martes, 16 de enero de 2018

HOY FIRMA: CHARO GUARINO. "SIEMPRE OVIDIO"


Siempre Ovidio

Hay una pregunta a la que toda persona que pretenda dedicarse al estudio de las Clásicas debe saber que habrá de enfrentarse recurrentemente, esto es: ¿para qué sirven el griego y el latín?


A lo largo de mi existencia he tenido que responder a ella en decenas de ocasiones con periodicidad variable, y he de decir que no siempre a mi interlocutor le ha resultado convincente mi respuesta, por más razones o/y entusiasmo que yo haya derrochado al tratar de responderla. Pero aunque la prueba llega a resultar ciertamente agotadora, yo he salido siempre y sin excepción fortalecida de la experiencia.  No se trata de convencer a nadie, pero no está mal que se escuche que el griego y el latín, como las tantas veces denostadas Artes y Humanidades en general, sirven, entre otras cosas, para potenciar la dignitas hominis, justamente aquello que nos hace humanos y nos distingue de los seres irracionales y de los androides. Y es que a menudo quien lanza el interrogante es alguien convencido -a menudo sin razones- de su inutilidad, y la cuestión en realidad es más bien un cuestionamiento que nace de prejuicios infundados o de una óptica pragmática que se lleva mal con los estudios de Humanidades, que son tan ciencia como cualquier otro conocimiento, ya ataña a cuestiones técnicas, sociales o naturales, y con su propio método científico acorde con las características que le son propias.

            Son muchos y muy documentados los estudiosos que han ofrecido infinidad de argumentos a favor, favoreciendo un debate enriquecedor y abierto, de modo que para obviar un tema que pese a su indubitable interés nos distraería del propósito de estas líneas, remito a Nuccio Ordine, profesor de literatura italiana de la Universidad de Calabria, especialista en el Renacimiento, y autor, entre otros, del oportuno ensayo L'utilità dell'inutile, Manifesto (editorial Bompiani, 2013), publicado por la editorial Acantilado el mismo año en traducción de Jordi Bayod bajo el título de Utilidad de lo inútil, cuya lectura recomiendo encarecidamente.
            Hay otra pregunta que en lo que a mí respecta va a la zaga de la anterior: ¿por qué Ovidio? Y es que es bien sabido que el año pasado se conmemoró internacionalmente, desde Sulmona a Constanza, pasando por Portoferraio, en Elba -por citar tres lugares emblemáticos en la biografía del poeta-, en multitud de Simposia, Congresos, Jornadas, reuniones y publicaciones científicas en general, el Bimilenario de su muerte en la ciudad rumana de Tomi (actual Constanza), en la Dobrudja. Precisamente este 2018 recién iniciado se cumplen los dos mil años de la condena al exilio, ficticio o real, de la que le llegó noticia por medio de un edicto del Emperador Augusto cuando se encontraba con su amigo Marco Valerio Cota Máximo (hijo de Marco Valerio Mesala Corvino, el célebre creador del círculo artístico que lleva su  nombre) en la isla de Elba, casualmente escenario del exilio de otro ilustrísimo personaje que vivió a caballo entre el siglo XVIII y XIX, Napoleón Bonaparte, previo a su derrota en Waterloo y a su definitivo exilio y muerte en Santa Elena.
            Como no hay pregunta que se pueda responder de forma satisfactoria si uno no se la hace previamente a sí mismo, he decidido bucear en mi propio interior con el fin de descubrir las razones de mi predilección, sin duda esencialmente subjetiva.


Al igual que nunca se olvida el primer amor, es difícil olvidar al autor latino que por primera vez te introduce en la selva fragante y frondosa de la lengua latina, sobre todo si se trata de un autor de poesía. Las Metamorfosis, concretamente el relato de Píramo y Tisbe, es el primer recuerdo que tengo de un escritor latino en las inefables -alguna vez incluso peripatéticas- clases del extraordinario profesor Félix Sánchez Martínez en el Instituto de Bachillerato Poeta Julián Andúgar de Santomera. En la etapa de la adolescencia, en la que el tema amoroso parece ser el fondo de todo, el poeta de los tiernos amores es más que adecuado para poner un marco ideal. Y eso que entonces yo aún desconocía su condición de praeceptor amoris.
Pocos años después, en la Universidad, tuve la fortuna de recibir el magisterio de una de las mayores estudiosas de Ovidio que he conocido, la Dra. María Consuelo Álvarez Morán. Derrochaba y derrocha energía, vitalidad y entusiasmo, que contagió a quienes durante cuatro de los entonces cinco cursos de que constaba la Licenciatura en Filología Clásica disfrutamos de su enseñanza. Con ella colaboré como alumna interna, y fue ella quien dirigió después mi tesis doctoral sobre una oscura obra del supuesto exilio ovidiano, el Ibis. Con el proyecto sobre la Tesis obtuve una Beca de Investigación que me permitió concluirla y obtener el Premio Extraordinario de Doctorado, y gracias a ella pude también  visitar universidades extranjeras como la de Heidelberg, en Alemania, donde me tuteló otro eximio ovidianista, el profesor Michael Von Albrecht.
De mi Tesis emanaron dos publicaciones: un recorrido por la exégesis de la obra ovidiana, partiendo de los comentarios más antiguos hasta llegar a nuestros días, en la editorial Peter Lang, y la traducción anotada del Ibis, que editó el servicio de publicaciones de la Universidad de Murcia en el año 2000.
Pero, ¿por qué concretamente este autor latino de entre cuantos se nos han conservado, y no cualquier otro, como por ejemplo, dentro del período áureo, Virgilio u Horacio, o el neotérico Catulo entre sus precedentes, u otros elegíacos como Propercio o Tibulo? Y esto reduciendo al máximo el campo de los muchos escritores que han sido considerados hitos en la Historia de la Literatura, algunos de ellos, como el caso que nos ocupa, ya entre sus contemporáneos.
Se aúnan en Ovidio una serie de circunstancias que lo hacen especialmente atractivo. Una de ellas, al margen del ámbito literario, es su propia biografía. La circunstancia desgraciada de su exilio ha sido la que paradójicamente le ha procurado mayor trascendencia -por supuesto dejando de lado la indiscutible influencia de sus Metamorfosis como fuente fundamental de inspiración en la Música y en la iconografía del mito particularmente para los artistas plásticos, así como para la narrativa de ficción, la ensayística o la investigación filológica.
El hecho de resultar exiliado le hizo, como decíamos, abanderado de una causa que a lo largo de la historia ha resultado por desgracia frecuente: la del enfrentamiento de los intelectuales al poder, con resultados previsiblemente catastróficos en los regímenes totalitarios. Así tenemos el ejemplo, entre otros, de Mandelstam o Pushkin, con desenlace especialmente dramático en el primer caso... Claudio Guillén en El sol de los desterrados, literatura y exilio, Sirmio 1996, nos ofrece todo un recorrido por la obra de distintos autores desterrados en la realidad o en la ficción, llegando desde escritores de la antigua China hasta Du Bellay, pasando, naturalmente, por Ovidio, y, más recientemente, en 2011, Jennifer Ingleheart ha editado en Oxford University Press el estudio interdisciplinar Two Thousand years of solitude: exile after Ovid, obra coral en la que los distintos estudios toman a Ovidio como referente, tal como se deduce del título, abarcando el período comprendido entre el Renacimiento y el siglo XX.
M. Von Albrecht se refiere a Ovidio en su monografía publicada por la Universidad de Murcia (Ovidio, una introducción, traducción del alemán de Antonio Mauriz, Murcia 2014) como el poeta del amor, de los dioses y del exilio, y en verdad es posible distinguir esta triple vertiente en su producción épica y elegíaca (trató también el drama, en su tragedia perdida Medea, y además de en Ars y Remedia, cultivó el género didáctico en los opúsculos De medicamina faciei femineae y Halieutica, de atribución dudosa). La faceta de maestro del amor está clara en su Ars Amatoria, así como en su "antídoto", Remedia Amoris, y realmente el amor es el leitmotiv que vertebra toda su obra, si bien es en la elegía de juventud (Amores y Heroidas) donde se hace más evidente, al igual que en Metamorfosis, su obra cumbre, quedando relegada a la presencia anecdótica en Fastos y en la obra del exilio (Tristia, Pontica e Ibis), en la que su condición de poeta maldito deportado por cuestiones políticas inciertas eclipsa todo aquello que no sea lamento y queja, elegía a fin de cuentas en su sentido prístino, y donde el valor de la amistad cobra un sentido único.         
A principios de mayo de 2017 tuve la oportunidad de participar junto con la Dra. Moya del Baño, con la guía inestimable de la abogada rumana Luminita Pigui Neagoe, Presidenta de ASESTEMUR (Asociación de Ayuda a Inmigrantes del Este), en un Simposio internacional en la antigua Tomi. En verano aproveché unos días de asueto para visitar la ciudad que lo vio nacer, donde se conservan numerosas huellas de Ovidio en nombres de negocios o de marcas de licores, y de manera destacada en el símbolo de la escultura que lo representa en la piazza XX Settembre, obra de Ettore Ferrari (1925), copia de la erigida por el mismo escultor treinta y ocho años antes (1887) en Constanza, frente al Museo Arqueológico, de la que únicamente la diferencia un detalle nada nimio: el cálamo que sujeta con fuerza en el puño cerrado de su mano izquierda, el instrumento de su desgracia, pues como dice al comienzo del libro II de sus Tristia y repite en muchos otros lugares refiriéndose a sus escritos y a su arte literaria: ingenio perii qui miser ipse meo... (me he perdido, desdichado, por causa de mi propio talento).
En la Universidad de Murcia se le rindieron también en los meses de octubre y noviembre dos sentidos homenajes para contribuir a su reconocimiento universal: las Jornadas "Recordando a Ovidio", y la IV Edición de Yo conozco mi herencia, ¿y tú?, con gran éxito de público y participantes, que recogió entre sus lecturas e interpretaciones una selección dedicada a Ovidio y también a Tito Livio por sus respectivos bimilenarios.
Mi participación en estos eventos me llevó a aplicarme en la búsqueda de huellas ovidianas más allá de la estricta pervivencia de motivos literarios, en los que profundizo en mis clases de Postgrado en el Máster de Literatura Comparada de la Universidad de Murcia, centrándome en esta ocasión en la figura del poeta en su condición de ser humano y en lo que la evocación de su dimensión vital pudiera tener de interés como criterio de autoridad de cuestiones universales, es decir, desde el punto de vista antropológico, reforzado sin duda por su trascendencia como escritor reconocido ya en vida y consagrado por la tradición, y es así como analicé su presencia en distintas novelas o relatos cortos que lo toman como protagonista para el Simposio que la SEEC organizó en Madrid en el mes de abril, o en distintos poetas para los eventos llevados a cabo en Murcia y que acabo de mencionar.
Von Albrecht
Me sorprendió positivamente la gran cantidad de testimonios que hallé en mis pesquisas, y eso me animó a abordar la elaboración de una antología, En nombre de Ovidio, para lo que he partido de Dante Alighieri y he concluido en los albores de este mismo 2018. Más de sesenta poetas de muy distintas procedencias -muchos de ellos murcianos o afincados en Murcia- entre las que se cuentan Argentina, Bulgaria, Chile, España, Estados Unidos, Grecia, Irlanda, Italia, Nicaragua, México, Polonia, Reino Unido y Rusia, engrosan el volumen. Se combinan en el mismo poemas en los que Ovidio es evocado de forma explícita, o incluso interpelado, o bien se le presta voz para que nos hable en primera persona, cuando no son algunas de sus obras las mencionadas, apareciendo en algunos casos en el propio título del poema. La frescura y la originalidad son una constante en la gran mayoría, lo cual ahonda en el espíritu del homenaje que se pretende hacia el de Sulmona, pues pocos poetas ha habido más originales, vanguardistas y transgresores que Ovidio. El propio Séneca se refirió a él como el más ingenioso de los poetas latinos, y así nos lo ha conservado la tradición, pues a poco que nos aproximemos a sus obras quedaremos hechizados por su gracia particular.
Sirvan estas líneas como anuncio de la referida antología, en la que ha colaborado el profesor Von Albrecht con un poema en el que interpela al vate y que adelanto aquí como primicia con su anuencia, acompañado de mi traducción al español:

