domingo, 14 de enero de 2018

LITERATURA Y CINE: NOVECENTO: LA LEYENDA DEL PIANISTA EN EL OCÉANO (por Daniel J. Rodríguez)

A Francisco
por obrar el milagro.


El autor italiano Alessandro Baricco construye sus novelas en un mundo onírico, casi poético –o absolutamente lírico– en el que el bien, el mal, el humor y un argumento con mayor o menor peso se dan la mano para lograr un bien común: entender los límites.



Lo hace en una de sus grandes historias, Océano mar, en la que trata de encontrar el final y el principio del mar con la ayuda de los habitantes de una pensión a la orilla del mar. Lo intenta también en Mr. Gwyn, un escritor frustrado que desea pintar retratos con palabras y lo logra, vaya si lo logra, en Novecento, la leyenda del pianista sobre el océano.

Novecento, publicado en 1994, es un monólogo teatral que cuenta la historia del mejor pianista que jamás existió. De hecho, cuenta la historia de un pianista, el mejor, el más grande de todos, pero que no existió. Danny Boodmann T. D. Lemon Novecento nació en ultramar. Un carbonero lo encontró sobre el piano del transatlántico en el que trabajaba: el Victoria. El obrero se hizo cargo del niño, al que crió como un hijo.


Sabemos todo esto gracias a Tim Tooney, el mejor amigo de Novecento, que nos cuenta la historia de Danny Boodmann T. D. Lemon y, con ella, las de l
os cientos de miles de personas que, a lo largo de toda una vida, han viajado de un lado al otro del océano atlántico en busca de una existencia mejor.

“Lo era de verdad: el más grande. Nosotros tocábamos música, él era algo distinto. Él tocaba… Aquello no existía antes de que él lo tocara, ¿de acuerdo?, no estaba en ningún sitio. Y cuando él se levantaba del piano, ya no estaba en ningún sitio. Danny Boodmann T. D. Lemon Novecento. La última vez que lo vi estaba sentado sonre una bomba”.

Así presenta, este corto relato, Tooney al protagonista. El pequeño niño, que creció en el océano y que nunca ha abandonado el barco, es el mejor pianista que han visto cuantos embarcan en el Victoria. Hace magia con las teclas. Vive por la música que brota de sus manos, comprende el océano en el espacio finito de las 88 teclas del piano.


El director italiano Giuseppe Tornatore trató de llevar al cine, en 1998, la fantástica historia de Baricco. Tim Roth se convierte en el maravilloso pianista y Pruitt Taylor Vince encarna al inseparable amigo que cuenta al espectador la historia. Pese a la dificultad de poner en imagen la atmósfera poética del texto del italiano, Tornatore logra salir airoso con la cinta, que se hizo con un Globo de Oro a la mejor banda sonora. El guión, que incluye elementos distintos al libro en pro de hilar en imagen la historia, es brillante y emociona en los momentos más álgidos de la idea original: la danza del pianista con la tormenta, el duelo con el creador del jazz y el final, el emotivo final que, permítanme, no desvelaré.

¿Merece la pena ver La leyenda del pianista en el océano? Yo no puedo decir algo distinto a sí. Sin embargo, en este caso creo que sería recomendable dedicarle un par de horas a la lectura del monólogo, a imaginarlo y, después, ponerle imágenes.



Daniel J. Rodríguez



No hay comentarios: