viernes, 26 de enero de 2018

LÁGRIMAS Y ADMIRACIÓN: PABLO GARCÍA BAENA EN EL RECUERDO DE SUS AMIGOS Y LECTORES



Su muerte ha dolido. Lo hemos visto estos días: el fallecimiento de Pablo García Baena, el último padre vivo del grupo Cántico, ha abierto una afligida brecha en amigos, lectores, personas a las que su nombre les suponía el eco de una época e incluso en algunos profanos en su poética, pero conscientes de su importancia, que también han lamentado su desaparición.


Pese a la discrección que le acompañaba, pese a su perfil de hombre invisible -adjetivo que le dedicó Álvaro Pombo y que recordamos en nuestro ESPECIAL HOY FIRMA del pasado miércoles- hemos constatado que Pablo tenía fieles lectores, hambrientos paladines de la palabra que buscaban sus títulos para guarecerse del mundo en versos como estos: 




Porque es de noche y va cayendo el agua
nos abrazamos, solos, en el viejo
regazo del sofá en tanto suena
la voz de Nat King Cole, triste y cálida
rama de broncas ascuas crepitantes
en la garganta humana de los discos.
Aunque es de noche duerme en su litera 
de angustia el senescal, ora dormido
el obispo yacente sobre el laude
y en su cama de ruedas duerme el ciego.
Dormido el mundo, tú y yo veíamos
solos sobre la tierra, porque es noche
y el agua vierte pura hondo sueño.
Un humo de durmientes nos acerca
las bocas... Calla tu corazón al miedo
aunque es de noche y está frío el planeta
con nosotros y el bosque de esa música
tupiendo yedras alrededor nuestro.
Llamas somos de un sueño largo y torpe
que los tendidos sueñan silenciosos
desde el catre postrero de la tierra.
Sólo es real el vaso rebosante
de mi sed, aunque el agua está manando
y es de noche para siempre, noche oscura.


Con poemas así es imposible negar que Pablo era "el mejor poeta que ha dado Córdoba después de Góngora". Son palabras de José Luis Rey, quien también loaba el compromiso de García Baena con la brillante sombra del grupo Cántico en los días posteriores a su muerte: "Ha tenido más suerte que Ricardo Molina y ha vivido más, y por eso ha visto su obra reconocida al final. Pero él siempre ponía a sus compañeros de Cántico por delante de él".

Pere Gimferrer, académico de la Lengua, fue rotundo en sus declaraciones en recuerdo del cordobés: "García Baena es uno de los mejores poetas del siglo XX y también del siglo XXI". Uno de los mejores poetas y, para muchos, también un gran maestro, un guía estético o un referente de excelencia y tacto en el ejercicio de la palabra: "En Pablo García Baena teníamos un guía, era nuestro maestro y nuestro ejemplo", asumía la poeta Juana Castro

Árbol plantado frente a la Biblioteca pública
Ricardo Molina, de Puente Genil, en
homenaje a Pablo García Baena
Fue el periodista y escritor Fernando Delgado quien puso palabras certeras a lo que muchos sentimos al evocar la figura discreta de Pablo: "Siento verdadera adoración desde hace mucho tiempo por Pablo García Baena, al que considero una voz superior, mucho más allá de Cántico".

Es por ello por lo que, desde el altavoz que nos ofrece Internet, no queremos dejar de honrar y recordar a Pablo García Baena. Y hoy lo hacemos a través de la voz de amigos y lectores que, entre lágrimas y admiración, han escrito una líneas para su homenaje. Algunos han sido escuetos y otros fervorosos; aquellos han evocado momentos compartidos, esos otros han pensado en aquel libro que tanto les sedujo. 




Éstas son sus voces. 

Ésta, Pablo, nuestra nueva celebración de tu memoria.