AD OVIDIUM
Vix credam, sed adest iam bis millesimus annus
    Ex quo mortuus es tristis in exilio.
Musa tamen vivit, vivis tu, lusor Amorum,
    Mutantur formae, iam fugit exilium.
Semina non aliter moriuntur condita terrâ,                         
    Ut fecunda ferant germina mille nova.
Romanum imperium periit, sed viva Corinna,
    Mortuus Augustus, Naso poeta viget.
Quod non sperabas: tua gloria, magne poeta,
    Non contenta fuit finibus Imperii.                                    
Quantula pars terrae fuerat, quam, Roma, tenebas!
    Orbe legunt toto carmina, Naso, tua.
Ingenia in terris namque omnibus optima quaeque
    Te Musamque tuam, Naso poeta, probant:
Nec tantum, sed amant: Germania, Gallia, Thule,            
    Anglia, Dania, te Russia magna colit.
Italus et Dacus, Hispanus et Afer et Indus
    Quique ultra Oceanos Antipodes habitant.
Thybris, Hiber, Rhodanus, Rhenus, Tagus, Hister, Hydaspes,
    Te Nilus, Ganges, Phasis ad astra ferunt.                         
Iam te nec spatii nec temporis impedit ullus
    Terminus. Auditur vox hodieque tua:
"Aurea nunc vere sunt saecula. Plurimus auro
    Venit honos". Virtus friget et alget adhuc.
"Usus aquae communis" ais. Sed nunc quoque mater         
    Hospita cum natis vi prohibetur aqua.
"Sentiat ex imis Venerem resoluta medullis
    Femina" dixisti. Hoc Africa saeva vetat.
"Sit tibi Callimachi, sit Coi nota poetae
    Musa", sit aequalis docta puella viro.                                 
Iam tua verba hodie discunt recitare puellae:
    Mox matres natis verba Latina canent.
Naso redi! Iam cultus adest. Haec tempora vati
    Conveniunt. Linquas barbara, docte, loca!
Heidelberga vocat, vocitat te Myrtia: utrique                       
    Primus amicitiae Naso magister eras.
Audiet hinc lacerata odiis tua carmina Terra.
    Exilio finis. Doctor amoris, ades!



