viernes, 16 de febrero de 2018

LOIS PEREIRO: EL POETA ASFÁLTICO




La verdadera poesía nunca miente, por hiriente que sea.

L.P.


Lois Pereiro (1958-1996) tuvo poco tiempo. Apuró la pluma en el último momento, cuando ya sabía que iba a morir. “Soy un relato breve”, decía. Dejó una novela inacabada y el diario “Conversas ultramarinas”. Quizá el reconocimiento a su obra no le llegó hasta algunos años más tarde, cuando se le dedicó el Días das Letras Galegas, en 2011. 


Fue también entonces cuando fue traducido al castellano por primera vez por Daniel Salgado, además de al inglés por Jonathan Dunne (Small Station Press). Un año después, se publicaría “Breve encuentro”, una novela gráfica de Jacobo Fernández Serrano, que dibujaba la vida del poeta, un poeta que el ilustrador nunca conoció, pero admiró siempre. Ya con 16 años, Lois auguró que moriría joven y que escribiría un libro. Murió a los 38 años y publicó dos: “Poemas 1981/1991” (1992) y “Poesía última de amor e enfermidade” (1995).

Para el escritor Manuel Rivas, su libro “Poesía última de amor y enfermedad” es el texto poético en gallego “más íntimo y conmovedor” desde “Follas novas”, publicado por Rosalía de Castro en 1880. Su editor en castellano, Gonzalo Canedo (Editorial Libros del Silencio), afirmaba que si hubiera escrito en castellano, su obra “habría tenido una difusión similar a José Ángel Valente”.

Lois Pereiro era casi un símbolo: representaba una generación y al mismo tiempo era rabiosamente singular. En palabras de su hermano, el periodista Xosé Manuel Pereiro, “no creo que la droga influyese de forma determinante en su obra, exceptuando ciertas referencias. Sí influyeron los literatos drogadictos”. Aprendió lenguas para entender a los poetas que amaba, hizo autoestop para ir a la casa de Flaubert en Rouen, huyó de los círculos literarios, recitó poco en público. En él se daban encuentro los malditos y los santos, los clásicos y los modernos, desde Lou Reed a Poe, pasando por Cioran o Pound, Stein o Bernhard. Iago Martínez, autor de su biografía “Lois Pereiro. Vida y obra”, subrayaba la impronta de la música en sus textos: “No es un poeta del rock, pero forma parte de su paisaje emocional e histórico. En su cosmovisión, Thomas Mann está a la misma altura que Ian Curtis”.


En su prólogo a la edición bilingüe de la "Obra completa" (Xunta de Galicia, Ed. Libros del Silencio), Pere Gimferrer le considera el símbolo claro de que escribir en una lengua autóctona no conduce a lo agrario o telúrico: “Lois Pereiro transita por la geografía de los mapas y por la cartografía literaria universal de la modernidad”.

En el aniversario de su nacimiento, recordamos con algunos de sus poemas a este poeta, como dijo Xavier Seoane, asfáltico.




ACRÓSTICO

Solamente
intentaba conseguir
dejar en la tierra
algo de mí que me sobreviviese

sabiendo que debería haber sabido
impedirme a mí mismo
descubrir que sólo fui un interludio
atroz entre dos muros de silencio

solo pude evitar viviendo a la sombra
inocularle para siempre a quien amaba
dosis letales de amor que envenenaba
a su alma con un dolor eterno

sustituyendo el deseo por el exilio
inicié el viaje sin retorno
dejándome llevar sin resistencia
al fondo de una interna

aniquilación llena de nostalgia



CURIOSIDAD

Saber que uno está cerca de la muerte
y el cuerpo es un paisaje de batalla:
una carnicería en el cerebro.
¿Permitirías tú, amor desierto,
que en esta fiebre penitente abriese
la última puerta y la cerrase
tras de mí, sonámbulo e impasible,
o pondrías el pie
entre ella y el destino?



A TRAVÉS DEL COLCHÓN
  
Vendrá callada, oculta y con nocturnidad,
llegando desde abajo a través del colchón,
entre las derivaciones intuidas y temidas
de una vírica rebelión interna:
la herencia que conservo y atesoro
como si fuese mi propia sombra.



XVI
(Análisis hemático del amor)

Con el amor que se interpone
entre vosotros
y mi miedo
se alteran los parámetros orgánicos
de mis restos en frágil equilibrio
bien restaurados y supervisados.

Y podría hacer un Lied amargo
dedicado a mis seres más amados
modificando mis CD4
y bajando el nivel de protrombina
de este cuerpo que flota en endorfina
sin jeringas o fármacos
que las lleven.

La sed por soñar aumenta la fiebre
y causa hemorragias invisibles
exiliando de la sangre los hematíes.

Pero las lágrimas lubrican el deseo
provocan más nostalgia
y anestesian.

La amistad protege y el amor cura
el odio contagia y hiere
la indiferencia mata.

Apagado este incendio sobrevivid libres
de este estertor final de quien os ama.



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