Luis Antonio de Villena

luisantoniodevillena.es

Pablo García Baena (Córdoba, 1921- 2018) es uno de los grandes poetas de la poesía española en la larga mitad del siglo XX. Devenido cabeza del grupo Cántico, pero siempre él, voz y sello propios, Pablo es un sumo estilista que llega a un manierismo natural, un manierismo que fusiona vida y cultura en la renovación, tan suya, de los grandes “tópoi”. La pasión paganizante, el carnal estío, los fastos y lágrimas de una religión vivida sensorialmente, el tiempo fluyente y voraz (“fugit irreparabile”). Con todo ello, la tradición del Barroco y de la Modernidad, García Baena teje una poesía lujosa y sensitiva, íntima, próxima, vivencial y llena de fulgor solar y de morados otoños que son ánimo y ánima. Espléndido poeta, un tiempo extraño preterido, ahora es un clásico absoluto al que el lector admira con cercana complicidad. “Onorate l’ altissimo poeta” Será (es) un total referente.


Ben Clark


Al teléfono con Pablo García Baena

Una de las primeras lecturas poéticas a las que asistí como estudiante en Salamanca fue de Pablo García Baena. Su nombre me sonaba, pero no había leído nada de él. Recuerdo la impresión que me causó su voz, serena, y el silencio de la gran sala, completamente llena. Un año después, en la Fundación Antonio Gala, tuve la oportunidad de saludarle y de leer su obra. Antiguo muchacho no sólo me encantó, sino que marcó una dirección poética que no conocía y que intentaría perseguir en los siguientes años. Una década después hablé varias veces con Pablo por teléfono para gestionar su colaboración en el libro homenaje que yo estaba preparando sobre Sepulcro en Tarquinia de Antonio Colinas. Recuerdo mi empeño en recordarle en cada conversación quién era yo y su insistencia en que ya lo sabía y que nos pusiéramos a trabajar. En esas conversaciones el joven era él, sin duda. Fue amable, cercano, muy buen poeta y estuvo siempre en contacto con los jóvenes y con la poesía joven. Ojalá aprendamos de su ejemplo.


Juan Pablo Zapater


Se ha ido Pablo. Se ha ido un maestro cercano y profundo, sensual y amante de la vida, esa que le acaba de abandonar. Pero nos deja su poesía, la perdurable, la auténtica. Si en algún lugar continúa reuniéndose la tertulia de Cántico, sus amigos se alegrarán de verle y le dirán entre abrazos... ¿por qué hemos tenido que esperarte tanto, querido Pablo?


Gema Albornoz



En la noche del 3 de junio sobre las siete y media, su mirada amable, y honda, y su voz conocedora de melancolía, me recibieron tras presentarme. 


Las manos de David Montañés acariciaban las teclas de un piano y la voz de Ana Mª Benítez lo acompañaba en la prueba de sonido.  El ajetreo, en el patio de butacas del Teatro Circo de Puente Genil, se incrementaba al acercarse la hora de las actividades en la última noche del V Encuentro de Poesía, Música y Plástica.


Su sobrino, Antonio Amezcua, permanecía en su compañía, sentado a su derecha. Su gran amigo, Ginés Liébana, se acercó a nosotros y. mientras se presentaba como el “Conde Alberto”, Don Pablo liberaba una débil carcajada, afirmando que se alegraba de verlo.

Continuó mi conversación con él. Estaba muy nerviosa, no estaba segura de la acogida de Don Pablo al comienzo de mi entrevista, pero a medida que transcurrían los minutos, me fui tranquilizando, al comprobar la extensión cómoda de Don Pablo en sus respuestas. Me dejó acercarme a él, a través de las preguntas que le realicé durante tres minutos con cincuenta y seis segundos. He vuelto a escuchar la grabación, y ya durante esos minutos, estaba segura de que grabaría ese momento en mi memoria. 


Gracias por tanto, Don Pablo. 



«despertarán las rosas elegíacas
en el instante de tu abrazo 
con los peregrinos de Sandua»               

Descanse en paz. 