A OVIDIO

Apenas lo creo, pero aquí está ya el año bismilésimo
    desde que falleciste desdichado en el exilio.
Tu Musa no obstante vive, y vives tú, cantor de los amores,
    Cambian las formas, ya ha huido el exilio.
No de otro modo mueren las semillas escondidas en la tierra
    para, fecundas, proporcionar mil nuevos brotes.
El imperio Romano pereció, pero Corina vive,
    muerto está Augusto, Nasón el poeta florece.
Pero esto no lo esperabas: tu gloria, gran poeta,
    no se contuvo en los límites del Imperio.        
¡Qué pequeñísima parte de la tierra poseías tú, Roma!
    En todo el orbe se leen, Nasón, tus poemas.
Pues en todas las tierras tu talento superior,
    poeta Nasón, y tu Musa, agradan.
Y más que eso, te aman: Alemania, Francia, Suecia,           
    Inglaterra, Dinamarca y la gran Rusia te cultivan.
El ítalo y el dacio, el hispano y el africano, y el indo
    y más allá de los Océanos quienes en las Antípodas habitan.
El Tíber, el Ebro, el Ródano, el Rhin, el Tajo, el Danubio, el Jhelum,
       a ti el Nilo, el Ganges, el Rioni hasta las estrellas te elevan.
Ya no tienes ni en el espacio ni en el tiempo
   límite alguno. Y hoy día se escucha tu voz:
"Ahora en verdad son los siglos áureos. El mayor honor
    le toca al oro”. La virtud se enfría y llega a morir de frío.
"El uso del agua es público” dices. Pero ahora también a una madre
    huésped con sus hijos por la fuerza se le prohíbe el agua.
"Sienta, liberada, desde lo más profundo de sus entrañas a Venus
    la mujer" dijiste. A esto se opone, cruel, África.
"Que te sean conocidas la Musa de Calímaco, que lo sea
    la del poeta de  Cos", sea igual al varón la joven instruida.
Ya aprenden hoy día a recitar tus palabras las muchachas:
    que al punto las madres canten a sus hijos palabras Latinas.
¡Nasón, vuelve! Ya tienes tu culto. Estos tiempos a un vate
    convienen. ¡Apártate, docto, de lugares bárbaros!
Heidelberg te invoca, te invoca reiteradamente Murcia; en uno y otro lugar
    fuiste el primero como maestro de la amistad, Nasón.
Que oiga aquí tus poemas la Tierra, lacerada por el odio.
    Ha acabado el exilio ¡Tú, el que enseñas a amar, presente estás!


            Quisiera por último dar las gracias públicamente a Noelia Illán Conesa, una de las fundadoras y coordinadora de esta magnífica revista poética que es La Galla Ciencia, licenciada en Filología Clásica y profesora de Latín, quien también ha abordado el análisis de las Heroidas de Ovidio, en cuyo estudio fue pionera la Dra. Moya del Baño, alma mater de los estudios de Filología Clásica en la Universidad de Murcia -donde tanto Noelia como yo nos hemos formado-, desde su Tesis de Licenciatura sobre la Epístola de Hero a Leandro, hasta su "Estudio mitográfico de las Heroidas", objeto de su Tesis Doctoral, y su traducción para el CSIC de la obra ovidiana en 1986.

            Mi agradecimiento se hace extensivo de un modo muy especial a cuantos con generosidad han dado su consentimiento para que sus poemas aparezcan en un libro que confío en que pueda ver la luz pronto. Entonces llevarán su nombre, y espero merezca el juicio positivo de los estudiosos y amantes de Ovidio, en tanto en cuanto es su propósito dar testimonio de la capacidad del poeta para alimentar la llama sagrada e inextingible de la Literatura, ese monumento que ya Horacio ponderara como más duradero que el bronce. Y así es, sin duda, porque este hombre, al que, contra las advertencias paternas, cualquier cosa que escribía se le tornaba verso[1], tal y como él mismo predijera[2], es eterno.


Charo Guarino
Universidad de Murcia






[1] Quidquid tentabam dicere, versus erat (Tristia IV 10, 26). Cualquier cosa que trataba de decir, era verso.
[2] siquid habent veri vatum praesagia, vivam (Met. XV 879). Si alguna verdad hay en los presagios de los vates, viviré.


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