jueves, 15 de febrero de 2018

UNA CASA CON PALABRAS DENTRO de MARIA DO ROSÁRIO PEDREIRA (por VERÓNICA ARANDA)







UNA CASA CON PALABRAS DENTRO

Maria do Rosário Pedreira

Huerga y Fierro, 2017
Selección, traducción y prólogo
de Verónica Aranda






La poética de Maria do Rosário Pedreira (Lisboa, 1959) se puede considerar rara e inclasificable dentro del panorama actual de la poesía lusa. Es atemporal, aunque heredera de un romanticismo que nunca dejó de influir en la literatura portuguesa. Pero, en la autora no hay ecos de Florbela Espanca sino de Yeats, considerado el último de los románticos. Como señala Pedro Mexia en el prólogo a su Poesía reunida (1), se trata de una poética que “asume todos los riesgos intempestivos de un aparente confesionalismo sentimental”.

Dentro de ese confesionalismo, donde el punto de partida y núcleo temático es siempre el Amor, predominan en los poemas los elementos narrativos y descriptivos. Libros como O canto do vento nos ciprestes, son la evolución de una historia de dos personajes, con principio, nudo y desenlace, aunque también se podría leer como una larga carta dirigida al amado, con el que ha vivido un amor sublime. En cualquier caso, los poemas se van construyendo a partir de un hilo narrativo y son claros, huyen del lenguaje encriptado. De hecho, Pedreira declara en una entrevista que admira a los poetas “que se hacen entender”, y la aparente sencillez de autores como Robert Frost (2).

En los textos abunda el espacio interior, la casa, donde se encierra y clasifica todo lo que va perdurando: objetos, ropas y aromas que son la memoria o lo poco que resta de un amor que solo acontece una vez en la vida. El espacio de la casa representa la introspección y en él se gesta una voz femenina reconocible, que “concretiza y fija su atención en lo mínimo, de una fragilidad emergente ante la inestibilidad del Yo”, según nos desvela la poeta Ana Marques Gastão.

El amor en la poesía de Maria do Rosário Pedreira representa la necesidad del Otro y una entrega total (por amor: daría el suelo y la sangre, la casa y la alegría), vivida hasta el límite. Un concepto del amor que va estrechamente unido a la muerte, entendida como pérdida, ya que deja un duelo parecido cuando acaba, formando un todo indivisible. Quedan retratos escondidos en el fondo de los cajones, mensajes cifrados, camas deshechas, libros, pero la voz de la persona amada ya no vuelve. Ni siquiera puede aferrarse a su nombre, porque “las sílabas cayeron al final de las palabras.”

La autora se refiere en varias entrevistas a la escritura como terapia. “Cuando escribo ordeno una serie de dolores.” Y la muerte limpia en el libro la memoria del dolor. El tono de exaltación de algunos textos desemboca en la serenidad de los últimos poemas de “La idea del final”, que se aferran a la vida (Menos mal/ que no morí todas las veces en las que/ quise morir) y a la idea de un amor sereno en la vejez para combatir el aislamiento.

Por otro lado, los presagios, la soledad o la nostalgia actúan como leitmotivs dentro de los poemas. A través de una armoniosa circularidad, con leves variaciones y desplazamientos, la poeta ordena el caos de una historia de amor trágica (que va “de herida en cicatriz”), atravesada desde el principio por la angustia de la pérdida y por la fragilidad, donde hay un desencuentro entre el Yo y un Tú que ya no quiere recibir, bifurcándose los tiempos. En el nudo de la historia de amor está la espera, la incertidumbre del potencial abandono, como en el poema Fado:

Dicen los vientos que las mareas no duermen esta noche (...)
Estoy asustada. La luna está apenas a la mitad,
La tierra tiembla. Y yo tiemblo, temiendo que no vuelvas.

Temáticamente, hay reminiscencias de las cantigas de amigo galaico-portuguesas, que se enmarcan “dentro del tema general de la ausencia del amigo y el dolor provocado por esa ausencia, que la mujer expresa en diferentes tipos de composiciones” (3), y en las que aparecen subtemas como los peligros del mar. Pero, al contrario que en las cantigas, la saudade se anticipa aquí al momento de la partida definitiva del amado. Hay mucho de fado en los poemas de Maria do Rosário Pedreira, desde el tono hasta el imaginario colectivo de la mujer abandonada que espera frente al mar. No es casualidad que otra de sus múltiples facetas sea la de compositora de letras para algunos fadistas actuales.

Asimismo, otro vínculo con la tradición que encontramos en la poesía de Pedreira es su relación con las albadas, que tuvieron su auge en el siglo XV y las componían mujeres. El tema principal era la huida del amado al amanecer para no ser descubiertos. La poeta hace un guiño a esta tradición y la renueva:

Abandonaste la playa en cuanto llegó el primer pescador:
la primera linterna,
la primera red.

Cabe destacar la sutileza y elegancia con las que la escritora portuguesa trata el erotismo, enlazándolo muchas veces con el paisaje y los matices de la luz:

y, en la blancura ciega de ese atardecer, tu mano
resbaló por la inclinación del sol y vino a contar
las sombras de mi escote.

Se trata de un paisaje emocional, a veces onírico y extraño: con acantilados, escarpas, mares en tempestad, que conducen al lector a presagios de muerte. Aparece con frecuencia el verano, con sus árboles frutales y “planicies lentas, casi amarillas”, que es símbolo del deseo, de la plenitud, pero también del amor como movimiento convulsivo, que arrasa con todo y deja “espigas rotas”.