Juan Antonio Bernier


Pablo García Baena dedicó gran parte de su vida a mantener viva la memoria de sus compañeros de Cántico. Nunca pidió nada para sí mismo. Y así, sin ambición personal, se ha convertido en uno de los grandes poetas de nuestra lengua. Queda su obra, indiscutiblemente, pero con su fallecimiento perece un ser excepcional.



Antonio Roa


D. Pablo me abrió la puerta con el gesto suave con que es arrancada la hoja del calendario. Al entrar sentí el frío limpio de la soledad donde escribe el poeta. Hablamos de su hermano y amigo Ricardo Molina, de momentos vividos de su juventud que no se parecía en nada a la mía, sentados en la mesa sobre la que escribe, horno donde fábrica sus poemas, rodeado de sus cuadros esas sus estancias, para mí la más importante "su voz" llena de luz. Al irme, el gesto de mis brazos al abrazarlo, coronando su cuerpo, mientras intentaba comprender lo que me contó sobre Ricardo y lo que sintió al perderlo. Ahora ya lo sé, aunque sigo sin saber cómo se miden los sentimientos. Desde aquel día seguimos hablando todos los martes a la misma hora, D. Pablo. Ahora que no tengo luchas corporales, me dedicaré a leer el libro de todos los días.


Joaquín Piqueras


Hay poemas que son necesarios y que, sin embargo, pasan por la historia como amparados por un rumor oculto, y no necesitan ser reconocidos -aunque finalmente, y con justicia, el tiempo los premie-; porque el verdadero lector es fiel al flujo natural de la poesía, y no importa que este parta de los clásicos grecolatinos, de la poesía áurea, de la generación del 27 o de la vida misma, y que sobreviva al voluble ponto de las modas. No importa, porque cuando el compromiso aúna arte y vida, los poemas están escritos por un poeta de verdad, están escritos por Pablo García Baena.


José María Álvarez



Se merecía mucha más gloria que la rendida por algunos premios. Sintió el aliento turbio del olvido y la frialdad del silencio de muchos muy bien acomodados en el fango de esta nación tan miserable culturalmente. Siendo uno de los poetas verdaderos, y de tan largo camino, vio desfilar reconocimientos inauditos celebrando a tanto necio, mientras él nos regalaba desde la sombra versos que sobrevivirán. Yo admiraba esa entereza y -estoy seguro- su desprecio. Amigo de sus amigos, como el padre de Manrique, era un andaluz de oro que no albergó más que sed de belleza, alegría de cuerpos donde esa belleza se hacía carne, y un amor a la Literatura que ningún olvido pudo ni rozar.


Juan de Dios García



El pasado domingo por la tarde me saltó la noticia de la muerte de Pablo García Baena en el ABC Cultural. Era un hombre anciano y, en principio, no tenía por qué haberme impactado tanto ese hecho. Sí lo hizo porque tan sólo siete meses antes, en Puente Genil, homenajeando a su “hermano” de juventud Ricardo Molina, había podido saludarlo en persona, tocarlo por primera vez, abrazarlo y declararle en pocas palabras mi admiración, sobre todo, por su exquisito arrojo literario en una atmosfera oscura y en un tiempo pobre como fue la Córdoba de postguerra. No supe que también me estaba despidiendo de un cuerpo y un espíritu, del último acorde poético de Cántico.

Durante el resto de la tarde y la noche del domingo hubo una catarata de lamentos en los muros de Facebook. Sin embargo, el lunes por la mañana, cuando encendí la radio, los tertulianos no hablaban de Don Pablo, en la calle no escuché ninguna conversación comentando su pérdida, en el trabajo ningún compañero me consoló. Comprobé, una vez más, que en mi inapreciable realidad virtual el mundo entero lloraba verticalmente al autor de Antiguo muchacho, pero que en la realidad tangible y en la fortaleza rectangular de la televisión ese lloro provenía del anuncio de otra muerte -esta vez prematura-, la de Dolores O’Riordan.

Domingo y lunes negros, entonces, aunque con una palpable diferencia: el martes por la mañana sí desayuné con el gemido radiofónico por Los Arándanos de Limerick, sí escuché alguna conversación callejera sobre "Zombie" y sí compartí el pésame por la cantante irlandesa con algún colega entre la fotocopiadora y los pasillos del trabajo. Citando a Manuel Vilas, "el pop se llevó por delante a la literatura".

Y ante esta verdad no hay nada que discutir; simplemente acudir a tu estantería de tesoros en papel, abrir otra vez ese poema y saber vivir «bajo el ala florida de aquel tiempo / glorioso para el hombre».


Santiago Cejas Sánchez

Foto: Gema Albornoz

Como productor audiovisual, a menudo desempeño el rol de observador de los acontecimientos, para poder así prestar atención a cada detalle del momento, cada sentimiento. Cuando Pablo García Baena subió al atril en aquel quinto encuentro de poesía de Puente Genil, acalló los más leves susurros pronunciando aquellas humildes palabras en honor a un viejo amigo. Pocas veces he sido capaz de captar tras el objetivo aquella impactante emoción que se reflejaba en sus ojos, esa emoción que menguaba el tono del poeta por antonomasia de Cántico al ver a Ricardo Molina de vuelta entre las butacas del teatro. La huella de Pablo García Baena será imperecedera, al igual que su labor en la poesía española, pero creo que aquel hombre, aquel frágil y tembloroso hombre, arrodillado ante el recuerdo y cautivado por la felicidad era el verdadero Don Pablo. Un humilde y sencillo hombre oculto entre palabras y mitos.


Francisco Guerrero Cano



No es la piel lo que le hace ser el padre de tantos de nosotros: es el inquieto raudal de los torrentes, el crujido de las ramas bajo el peso del nido y el resonante silencio de las constelaciones. Sus torrentes, sus ramas, sus constelaciones; el silencio que tanto amaba, que ama, porque de Pablo García Baena solo se puede hablar en presente. 

Multiplicado en su familia y amigos, en los secretos de las palabras, en la naturaleza, en un cántico al amor entregado, el maestro se despide sin despedirse del todo. La herencia que nos deja es colosal, limpia y robusta como un atardecer portador de alegría. Detenerse en los reconocimientos a su obra poética –Premio Príncipe de Asturias, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, Premio Andalucía de las Letras, Hijo Predilecto de Andalucía- es hacer solo la mitad del camino. Es en la renovación lírica y en el diálogo entre generaciones donde se acomoda la grandeza del genio, en el cuidado de la poesía joven del mismo modo que se asiste y custodia la clásica. En la atención al poeta con su propio ejemplo, con su humildad. Recuperando imágenes y caminos con una luz nueva. 
Sabemos –porque él nos lo cuenta, nos lo canta- que el mismo lugar recuerda el reino y el silencio. Su poesía inmortal, presente, anclada al largo abrazo musical de la yedra.


Pablo García Casado



Se va una figura clave en nuestra poesía, el penúltimo de nuestros padres. Sin querer ejercer el magisterio, su ejemplo es bandera de resistencia civil de la poesía en tiempos mucho menos propicios que éste. Más allá de la influencia estética en muchos jóvenes, que no es mi caso ciertamente, sí que nos seguirá iluminando como un emblema estético y moral que mantuvo viva la llama de la poesía.


David González Lago



Don Pablo en mi recuerdo

He tenido la suerte de coincidir en los últimos años con don Pablo García Baena en varios eventos literarios de mi ciudad. Lo recuerdo entrando en la Filmoteca, con su gesto de hombre tranquilo y el paso calmado. Recuerdo su voz pausada en el Centro Andaluz de las Letras, rememorando las vivencias de aquel antiguo muchacho junto a Bernabé y sus compañeros de Cántico. No olvidaré la dulzura de su voz en Puente Genil, una dulzura semejante a la musicalidad con que impregnó cada uno de sus poemas.

