sábado, 3 de febrero de 2018

EL OCTAVO PASAJERO: MARCIANOS EN CARTAGENA


Anoche volvimos a despegar con nuestro número OCHO, EL OCTAVO PASAJERO, para aterrizar como de costumbre en nuestro puerto favorito de Cartagena: la librería LA MONTAÑA MÁGICA.



Como no podía ser de otra manera, tras presentar en el Festival Deslinde nuestro número SIE7E dedicado a Raúl Zurita, volvíamos ayer a esa ciudad que siempre nos acoge con los brazos abiertos y llevamos a nuestros amigos y lectores nuestras páginas más marcianas: el verde de la sobrecubierta se abría paso entre la gente.

Y pudimos contar con la presencia de nuestro querido cacareador Juan de Dios García, que hizo una soberbia presentación del número y que hoy queremos aquí compartir con vosotros. Además del abrazo de nuestros lectores más fieles, contamos con la compañía de dos de los autores cartageneros: Natalia Carbajosa y Antonio Marín Albalate, que no dudaron en leer los poemas con los que participan en el número. Todo, por su parte, fueron palabras de halago, y les damos las gracias por continuar siempre apoyando el proyecto y contar con su ayuda.


Después de hablar de algunos entresijos del número, sobre la elección de los autores o la forma en la que dimos con nuestro maravilloso ilustrador, Martín Vicente Ríos, disfrutamos de los versos de Carbajosa y Albalato, además de leer el poema del autor más joven del número, Hugo Cano, que no pudo acompañarnos.


Os dejamos el texto de presentación de Juan de Dios García y reiteramos las gracias a todos los que nos arropasteis anoche. Gracias a Vicente Velasco por darnos cobijo, gracias a todos los lectores, amigos y familia que en una noche de frío nos dieron calor a todos los gallos, incluidos los que desde la distancia nos acompañaban.

Antonio Marín Albalate

Natalia Carbajosa


¡Nos vemos con el NUEVE!


Juan de Dios García
"El poeta marciano escribe sobre un muro delicado, construido entre lo que se lee y lo que se conjetura, entre las formas visibles y las opacas. En esa gravedad universal, en esa atmósfera de cuerpos celestes, en esa energía oscura, en esa frontera de espacio-tiempo, surca una nave de la imaginación, este NÚMERO 8, tripulada por 52 pasajeros —con predilección lógica por el octavo—, prologada por el comandante Vicente Luis Mora y vigilada en la popa por el experto en psicofonía audiovisual milenaria Iker Jiménez.

La voz nodriza que ordena las acciones de los que pilotan es una grabación perfectamente manipulada y automatizada del gobernador supremo Rafael de Cózar, bibliómano sevillano que murió heroicamente en su hogar, quemado entre el humo azul de la literatura, a cuya memoria está dedicada esta travesía galáctica y al que le vendría como anillo saturnal al dedo esta cita de Anatole France. A Rafael de Cózar y a todos los que participamos de este mundo agonizante, tanto que llevamos agonizando desde que quedamos cautivados por la vida literaria: «Los que leen muchos libros son como los masticadores de hachís. Viven en un sueño. El veneno sutil que penetra en su cerebro les hace insensibles al mundo real. Día llegará en que todos acabaremos por ser bibliotecarios y todo habrá terminado para nosotros».

Aplicándose esta profecía, entre estas páginas que presentamos hoy, el autonauta de la cosmopista Pedro Casariego Córdoba inaugura la nave y corta la cinta protocolaria con la tijera que ya trae su alma; el equipo de La Galla Ciencia se asoma a las ventanillas de la nave en pleno vuelo espacial y observa verdaderas maravillas, ve flotando a los tripulantes en pleno, girando sin rumbo entre basura espacial: ahí van Hugo Cano, Ángel Cerviño, Natalia Carbajosa, Julio Monteverde, Antonio Marín Albalate, María Negroni, José Óscar López, Julia Castillo... Todos se han escapado a la aventura estrellada con apenas un traje blanco y reflectante.

Xul Solar hace honor a su apellido y quiere derretir sus alas como Ícaro; vemos a Eduardo Chicharro preguntándose «¿Qué es eso que desgarra los sentidos?»; Carlos Edmundo de Ory levanta la cabeza para oír los susurros de esta cosmogonía; Luz Pichel grita que está prohibido no decirlo, pero Francisco Ferrer Lerín, como un forense togado, advierte de una muerte abstracta a Chantal Maillard, que se deja las sandalias olvidadas en la boca de un cráter; en un momento dado consiguen, milagrosamente, formar un círculo en el que cada uno aporta un par de versos o una imagen: Yulino Dávila unos ojos color volcán, Alejandra Domínguez un violín de nieve, Juan Carlos Mestre un tarot babilónico, Menchu Gutiérrez un corazón en miniatura, Ángel Zapata un cuco sabatino, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán un teorema invisible, Eli Tolarretxipi una tibia naranja, Marta López Luaces un pétalo de cemento, Miguel Ángel Real un belfo disecado, Emilio Arnao un genoma encofrado, Daniel Aguirre Oteiza un código cifrado de ecos, David Yeste hierba en fractales —sí, hay buena hierba en este círculo—, Benito del Pliego un bidón electrónico, Pilar Adón un pelo lacio y místico, Ixiar Rozas una nube que rima, Raúl Herrero una cría de cocodrilo insomne, Estíbaliz Espinosa un puñado de ceniza galaica, Pilar Fraile polen escarchado, Ana Gorría una larva de Tannhäuser, Tulia Guisado una mosca en su mejilla infantil, Marta del Pozo un omóplato lluvioso, Arantxa Romero un alfabeto troceado y Rinoceronte García un desayuno continental para nazis.

Este espectáculo, este regalo ofrecido camino del Planeta Rojo es un espejo. Nos miramos y nosotros somos ellos. El mensaje de despedida circular está claro, somos siempre el otro, somos el alien."

Juan de Dios García












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