rechistar, porque en ellos triunfa la impermanencia. Los tiempos de beatitud y prosperidad sosegada son espacios entre dos tragedias. Una existencia hecha puramente para guerreros.

La Galla aceptó su destino, el infortunio de la búsqueda y soltaba ya el cable que le unía a la nave nodriza. Era el momento para fumarse el último cigarro, una última voluntad antes del suicidio. Y entonces se produjo el milagro: un punto se acercaba desde el infinito a gran velocidad, desde el exilio de la memoria, dejando una estela serpenteante de nueva luz que detiene el sacrificio. Ya a pocos metros lo vemos: aparece como los héroes antiguos, en los que no hay ningún gesto baldío, un hombre sereno que nos sonríe desde la plenitud de su fuerza y bonhomía: Rafael de Cózar llegó a lomos de la sonda Cassini como un jinete desenfrenado. Su sonrisa se cruza ahora en nuestra ruta y nos saluda como siempre para decirnos, con un pitillo en la boca:

-Hola, niña, ¿llevas fuego?
-¿Pero tú no estabas muerto?
-Joe, qué obsesión, escúchame: la heterodoxia existirá siempre. Lo raro, lo que no es tan fácil, lo que va a venir siempre es ingrato. El arte como artificio está ligado a la fuerza, al temperamento. Los figurinistas de la poesía no tienen garra, yo que he perdido la vida estudiando eso que llaman las vanguardias os lo digo. Los autores malditos son los que me han interesado, mi tesina fue sobre Carlos Edmundo de Ory y el Postismo, y mis maestros son Lautrémont, Baudelaire, Rimbaud; no me interesa tanto Garcilaso pero sí más Quevedo, a mí me ha interesado toda la vida los textos “raros”, pero yo no soy de ninguno ni de ningún sitio. ¡Yo soy de Sharon Stone! ¡¡¡Ja ja ja!!! ¡Me voooooy, que esta loca lleva prisa por llegar, hasta siempre!

Y así, antes de evaporarse en el horizonte con la nave que alcanzó Saturno en 2005, nos dijo adiós mientras encendía su tabaco con la mecha celeste del planeta. La nave-robot, lanzada en 1997, cumplía su destino junto al poeta que siempre apostó por el diálogo entre las artes. Este momento mágico revitaliza como un golpe el pecho de nuestra Galla astronauta, que regresa eufórica a la nave a cuyos mandos inicia una parábola hacia nuevos rumbos. Gracias, Rafael, por tu eterno magisterio: a ti dedicamos el resultado de nuestro trabajo.

Abandonamos la capa nubosa de Saturno para recorrer 400.000 kilómetros hacia el exterior. Queda poco combustible y alertamos a la tripulación: prepárense para las turbulencias de un nuevo viaje. Lunas fragmentadas se interponen en el regreso y los grumos golpean las losetas de protección térmica. En el interior de la cabina no hay miedo, navegábamos entre los rápidos del riesgo, sin conmovernos por la proximidad abisal del posible fracaso. Gracias a Rafael hemos entendido que el futuro es de los que se atreven a errar, de los incorrectos, los auténticos transgresores, los no acostumbrados a la miel rara de la victoria.

Recorrimos durante días, o noches, galaxias no aptas para tímidos, en las que grandes supernovas nos permiten comprender que el orden de los cielos no es inmutable. Escuchamos la voz de Maiakovski cuando dijo:

La noche orló de un tributo de estrellas el cielo.
A estas mismas horas te levantas a hablar
a los siglos, la historia y el universo.