Coincidí en varios eventos con este hombre afable y cercano y, sin embargo, jamás entablé conversación con él. El motivo: el halo de respeto que, al menos para mí, emanaba de su figura, y la certeza de estar ante uno de los más grandes poetas que ha dado el siglo XX. Me bastaba con disfrutar desde la distancia (quizá desde impares, fila 13) de su amor por la palabra, de su pasión por Córdoba y de esa sabiduría casi centenaria. Ese es el recuerdo que siempre me quedará de don Pablo. En su cántico pensaré mientras cantan los pájaros.


Antonio Praena



Pablo García Baena es un vínculo imprescindible entre el mejor barroco y la segunda mitad del s. XX en la poesía española. La estética de la contrareforma y la exuberancia gongorina llegan hasta nosotros como un río que incorpora lo mejor de nuestra tradición y lo introduce en la modernidad como algo vivo.


Vicente Gallego


Pablo se ha ido. Era un poeta, un hombre bueno. No tuve ocasión de tratarlo mucho, pero no hacía falta para tomarle cariño. Lo recuerdo en varios andenes de estaciones, entre las ventoleras y el gentío de paso, pequeñito, vivo como la propia vida, amable con la naturalidad del que ama y está cumplido. Todo en él era elegancia, mansedumbre de la mejor estirpe, y un saber estar propio suyo. Con su pasito corto de gorrión, con el apasionamiento del amante, nos ha dejado algunos de esos poemas que nos hacen más dignos de la herida.  Hasta siempre, maestro.


Joaquín Pérez Azaústre

Con Pablo**



Estar con Pablo es estar en la poesía. Su voz hoy cruza el mar y habita latitudes extremadas en su ritmo geográfico, pero la poesía de Pablo es Córdoba. La real, la encendida. La sombreada por fiebres interiores, la habitada por rostros y por nombres, por cuerpos y tendones que dieron complexión a la ciudad, nervio de vida. Claro, es la Córdoba de Pablo. La Córdoba de Cántico. La Córdoba de aquel grupo de amigos que recorrieron su ruta de posguerra entre tabernas, abrazo de palabras y luz incandescente de oro vivo en los medios a medias. Luego, Pablo también fue Málaga, su gin-tonic de luz con la noche agitada en la frente perlada de la Dietrich, como un ángel azul con las piernas eléctricas devorando la noche. Autor del año 2018 para el Centro Andaluz de las letras, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Córdoba y la de Salamanca, celebrarlo es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos, porque nunca es tarde si la dicha es Pablo. Pero ya se estaba celebrando su poesía, que es el mejor premio para quienes lo queremos y admiramos. Ahí está su obra en Visor: ábrela por la página que quieras, entra en ese mundo, habítalo. Es la realidad que se sumerge en su propia visión, en su aire y su delicadeza, con esa turbación de la belleza que es una armonía de vivir. Es el mundo completo de un poeta, con sus nombres a cuestas, sus historias y rezos ante el altar mayor de la poesía. Estamos ante un hombre, con su tensión y con una ideología de lo que la ciudad debiera ser, de lo que se ha dejado en el camino de su modernidad. Aunque algo permanece. Se presentan los nuevos libros de Matilde Cabello y Alejandro López Andrada, titulados De la luz y su origen y Los cielos del Báltico, y creo que también otros amigos seguirán recorriendo tabernas y antros nocturnos con ese mismo anhelo de intimismo y verdad. Dice Gimferrer que la Córdoba de Cántico es irrepetible. Pero queda ese poso de torres coronadas, con una juventud que da sentido a un mundo.

 **Publicado en Diario Córdoba un mes 
antes de la muerte de Pablo García Baena.


su voz. Su voz como último refugio; su voz andaluza y solemne, anciana y aterida, pero, sobre todo, viva en nuestra memoria para siempre.

Pablo García Baena, descanse en paz.




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