Estamos ante una poesía solemne, trágica en su esencia y raíz grecolatina y, a la vez, hondamente lusitana en el manejo de la saudade, donde no hay espacio para la ironía, donde solo se puede escribir sobre el amor desde la angustia de la pérdida. Cada gesto contiene una gran carga emotiva. Es “lo trágico visto desde fuera”, en palabras de Pedro Mexia, visto desde la conciencia de la inutilidad de nombrar lo que no permanece y, a pesar de todo, haciendo del lenguaje una experiencia amorosa.



1 Pedreira, Maria do Rosário: Poesia reunida, Quetzal, Lisboa, 2012
2 Diário de Notícias, 2-5-2001
3 Marcos, Ángel y Serra, Pedro: Historia de la literatura portuguesa, Luso Española de Ediciones, Salamanca, 19.



Verónica Aranda







Quero falar-te deste amor, como de um vento
amordaçado na camisa; uma febre de verão
que o mercúrio não acha; um telhado esmagado
pela ideia da chuva. Quero dizer-te

que sobre ele pairaram sempre brumas e nevoeiros
e profecias de temporais maiores, como os que levam
para longe os corpos dos navios. Não há notícias

deste amor; apenas uma intriga, um recado sonâmbulo,
um temor que desmaia as pregas do vestido e um sortilégio
urdido nas paisagens suspensas de um mapa que aperto
na mão sem desdobrar. E há memórias

deste amor? A voz sem as palavras, um livro lido
às escuras, um bilhete cifrado deixado num hotel,
um velho calendário cheio de desencontros? Não,

não há memória deste amor.


Quiero hablarte de este amor, como de un viento
amordazado en la camisa; una fiebre de verano
que el mercurio no encuentra; un tejado aplastado
por la idea de la lluvia. Quiero decirte

que sobre él planearon siempre brumas y densas nieblas
y profecías de temporales mayores, como los que arrastran
lejos los cuerpos de los barcos. No hay noticias

de este amor; apenas una intriga, un recado sonámbulo,
un temor que deshace los pliegues del vestido y un sortilegio
urdido en los paisajes en suspensión de un mapa que aprieto
en la mano sin desdoblarlo. ¿Y hay memorias

de este amor? ¿La voz sin las palabras, un libro leído
a oscuras, una nota cifrada olvidada en un hotel,
un viejo calendario lleno de desencuentros? No,

no hay memoria de este amor.

 *****

Não digas ao que vens. Deixa-me
adivinhar pelo pó nos teus cabelos
que vento te mandou. É longe a
tua casa? Dou-te a minha: leio nos

teus olhos o cansaço do dia que te
venceu; e, no teu rosto, as sombras
contam-me o resto da viagem. Anda,

vem repousar os martírios da estrada
nas curvas do meu corpo – é um
destino sem dor e sem memória. Tens

sede? Sobra da tarde apenas uma
fatia de laranja – morde-a na minha
boca sem pedires. Não, não me digas
quem és nem ao que vens. Decido eu.

No digas a qué vienes. Déjame
adivinar por el polvo en tus cabellos
qué viento te ha enviado. ¿Está lejos
tu casa? Te doy la mía: leo en

tus ojos el cansancio del día que te
venció; y, en tu rostro, las sombras
me cuentan el resto del viaje. Anda,

ven a reposar los martirios del camino
en las curvas de mi cuerpo; es un
destino sin dolor y sin memoria. ¿Tienes

sed? De la tarde sobra apenas un
gajo de naranja, muérdelo en mi
boca sin pedírmelo. No, no me digas
quién eres ni a qué vienes. Yo decido.





Verónica Aranda (Madrid, 1982). Es licenciada en Filología Hispánica, gestora cultural, traductora y ha realizado el DEA en la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi. Ha recibido los premios de poesía Joaquín Benito de Lucas, Antonio Carvajal de Poesía Joven, Arte Joven de la Comunidad de Madrid, Antonio Oliver Belmás, Premio Internacional Miguel Hernández, Ciudad de Salamanca y el Accésit del Adonáis, entre otros.

Ha publicado los poemarios: Poeta en India (Melibea, 2005), Tatuaje (Hiperión, 2005), Alfama (Centro de poesía José Hierro, 2009), Postal de olvido (El Gaviero, 2010), Cortes de luz (Rialp, 2010), Senda de sauces. 99 haikus (Amargord, 2011), Café Hafa (El sastre de Apollinaire, 2015), Lluvias Continuas. Ciento un haikus (Polibea, 2014), La mirada de Ulises (Corazón de mango, Colombia 2015), Otoño en Tánger (Trabalis-Aguadulce, Puerto Rico, 2016), Épica de raíles (Devenir, 2016) y Dibujar una isla (Reino de Cordelia, 2017).

Ha traducido al castellano al poeta nepalí Yuyutsu RD Sharma, Poemas de los HimalayasClaros de António Ramos Rosa (Polibea, 2016), Una casa con palabras dentro de Maria do Rosário Pedreira (Huerga y Fierro, 2017), En la pata del caballo hay siete abismos de Clarissa Macedo (Polibea, 2017) y Nieve de Michel Thion (Huerga y Fierro, 2017).

Ha participado en Festivales de poesía e impartido ponencias y talleres de literatura y haiku en España, Marruecos, Portugal, Francia, Estados Unidos, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Puerto Rico y Colombia. Dirige la colección de poesía latinoamericana actual “Toda la noche se oyeron” de la editorial Polibea. Mantiene el blog: Poesía Nómada. En la actualidad prepara su tesis doctoral sobre la representación de la mujer en la copla y en el fado. 


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