En nuestro número dedicado a “los raros” no hemos podido dar cabida a todo ese campo maravilloso que bajo el nombre de POESÍA VISUAL reúne grandes aportaciones donde la imagen, como forma de comunicación universal, tiene un lugar propio e irreductible. Los medios y la necesidad de mejores recursos para compartir con justicia todo ese arte lo dejamos para tiempos mejores. Han llegado aquí poetas que maridan más con el texto, que burbujean en la poesía experimental pero que se atan más a la palabra, sin por ello ser discursivos, porque escriben abiertos a las aportaciones de otras manifestaciones que incluso también practican: la música, la plástica, el tacto y el sonido que dan diferentes lecturas posibles de lo que es poesía. Les ofrecemos inéditos de grandes heterodoxos del pasado bajo el nombre de SPUTNIK, palabra rusa que significa “compañero” y es el nombre dado a la famosa serie de satélites artificiales que inauguraron la era de las exploraciones espaciales. Porque Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro, Pedro Casariego Córdoba y Xul Solar son precursores que llevaron las naves primigenias. Y con ellos aparecen nuevos autores al abrigo de un nombre magnífico: con CÚMULO DE HÍADES abarcamos la retórica poética de heterodoxos vivos donde se mezclan navegantes consagrados con otros que causan inquietud y que no responden a los moldes de la tuberculosa poesía neorromántica. Valga recordar que el cúmulo de las Híades está constituido por unas 150 estrellas, distribuidas sobre un diámetro de aproximadamente doce años-luz, y que todas son de mediana y joven edad. Nuestras estrellas del 8CH8 -en un número menor, pero importante- lo son también de nuestro Universo.

Son para un lector intrépido, pícaro y dispuesto a descubrir y participar, porque en esta poesía hay siempre juego, y en ellos el horizonte es la única frontera, la visión no es teoría, sino vivencia al máximo grado de ficción.

El retorno a nuestro planeta de la Galla tras este paseo sideral ha sido el momento más crítico. La fricción con la atmósfera terrestre ha generado un intenso calor, el del contacto con nuestro Poetas Marcianos, bautizados así para la posteridad. El módulo de descenso cayó con éxito en las estepas de Kazajistán gracias a su sistema de cuatro paracaídas y seis sistemas de aterrizaje, GRACIAS a esas personas que llenan nuestra página de agradecimientos. La tripulante fue rápidamente asistida por personal médico, porque a partir de ahora comienza el tratamiento necesario para adaptarse nuevamente a las condiciones gravitacionales de la Tierra. La Galla debe volver a la epopeya de lo cotidiano con el recuerdo apasionante de este viaje, y como decían en Enero de 1945 en el primer y único número de POSTISMO, refiriéndose los poetas a su Primer Manifiesto:

No queremos vuestra aprobación ni vuestro aplauso, sino vuestra atención. Lo publicamos para que no se nos venga con preguntas; las respuestas las hallaréis en las obras. (…), en él heos puesto todo cuanto para nosotros es verdad. La verdad de hoy, de estos años de innovaciones y de renovaciones, una verdad que nos ha dado el sentido de la belleza y la misma belleza. El arte de hoy es de hoy, tiene que ser de hoy y posiblemente de mañana; lo que no queremos es que siga siendo aquella muerta doncella de faldas largas y de cabellos caballos que la actualidad artística y académica proclama para sí. No queremos despertar a nadie cuando ya nos hemos despertado a nosotros; no queremos empujar a nadie; no queremos querenciosos ni querellosos; queremos postistas. (…) Somos del mundo, así como el mundo es de nosotros; somos cuerdos, así como recuerdos, y cultos, así como ocultos. Lo que nunca podremos ser es amarillos u ovalados. ¡Viva el Postismo!

Ahí queda. Disfrútenlo, difúndanlo y vuelen con ellos, anímense a leer y vivir peligrosamente.

Hablaban los postistas de una muerta doncella... Perdonen, pero estábamos en una pastelería decorada con cortinas de cretona y mesas de hierro forjado. Ella sigue al lado de la vitrina de pastelitos de nata, mazapán y hojaldres interminables; la mirada perversa envuelta en una crin oscura y volátil. Y nosotros escuchando sus ojos mientras nos dice: He recibido vuestra invitación a participar y me siento halagada, pero...



La Galla Ciencia



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